¡La lucha en la calle es el camino!

Ya han pasado más de100 días del Gobierno de coalición PNV-PSE, y un Urkullu hinchado como un pavo ha presentado los presupuestos al parlamento vasco y las líneas estratégicas para la próxima legislatura. ¿Cuál es el común denominador de su política? La aplicación de más recortes, más medidas antiobreras y la completa renuncia al derecho de autodeterminación.

La política del PNV y el PSE: una receta para más desigualdades sociales

Mientras el pago de intereses y amortización de la deuda a la banca se lleva ya un 10% del presupuesto de la CAV, 1.000 millones de euros, mucho más que toda la partida de “empleo y políticas sociales”, se calcula que en Hego Euskal Herria hay 334.000 personas que están en riesgo de exclusión social. Con las cifras presentadas en el parlamento de Gasteiz, la RGI sólo alcanzará a 63.317 perceptores en la CAV, un 2% menos que el año anterior. Es decir, el gobierno vasco, la coalición entre la socialdemocracia y la burguesía vasca, endurece las condiciones de acceso a una renta que trata de evitar la exclusión social precisamente cuando el recibo de la luz ha alcanzado este invierno máximos históricos.

Urkullu y los dirigentes del PSE pueden hablar todos los días de “presupuestos sociales”, pero la realidad es concreta: mientras las compañías eléctricas siguen obteniendo beneficios obscenos (solo en los nueve primeros meses de 2016 Iberdrola ganó 2.041 millones de euros y Endesa 1.305 millones), la pobreza energética alcanza ya a unos 244.000 hogares en Hego Euskal Herria. Pero no sólo se trata del frío en invierno. El año pasado, según datos judiciales, fueron desahuciadas de su vivienda 1.150 familias a pesar de haberse aprobado una Ley de vivienda que, supuestamente, obliga a la administración a garantizar a todas las personas el derecho a techo. Según el presupuesto presentado, esta partida apenas cuenta con 191 millones de euros (el 1,73% del presupuesto total que son 11.059 millones de euros), y en toda la CAV se dedican tan sólo 24 millones a alquiler de pisos protegidos y 10 millones a compra de viviendas, una migaja frente a las necesidades sociales.

En la sanidad y la educación públicas, gravemente deterioradas tras años de recortes sociales, tampoco habrá mejoras. Los sindicatos presentes en el sector sanitario han vuelto a denunciar la situación alarmante de la sanidad producto de la precariedad y la saturación que se produce cuando hay el más mínimo problema sanitario como la última epidemia de gripe. Se busca el “fomento de intereses privados y se lleva a la ciudadanía hacia un modelo de mercantilización de los servicios públicos”, como ocurre con el sector de ambulancias que mantiene una larga huelga en Álava donde se han reducido los salarios hasta en un 20%. En la CAV hay un complejo puzzle de empresas subcontratadas por Osakidetza. Lo último han sido las privatizaciones de los servicios de lencería y cocina del Hospital de Urduluz, del de lavandería en Leza y la pretensión de hacer lo mismo con el servicio de rehabilitación en el Hospital de Eibar.

En el sector público vasco se han destruido 21.400 empleos públicos los últimos años y se ha generalizado la precariedad. La interinidad en la administración vasca afecta a un tercio de los empleados públicos: en Osakidetza es del 34,8%, en Educación del 38%, en limpiezas y cocina es del 60%, mientras que en la administración general autónoma es del 35% y en EITB del 25%. Y todo esto en un contexto donde se suman ya 179.943 parados en Hego Euskal Herria, y 6 de cada 10 personas en situación de desempleo no reciben ninguna prestación. Si se decidiese aplicar las sustituciones desde el primer día y se realizasen ofertas públicas de empleo de todos los puestos estructurales y de las bajas vegetativas paralizando la privatización y subcontratación de servicios, se podrían crear 35.000 empleos en el sector público.

Los que tienen trabajo fijo tampoco se libran de los recortes. La negociación colectiva está paralizada (hay 300.000 trabajadores sin convenio), mientras la reforma laboral ha disparado la precariedad laboral. La CAV es el segundo territorio del Estado con un mayor número de empleos a tiempo parcial, el 17,8%. y el único donde los salarios han reducido su capacidad de compra en 700 euros en los dos últimos años.

La cuestión nacional y la lucha por el socialismo ¿Quiénes son los aliados de la juventud y los trabajadores de Euskal Herria?

Es absolutamente deplorable que esta política reaccionaria, que apenas tiene nada que envidiar a la que practica el PP en el gobierno estatal, intente ser presentada como una acción de gobierno progresista. Y es que a pesar de estos datos y pese a contar con un Gobierno en clara minoría, el PNV espera sacar cómodamente adelante todas sus propuestas con mínimas cesiones. Con el PSE en el gobierno, todos los partidos de la oposición han mostrado sus ansias por negociar. Los primeros los populares. Las relaciones del PNV con el Partido Popular son cada vez mejores. La debilidad del gobierno de Rajoy ha abierto las puertas al PNV que se ha lanzado presto a pactar contrapartidas al apoyo a los presupuestos estatales, como las inversiones en el TAV, el cupo y las transferencias pendientes.

Que haga esto el PP es comprensible. Por encima de todo es un partido de la burguesía española, y les unen muchas cosas con los burgueses vascos, en primer término la defensa de los beneficios capitalistas. Lo que no es justificable es que la dirección de EH-Bildu también se haya expresado una y otra vez a favor llegar a un acuerdo en materia presupuestaria con el PNV. Es evidente que la actual mayoría que dirige EH-Bildu ve en el pacto con el PNV la orientación estratégica que, supuestamente, nos permitirá alcanzar más justicia social e incluso el derecho a la autodeterminación y la independencia. Pero ¿es realmente así?

Abrir la vía del pacto y la negociación abandonando la lucha en la calle solo está logrando nuevos retrocesos en derechos sociales y también en la cuestión nacional. Como ha dicho Arnaldo Otegi en la entrevista publicada en GARA el 5 de marzo, “El PNV no está en un proceso soberanista porque, entre otras cosas, sin estar en él, le va bastante bien y para qué meterse en líos”. En este contexto, Urkullu se distancia del proceso soberanista catalán y marca 2020 como escenario para lograr un “pacto bilateral” con el Estado que sea sometido a consulta mediante un referéndum. Eso es todo. Ni defensa del derecho de autodeterminación ni nada que se le parezca.

La experiencia histórica ha demostrado que el combate por los derechos democráticos y sociales es el mismo. Pero pretender darlo junto a los representantes de la burguesía vasca sólo puede conducir a la más completa frustración, cuando no a una derrota sin paliativos. En la entrevista que hemos citado, el compañero Otegi afirma: “Debemos converger en luchas globales. Haciéndolas globales va a ser difícil ganar; haciéndolas por separado es, sencillamente, imposible”. Esta idea es totalmente correcta. La unificación de todas las batallas de la clase trabajadora y la juventud contra el adversario común, la burguesía, se arrope con la bandera que quiera, es la precondición para alcanzar victorias. Dividir la lucha de los trabajadores y la juventud en Euskal Herria en líneas nacionales sólo la debilita y dificulta ofrecer una alternativa real al sistema capitalista y a la opresión nacional. Necesitamos un programa basado en el internacionalismo de clase, que una nuestras fuerzas con la de los trabajadores en el Estado español, frances y de todo el mundo y que haga suya también la bandera de la lucha contra la opresión nacional y por el derecho de autodeterminación.

La dirección de la izquierda abertzale no ha querido converger en movilizaciones muy importantes que la juventud y el movimiento obrero del resto de territorios está librando contra el PP, Ciudadanos y el PSOE. Se han negado a confluir con las huelgas contra las reválidas franquistas, la LOMCE y el 3+2 convocadas por el Sindicato de Estudiantes; se ha mantenido al margen una y otra vez de prácticamente todas las luchas que se convocan a nivel estatal como las de la marea blanca, la verde o las marchas de la dignidad. Pero siguen surgiendo nuevas luchas de trabajadores de una importancia clave. Conflictos que necesitan y merecerían su total apoyo, como la huelga de los estibadores. Más aún cuando el PP está pidiendo al PNV su colaboración para hacerla fracasar.

Esta posición de declarar la idoneidad de unificar y converger en las luchas globales, pero luego en la práctica no hacerlo, es una completa contradicción. Lo mismo que apoyarse en el PNV para conseguir los derechos democráticos nacionales de nuestro pueblo, como el derecho de autodeterminación.

Euskalherria como Catalunya no tienen sólo un motor como afirma Arnaldo Otegi: “la cuestión nacional”, sino dos motores, la cuestión nacional y la cuestión social y ambos van unidos. Pretender separarlos y enfrentarlos como si fueran contradictorios, siempre ha llevado al desastre. Renunciar a dirigir contra el PNV la lucha de la clase trabajadora y la juventud por mejorar nuestras condiciones de vida, con el pretexto de que son aliados necesarios en la cuestión nacional, es dar oxígeno a Urkullu y a los capitalistas vascos. El compañero Otegi afirma que “si conquistáramos un estado independiente, a nosotros nos daría igual que el hegemónico fuera el PNV durante los siguientes veinte años.” Sinceramente, no creemos que a la clase trabajadora y a la juventud vasca le diera igual que siga gobernando el PNV tras estar sufriendo año tras año continuos ataques y recortes del nivel de vida y de las conquistas sociales.

A los que nos batimos todos los días por los derechos democráticos de Euskal Herria no nos da igual continuar con el mismo tipo de régimen capitalista. ¡Queremos una Euskal Herria socialista, liberada de opresión y represión, donde la justicia social y la auténtica democracia de la mayoría sea realidad! En esto estamos al lado del revolucionario irlandés James Connolly cuando señaló: “Si mañana echáis al ejército inglés e izáis la bandera verde sobre el Castillo de Dublín, a menos que emprendáis la organización de una república socialista todos vuestros esfuerzos habrán sido en vano. Inglaterra todavía os dominará. Lo hará a través de sus capitalistas, de sus terratenientes, a través de todo el conjunto de instituciones comerciales e individuales que ha implantado en este país y que están regadas con las lágrimas de nuestras madres y la sangre de nuestros mártires. Inglaterra os dominará hasta llevaros a la ruina, incluso mientras vuestros labios ofrezcan un homenaje hipócrita al santuario de esa Libertad cuya causa traicionasteis. Nacionalismo sin socialismo no es más que cobardía nacional….”

En la misma entrevista Otegi afirma que en Grecia (un país teóricamente independiente en el marco de la Unión Europea y del capitalismo), Tsipras no pudo hacer otra cosa que lo que le exigía la Troika aun teniendo el respaldo mayoritario del pueblo griego porque nadie se movilizó en apoyo del pueblo griego. Eso no es verdad. Tsipras y su gobierno claudicaron ante la Troika, traicionando las aspiraciones de la clase obrera y la juventud. Es absolutamente gratuita la afirmación de que la clase trabajadora en toda Europa no les hubiese respaldado ante los ataques de la Troika, si de forma valiente hubiesen llamado a los oprimidos a Europa a resistir a la Troika, y paralelamente Tsipras hubiera adoptado medidas socialistas enérgicas nacionalizado la banca y los sectores estratégicos de la economía para garantizar la defensa de las personas frente a los intereses del capital financiero.

Hay que pasar a la acción e impulsar la movilización de masas unitaria

Las condiciones para una nueva ofensiva de la movilización de masas y la ruptura de una paz social artificial están maduras. Por supuesto, las fuerzas que pretenden contrarrestar una vuelta a la lucha en las calles también existen y actúan. La burocracia sindical de UGT y CCOO sigue enquistada en su política de pacto social, haciendo gala de una gran debilidad cuando pretenden movilizar a toque de silbato. La dirección golpista del PSOE, aferrada a los faldones del PP, continúa maniobrando en un intento desesperado por controlar la crisis interna, pero el horizonte está lleno de malos presagios para ella. En Podemos hemos asistido al intento más serio de la clase dominante por descabezar a Pablo Iglesias, y han cosechado justamente lo contrario.

Como ya ha ocurrido en numerosas ocasiones, el impulso vendrá desde la presión que las masas impongan frente a la ofensiva de la derecha y la continuidad de los recortes y la austeridad. Las grandes huelgas estudiantiles de octubre y noviembre impulsadas por el Sindicato de Estudiantes han supuesto una gran victoria. La retirada de las reválidas franquistas prueba que es posible derrotar los planes del PP a condición de levantar una estrategia de lucha consecuente, masiva y sostenida en el tiempo. Pero este ejemplo no es el único.

Las movilizaciones que abarrotan las calles de Andalucía desde el pasado mes de noviembre en defensa de la sanidad pública y contra las políticas privatizadoras de Susana Díaz, o la gran manifestación del 19 de febrero en Barcelona, con más de 500.000 personas en apoyo a los refugiados y denunciando las políticas racistas de la UE, refuerzan de lo que decimos. A estas convocatorias se suman las realizadas en Hego Euskal Herria: huelgas educativas el 9, 22 y el 23 de marzo, la gran manifestación en Gasteiz del 18 de marzo contra la reapertura de Garoña, y la manifestación del 1 de abril en Bilbo organizada por la mayoría sindical en defensa de los derechos sociales y contra los recortes.

La experiencia ha demostrado que el cambio que necesitamos los oprimidos no vendrá de la mano de alianzas con la burguesía, ni de la retórica parlamentaria. Acabar con la lacra del desempleo, de los recortes, los desahucios, la precariedad y la pobreza creciente, y conquistar el derecho de autodeterminación, exige un combate frontal contra el capitalismo y las instituciones en que se basa. Por eso la dirección de EH-Bildu, y también de Elkarrekin-Podemos, tienen una gran responsabilidad: impulsar la movilización masiva, unitaria y con un programa anticapitalista claro. Queremos unidad, sí, pero con los que luchan, con los que batallan contra las injusticias del sistema, con todos los trabajadores y jóvenes que se movilizan, sean de dónde sean.

No podremos conquistar los derechos democráticos nacionales sin defender nuestros derechos sociales. No podrá haber libertad para Euskal Herria sin socialismo.


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