La izquierda abertzale debe romper su política de alianzas con el PNV

Luchando en las calles conseguiremos el derecho a la autodeterminación y una Euskal Herria socialista

A pesar de que, durante meses, la dirección del PNV ha jurado y sacado pecho de que no aprobarían los presupuestos ni sostendrían el gobierno de Rajoy mientras no se retirase el 155, a última hora y como era de esperar, la pantomima ha acabado con una aprobación de las cuentas del PP.

El PNV ha intentado buscar de todas las formas posibles algún resquicio para poder sostener al gobierno de Rajoy sin que le supusiera un desgaste electoral. Sin embargo, los pensionistas siguen firmes en la calle, planteando que no les engañan y los 1080€ de pensión mínima como punto central de la lucha. El 155 sigue en pie en Catalunya, y además el PP prometió a UPN continuar con las políticas de dispersión de los presos vascos y no participar en la mesa propuesta por Urkullu y Barkos. Con las manos completamente vacías, el PNV ha realizado una vez más “un acto de responsabilidad” con el régimen del 78. Con el cinismo que les caracteriza, Ortuzar ha justificado esta decisión asegurando que apoyar los presupuestos era lo mejor para Euskadi y Catalunya. Dándole margen de maniobra a Rajoy, según él, han logrado acortar el 155, alejando el peligro de Ciudadanos durante un tiempo. También nos aseguraba tener la convicción, y más que la convicción de que Rajoy quiere levantar el 155.

Según esta aplastante lógica, apoyar al gobierno que ha aplicado el 155 es la mejor manera de acabar con dicha medida. Para ello se amparan en el peligro de Ciudadanos que por supuesto también votaba a favor como el PNV. El gobierno de Rajoy ha dejado más que claro que no va a levantar el 155 por las buenas. Tiene la intención de mantenerlo para siempre, hasta que el gobierno autonómico de Catalunya agache completamente la cabeza, sea respetuoso con el régimen del 78 y ni mencione el derecho a decidir. Si lo levantara, sería sólo formalmente, con la permanente amenaza de volver a aplicarlo.

El PNV ha demostrado una vez más que es un fiel defensor del régimen del 78, un partido de derechas y el representante genuino de la burguesía vasca, que comparte los mismos intereses que la burguesía española y la catalana. Espantado por la rebelión del pueblo de Catalunya desde el 1 de octubre, ha hecho todo lo posible para acabar con el proces, intentando convencer a Puigdemont de que lo dejara y situándose en el bando de los empresarios catalanes que amenazaban con irse de Catalunya. Ha intentado ser “el poli bueno” del 155. Es lo que le convenía. Para el PNV, el nacionalismo es un bonito discurso para ganar votos y ponerse una máscara más progresista, pero nunca puede pasar a la acción y menos constituir una amenaza para la estabilidad del régimen.

PP y PNV, unidos en la corrupción y los recortes

Como el año pasado, el apoyo al gobierno de Rajoy se produce en medio de un nuevo escándalo de corrupción del Partido Popular, esta vez con Zaplana como protagonista y cuando se publica la sentencia que condena al PP por la Gürtel con elevadas penas para Bárcenas y Correa.  Pero la corrupción tampoco es ajena al PNV, sino un punto en común. Algunos de los que fueron sus máximos dirigentes en Álava se sientan en estos momentos en el banquillo y se calcula que la suma de casos de corrupción en Euskadi supera con creces la estafa de más de 5.000 millones de euros  de las cuentas públicas.

Otra vez, el PNV intenta justificar el pacto con 540 millones de euros en inversiones para Euskadi. Esto, también es una manera de intentar ocultar la verdadera razón de su apoyo político: se trata de salvaguardar la estabilidad del sistema y de sus instituciones. Sin embargo, de los 540 millones de euros  de los que tanto alardea el PNV, no va a destinarse ni un céntimo a la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores y jóvenes de Euskal Herria. Todo lo contrario. Ya se ha aliado con el PSE y el PP en la CAV para rebajar los impuestos a los grandes empresarios y banqueros y plantear unos presupuestos antisociales. Con ese dinero va a continuar construyendo el TAV, la incineradora y más infraestructuras, para enriquecer a los capitalistas de la construcción con unas obras que destrozan el medio ambiente y nuestra salud y donde los obreros trabajan en las condiciones de explotación más duras. Las empresas eléctricas continuarán engordando sus beneficios y extendiendo la pobreza energética. En definitiva, el Gobierno Vasco del PNV-PSE continuará con las políticas de recortes y austeridad, enfrentándose a las luchas de los trabajadores.

Ningún pacto ni alianza con el PNV

Al mismo tiempo que el PNV rescataba al gobierno de Rajoy, aprobaba junto con los votos de EH Bildu el texto base para el preámbulo del Nuevo Estatus en la Ponencia de Autogobierno. La coincidencia, calculada por los jeltzales para minimizar el desgaste electoral, ha suscitado un profundo debate entre muchos trabajadores y jóvenes de Euskal Herria y la base de la Izquierda Abertzale. No es para menos. ¿Qué vale la palabra del PNV? ¿Qué valor tiene esta ponencia en la práctica? ¿De verdad representa un paso adelante en la lucha por la liberación nacional de Euskal Herria? ¿Cuál es el camino?

La reacción españolista está muy tranquila con este texto. De momento están celebrando que el “pragmatismo ha ganado en el PNV”. Por otro lado, Arnaldo Otegi ha señalado que es “incompatible” acordar por la mañana un texto que recoge el derecho a decidir de Euskadi, y por la tarde apoyar a quienes aplican el 155, concediéndoles “derecho a veto”.

Sin embargo, para el PNV nunca ha sido incompatible hacer discursos o gestos soberanistas, y en la práctica hacer todo lo contrario. No es la primera vez. Es lo que lleva haciendo durante toda su historia y especialmente durante los últimos años. No se trata de que tenga dos caras, ni se le puede acusar de traicionar nada. Es consecuente con los intereses de la burguesía vasca y se trata de una única estrategia: su finalidad es presentar con un rostro más progresista las políticas de derechas, usando un sentimiento sano que existe en EH contra la opresión nacional, para dividir a la izquierda y ponerla bajo su dominio, y de paso, conseguir más privilegios para la burguesía vasca.

También hay que resaltar que los argumentos que ha dado la dirección de Podemos en Euskal Herria para oponerse al preámbulo del nuevo estatus, diciendo que rebasa el actual marco jurídico, son verdaderamente lamentables. Una formación que en teoría defendía el derecho a decidir pone como límite la legalidad de la constitución del 78 y el marco establecido para los territorios históricos. Esto es la continuación del papel lamentable que han jugado respecto a Catalunya. En Hego Euskal Herria se extiende también un descontento entre la base de Podemos cada vez más amplia hacia una dirección encerrada en las instituciones y que gira hacia la socialdemocracia clásica.

Desde Ezker Iraultzailea pensamos que tanto EHBildu como Elkarrekin Podemos tienen la tarea de desenmascarar al PNV y desalojarlo del poder, a través de una oposición contundente, impulsando la movilización en la calle y uniendo los sectores en lucha. El PNV nunca jugará un papel progresista en la lucha por la liberación nacional y social. El texto del nuevo estatus aprobado no es un paso adelante en la lucha por el derecho a la autodeterminación de Euskal Herria. Son palabras. Palabras que sirven para lavar la cara al falso soberanismo del PNV y para que la izquierda abertzale se quede enredada bajo su tutela en las instituciones y negociaciones de despacho.

Los acontecimientos en Catalunya nos han mostrado una gran lección en la práctica. Sólo la lucha revolucionaria de la clase obrera y la juventud, uniéndola con un programa anticapitalista, puede conquistar la liberación nacional y acabar con el régimen del 78. La estrategia de las etapas de la Izquierda Abertzale, primero alianza con el PNV, nuevo estatus autonómico, luego la independencia… y después vendrá la lucha por el socialismo, está abocada al fracaso. Cada vez que la Izquierda Abertzale tiende la mano al PNV y rebaja su programa para que sea aceptable para ella; cada vez que abandona la movilización en las calles para no importunar, o intenta atraer al PNV a ellas, éste se siente con más confianza para pactar con el PP.

Separar la lucha por la autodeterminación con la lucha por el socialismo es un completo error. De hecho, la crisis sistémica del capitalismo demuestra que es imposible. Para la clase obrera y la juventud en Euskal Herria la cuestión es muy concreta. Ven cómo el PNV aplica las mismas políticas que el PP o que ha aplicado la dirección del PSOE. Está saliendo a luchar con más fuerza que nunca en manifestaciones masivas y numerosos sectores en huelga. Trasmitir la idea, desde las direcciones de los partidos de izquierda y sindicatos, de que para algunas cosas se puede hablar, negociar y llegar a acuerdos con la derecha  es lanzar un jarro de agua fría a la movilización social y dejar huérfana a la clase. Sólo conseguiremos acabar con la opresión nacional uniendo esta lucha a la lucha por el socialismo, uniendo la lucha de los trabajadores tanto vascos, como catalanes y de resto del estado bajo programa verdaderamente revolucionario y consecuente.


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