El pasado 29 de Junio, tras 14 horas de cumbre, los líderes de los Estados miembros de la Unión Europea pactaban un nuevo acuerdo en materia migratoria que da luz verde a la creación de auténticos campos de  concentración para migrantes en suelo europeo. Este pacto de la vergüenza clasifica a los migrantes entre “refugiados genuinos" e “inmigrantes irregulares": los primeros serán reubicados por los Estados que se ofrezcan voluntarios a recogerlos y los segundos serán expulsados fulminantemente del territorio europeo.

Este pacto no sólo ha sido celebrado con entusiasmo por los gobiernos más reaccionarios del continente, sino que Pedro Sánchez se ha mostrado también satisfecho. A las claras contradicciones del gobierno del PSOE en la cuestión migratoria se han sumado las vergonzosas declaraciones del Ejecutivo y su ministro de Interior tratando de disfrazar y ocultar lo que han sido verdaderas “devoluciones en caliente" y la violencia indiscriminada hacia los migrantes en las vallas de Ceuta y Melilla.

Racismo y violencia sin cuartel

A finales de Julio 700 personas de diferentes nacionalidades subsaharianas lograban pisar el suelo del Estado español tras un haber vivido un infierno en el mar. Más de un centenar de ellos necesitó asistencia médica y hospitalización mostrando cortes profundos, fracturas y luxaciones provocados por las concertinas fronterizas, tal y como informó la Cruz Roja. A esta barbarie se ha sumado la devolución fulminante de 27 migrantes de forma totalmente irregular.

Las conocidas “devoluciones en caliente”, regularizadas en la Ley Mordaza bajo el gobierno del Partido Popular, esconden un eufemismo insultante: se trata ni mas ni menos que de la expulsión inmediata de aquellos migrantes interceptados en las vallas de Ceuta y Melilla, sin previa identificación, sin conocer su edad,  su país de origen -ni los riesgos de salud y peligros que corren al ser devueltos a éste- y sin posibilidades de pedir asilo ni derecho a un abogado.

Un vídeo difundido por el periódico El Faro de Ceuta muestra la violencia que se esconde bajo estas expulsiones: un joven subsahariano es entregado por la Guardia Civil a los agentes marroquíes tras ser arrastrado brutalmente por el suelo hacia el otro lado de la alambrada mientras llora y se resiste a tal represión, escena denunciada ya por diferentes ONG, insistiendo además en que el joven no podría haber sido expulsado porque ya había pisado suelo español y las autoridades debían cumplir con el proceso de deportación.

¿Qué tiene que decir el gobierno ante tales imágenes? La respuesta es clara. A pesar de las promesas de Pedro Sánchez por acabar con estas prácticas racistas y terribles (además de irregulares  según incluso la legislación internacional y prohibidas por la Convención de Ginebra), el ministro Grande-Marlaska ha afirmado “cumplir el protocolo" aplaudiendo la labor represiva  de la Guardia Civil  y asegurando que no habrá ningún cambio legislativo fuera de los acuerdos europeos sobre inmigración. De hecho, la defensa del Ministerio de Interior afirmando que “la Guardia Civil está cumpliendo con la ley vigente" ha sido aplaudida y replicada tanto por Albert Rivera (“Nuestra policía y Guardia Civil hacen un magnífico y difícil trabajo aplicando la ley en la frontera española. Hay que darles apoyo y los recursos necesarios para desempeñar bien su labor.”) como por el nuevo presidente del PP Pablo Casado (“Estamos con la Policía Nacional y la Guardia Civil […] No vamos a permitir que nuestros agentes sean atacados y humillados"), ambos en la cabeza de una campaña xenófoba y clasista para intentar introducir el veneno del racismo y dividir a los trabajadores y clases humildes. 

Confirmando que la decisión de permitir que el barco Aquarius atracara en Valencia ha sido una medida excepcional, el gobierno de Sánchez ha vuelto a demostrar una hipócrita política de gestos que no pretende ni acabar con los CIES, con la expulsión de millones de inmigrantes y refugiados, ni con la matanza encarnizada de miles de ellos en el mar.

Su moral y la nuestra

El mismo día que se hacía público el acuerdo migratorio, el naufragio de una embarcación de migrantes en las costas de Libia se cobró la vida de aproximadamente 100 personas, que se suman a las más de 14.000 que han muerto en el Mediterráneo desde 2014. El 6 de febrero, 15 personas murieron en la playa del Tarajal en Ceuta después de intentar llegar al Estado español nadando.

Millones de trabajadores y jóvenes en el Estado español hemos seguido con rabia e indignación las declaraciones del nuevo Ejecutivo y con auténtico horror la terrible matanza de miles de nuestros de nuestros hermanos y hermanas en la frontera.  Es necesario señalar quienes son los auténticos responsables de esta barbarie: los gobiernos capitalistas de Europa que promueven guerras imperialistas de rapiña en los países de África y Asia, que hacen enormes negocios con la venta de armas a dictaduras como,  por ejemplo, ha venido haciendo en los últimos años el Estado español con  Arabia Saudí y  con las que luego se masacra a la población yemení. No podemos hacer otra cosa que denunciar esta realidad absolutamente criminal e inhumana y a todos los gobiernos que colaboran con ella  y por nuestra parte levantar la solidaridad real con todas aquellas personas que tienen que huir de la barbarie que este sistema genera.

La actuación del gobierno de Pedro Sánchez está demostrando por la vía de los hechos que las declaraciones y promesas con las que trataban de darse un barniz progresista, solidario y de izquierdas quedan muy alejadas de la realidad. Incluso  la frivolidad de algunas de sus declaraciones son realmente increíbles: hace unos días, ante las últimas llegadas de migrantes a las costas españolas y a la valla de Ceuta,  escuchábamos a Borrell  – Ministro de Exteriores – tratar de contrarrestar la  mala imagen del gobierno a raíz de las devoluciones en caliente planteando la idea de un  “Erasmus euroafricano" que forme a los migrantes durante tres años. ¡Es un auténtico escándalo y una burla al sufrimiento  y la inteligencia de todas estas personas!

La hipocresía de aquellos que dicen defender los derechos los humanos y las oportunidades para todos mientras empujan a migrantes y refugiados de vuelta al país del que huían y les preparan para un auténtico infierno en la tierra, reivindican hoy más que nunca la importancia de organizarnos y luchar para acabar con este sistema criminal que nos condena a la mayoría.


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