la ofensiva del PP organizando una respuesta contundente

La derecha, desde que se instaló en el gobierno tanto de la Comunidad, como del Ayuntamiento de Madrid, declaró la guerra a los trabajadores y jóvenes madrileños. El PP, como fiel representante de los empresarios, orientó desde el principio su política para que los recursos públicos sirvieran para engordar los beneficios de los capitalistas. La sanidad y educación públicas están desde el primer día en el centro del punto de mira de esta política; pero no son los únicos objetivos: Telemadrid, a la que pretenden privatizar, los centros deportivos cuya gestión también se está trasladando a manos privadas y un largo etcétera, están en la lista.

la ofensiva del PP organizando una respuesta contundente

La derecha, desde que se instaló en el gobierno tanto de la Comunidad, como del Ayuntamiento de Madrid, declaró la guerra a los trabajadores y jóvenes madrileños. El PP, como fiel representante de los empresarios, orientó desde el principio su política para que los recursos públicos sirvieran para engordar los beneficios de los capitalistas. La sanidad y educación públicas están desde el primer día en el centro del punto de mira de esta política; pero no son los únicos objetivos: Telemadrid, a la que pretenden privatizar, los centros deportivos cuya gestión también se está trasladando a manos privadas y un largo etcétera, están en la lista.

Dentro del marco de esta guerra, en estos meses la derecha ha lanzado una ofensiva, encabezada por Esperanza Aguirre (secundada con discreción mediática pero con igual determinación, en los frentes centrales, por Gallardón) que, según todos los indicios, tiene como fin, no sólo dar un salto de gigante en la privatización de los servicios e infraestructuras públicos, sino infligir a través de la consecución de este primer objetivo, una derrota decisiva a los sindicatos de clase y a los trabajadores en general.
Todas las áreas son su objetivo: educación, sanidad, infraestructuras, necesidades básicas todas ellas que reportarán a los empresarios suculentos beneficios y que supondrá (ya lo está suponiendo), para la mayoría de la población un empeoramiento y un encarecimiento de estos servicios elementales. Sin ir más lejos, a la vuelta de vacaciones, Esperanza Aguirre abrió otro frente de batalla anunciando la privatización del Canal de Isabel II.
Además el gobierno de Aguirre está "estudiando" congelar el gasto público para 2009 y el ayuntamiento, presidido por Alberto Ruiz Gallardón, ya ha anunciado la suspensión de la construcción o remodelación de decenas de instalaciones públicas (escuelas infantiles, centros de mayores, polideportivos, etc), la mayoría en áreas del sur o nuevos barrios. La razón esgrimida es que estas medidas son consecuencia de la crisis. Una vez más, que la crisis la paguen los trabajadores y sus familias; también en este frente, la derecha en Madrid quiere ser vanguardia.

Espe, la ‘Thatcher española'

Los empresarios, en un contexto de brusco y rápido deterioro de la situación económica, están clamando por la adopción de lo que ellos llaman "medidas valientes", para combatir la crisis. Éstas se concretan básicamente en la profundización de las privatizaciones, a la vez que reclaman más ayudas públicas para las empresas, abaratamiento del despido, congelación salarial, congelación o reducción del gasto social, etc. Su planteamiento es claro, si estas medidas pueden ser aplicadas con el acuerdo de los sindicatos, mejor que mejor, pero si no es posible, deben aplicarse, con o sin su aprobación.
Con este mar de fondo, el PP madrileño, con Esperanza Aguirre a la cabeza, esta reaccionaria incorregible, quiere convertirse en el referente político para todos los capitalistas de este país, demostrando que su estrategia de confrontación directa con los sindicatos, de no dar tregua, huyendo de las medias tintas, es la que mejores resultados les puede reportar, alcanzando el doble objetivo de, por un lado, mantener el nivel de beneficios echando todo el peso de la crisis sobre las espaldas de los obreros y, por otro, conseguir derrotar decisivamente a los trabajadores.
En este sentido, la política de  Aguirre de guerra abierta contra el movimiento obrero, también forma parte de la batalla interna existente dentro del PP entre los distintos sectores que lo conforman. En este aspecto su posición frente a Rajoy es clara: la estrategia de confrontación con la izquierda aplicada por el PP en la legislatura anterior es la correcta y lo que hay que hacer es profundizarla, aunque no necesariamente sobre los mismos ejes políticos elegidos anteriormente.

La clase obrera es fuerte

En los últimos meses hemos asistido en la Comunidad de Madrid a una importante oleada de luchas protagonizada por trabajadores de distintos sectores: limpieza de Metro, EMT, Telemadrid, etc.; siendo especialmente intensa en las últimas semanas del pasado curso político, con las impresionantes movilizaciones llevadas a cabo por los trabajadores de la enseñanza pública y los estudiantes.
Pocas dudas puede haber sobre la disposición a la lucha de los trabajadores y jóvenes madrileños. Su voluntad de hacer frente a la política de la derecha ha quedado ampliamente demostrada en la arena de la práctica. El único factor que impide infligir una derrota en toda regla al gobierno del PP en Madrid es la política de los dirigentes sindicales de CCOO y UGT y de las principales organizaciones políticas de la izquierda, PSOE e IU.
La realización de ruedas de prensa en las que CCOO, UGT, PSOE e IU, denuncian indignados la política privatizadora del PP y la convocatoria de concentraciones de protesta, dispersas y de carácter fundamentalmente testimonial, sólo provocan rabia entre los trabajadores, conscientes de que de esa forma es imposible derrotar a la derecha e hilaridad en el PP, que se siente reafirmado en la corrección de su estrategia de ofensiva contundente. Las organizaciones, tanto políticas como sindicales, deben abandonar esta nefasta línea, unificando todas las luchas en una huelga general en Madrid. Sólo así se podrán desbaratar los planes de Esperanza Aguirre, Gallardón y compañía, marcando, además, el camino a seguir en todo el estado para enfrentar los ataques que los capitalistas están preparando contra la clase obrera en su conjunto.

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