La ofensiva del Partido Popular contra la movilización social y la libertad de expresión va en aumento. Hemos presenciado escenas de represión policial salvaje en Catalunya, Murcia o, recientemente en el madrileño barrio de Lavapiés. El mundo entero se ha escandalizado con la entrada en prisión de raperos y twitteros, políticos y líderes sociales como los Jordis por sus ideas independentistas.

Tan es así que diferentes organizaciones, instituciones e incluso medios de comunicación burgueses le han sacado los colores al Gobierno en cuestión de libertad de expresión y respeto a los derechos humanos. El periódico neoliberal The Economist ha tildado al Estado español de “democracia defectuosa”; de la misma manera, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo ha condenado recientemente al país por trato inhumano a presos vascos o por imponer penas de cárcel por quemar fotos de Juan Carlos de Borbón, entre otras.

En la dinámica franquista del Partido Popular, la agresión contra las instituciones y la lengua catalanas está siendo la punta de lanza. Aprovechando el artículo 155 pretenden acabar con el modelo de inmersión lingüística atacando directamente a la educación pública y la igualdad de oportunidades de todos y todas, haciendo suyas las declaraciones del exministro Wert sobre la necesidad de  “españolizar a los estudiantes catalanes”, que recuerdan bien a la larga noche de la dictadura.

Defender la patria, las Fuerzas Armadas, el honor y la gloria del Rey

Pero no queda ahí la cosa. En diciembre de 2015, los ministerios de Defensa y Educación sellaron un acuerdo para fomentar la cultura de defensa y los valores de las Fuerzas Armadas españolas en las aulas. No por casualidad ahora pretenden acelerar su puesta en marcha, y ha salido a la luz el borrador de más de 200 páginas sobre el contenido de las asignaturas de Valores Sociales y Cívicos y Valores Éticos, impartidas en la enseñanza primaria y secundaria, respectivamente. En palabras del propio gobierno, se busca “reforzar la imagen de las fuerzas armadas y de la monarquía” entre niños y niñas de 6 a 12 años, en base a meter con calzador en sus cabezas los símbolos nacionales (himno, bandera y escudo) y la cultura castrense.

Este acuerdo, que se enmascara con frases “inocentes” sobre la necesidad de la seguridad ciudadana y convivencia, es una muestra de hasta qué punto el PP necesita el adoctrinamiento en las aulas y moldear nuestras conciencias.

Uno de los argumentos estrella del Partido Popular para defender este proyecto es la importancia de que se conozca y difunda la labor humanitaria del ejército en zonas de guerra y crisis humanitarias. ¿A qué se refieren? ¿A la invasión de Iraq que con tanto ahínco defendieron, a pesar de la oposición masiva de la población, y en la cual murieron más de 150.000 civiles? Llama la atención que esta “solidaridad” mentirosa de la que hace gala el Gobierno se desvanezca rápidamente cuando se toma el tema de la inmigración. Encontramos en el temario que tienen preparado afirmaciones xenófobas como que “la inmigración irregular es una amenaza que pone en peligro nuestros valores”. Los y las mismas que derramaban lágrimas de cocodrilo durante la reciente crisis de refugiados, justifican el asesinato impune de 15 personas en Tarajal o la persecución mortal que sufren los manteros en ciudades como Madrid.

Y antes del recreo todos a entonar “La Banderita”

El currículo, sin embargo, no se queda atrás en materia bélica. Algunas de las actividades que el Ministerio de Educación pretende implantar son casi de película: poner la cara de los estudiantes sobre uniformes de soldado, dibujar escudos militares, cantar marchas de guerra o la proyección de vídeos oficiales de campañas de alistamiento. Es realmente escandaloso cómo el PP intenta sembrar la semilla militarista entre la juventud sin cortarse ni un pelo.

Así como nuestros padres y abuelos tenían que cantar el Cara al Sol antes de entrar a clase, Méndez de Vigo, hijo de un ayudante del Generalísimo, sueña con que se entone el pasodoble La Banderita en cada colegio. Sólo un ejemplo del delirante documento en el que se detalla el temario y las actividades a realizarse: los alumnos tendrán que “formar una bandera de España” levantándose cada uno a colocar un tapón rojo o amarillo en el centro del círculo que hayan formado. Todo ello mientras cantan estrofas tan edificantes como “El día que yo me muera si estoy lejos de mi patria, sólo quiero que me cubran con la bandera de España” marcando el “compás con paso de marcha”. Sería cómico, si no fuera cierto.

No nos sorprende tampoco que se incluya un lavado de cara a la monarquía y la defensa de la figura del rey, el cual ha jugado un papel clave en la legitimación de la represión en Catalunya y la disolución de sus estructuras democráticas.

El Constitucional avala que se separe a niños y niñas y que se pague con dinero público

Y por si fuera poco, el Tribunal Constitucional también ha salido a defender los valores católicos, apostólicos y romanos de la Iglesia. La Ley Wert daba carta blanca a que los colegios pudieran segregar en función del sexo basándose en el supuesto respeto a la “libertad de enseñanza” al más puro estilo franquista. Esta medida tan reaccionaria fue cuestionada por diferentes colectivos e incluso comunidades autónomas como la Junta de Andalucía, que denegó las subvenciones públicas a los centros concertados regentados por el Opus Dei que separaban a niños y niñas. Pues bien, el Tribunal Constitucional ha salido al paso, como siempre que este gobierno franquista le necesita, para decir que eso no es atentar contra ningún derecho, que no es inconstitucional seleccionar a los alumnos en función de su sexo, ni tampoco en función de su “itinerario académico”. Un escándalo mayúsculo. Esta es la justicia del PP, siempre al servicio de la jerarquía de la Iglesia y de la patronal de la educación privada.

La LOMCE es una ley franquista y reaccionaria, pretende inocular los valores más casposos y retrógrados de la derecha y la Iglesia católica. Se ataca al gallego, euskera y catalán. Se reducen las horas de asignaturas básicas para la enseñanza crítica de la juventud mientras se incluye la religión en las aulas como materia evaluable, contando en la media de cara a obtener una beca… Nos quieren sumisos, explotados y obedientes. Y desde luego, henchidos de orgullo patrio.

Pero nosotros sabemos que para poder aprender en la escuela pública catalán, euskera o gallego, para que ningún obispo decida hasta dónde llega nuestra formación en valores, para que nuestras compañeras tengan las mismas oportunidades y enseñanza que sus compañeros, para que podamos desarrollar una mentalidad científica, crítica y democrática… hubo millones de personas en las calles, organizadas a través de los sindicatos y partidos de la izquierda, que fueron quienes conquistaron los derechos democráticos y la libertad de expresión en el Estado español.

Por tanto, no le vamos a permitir al PP que convierta colegios e institutos en sus centros de adoctrinamiento ideológico como si de los años 40 se tratara. Y le advertimos a Cospedal, Méndez de Vigo y Rajoy que al más mínimo intento de aplicar esta aberración reaccionaria en las aulas, responderemos con todas nuestras fuerzas en las calles. Que se les quite de la cabeza contaminar el pensamiento de la juventud con sus sucios valores, porque nuestra conciencia no se toca.


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