El 2003 empieza con un montón de frentes abiertos para el Gobierno de Aznar que difícilmente podrá cerrar sin enfrentarse a los trabajadores y jóvenes. En el terreno educativo, demostrando su desprecio y autoritarismo, el PP ha impuesto (como ya hizoEl 2003 empieza con un montón de frentes abiertos para el Gobierno de Aznar que difícilmente podrá cerrar sin enfrentarse a los trabajadores y jóvenes. En el terreno educativo, demostrando su desprecio y autoritarismo, el PP ha impuesto (como ya hizo con la LOU) la Ley de “Calidad” —algunas de cuyas medidas entraron en vigor el pasado 13 de enero— rechazada masivamente por estudiantes, padres y profesores como se puso de manifiesto en la huelga general de profesores y estudiantes el 29 de octubre. La no continuidad en la lucha por parte de los dirigentes sindicales del profesorado, convocando y preparando una huelga general de toda la enseñanza (incluyendo a la universidad) nos dejó a los estudiantes solos y permitió a la derecha tirar para delante con sus planes. En cualquier caso, con Ley de “Calidad” o sin ella, el Sindicato de Estudiantes va a continuar la lucha por una educación pública de calidad y contra los ataques de la derecha.

Nuestra lucha no ha sido en vano. Los jóvenes hemos sido los primeros en salir de forma masiva a la calle a defender nuestros derechos y denunciar a un gobierno que defiende exclusivamente los intereses de los más poderosos. La movilización ha sido fundamental para desenmascarar ante la mayoría de la sociedad lo que significa un gobierno de derechas: privatizaciones, precariedad en el empleo, represión (como vimos con la prohibición de la manifestación educativa del 23 de noviembre en Madrid), y manipulación informativa (que ha alcanzado límites insospechados en el tratamiento del caso Prestige).

El malestar social contra el gobierno sigue creciendo y también la disposición a la lucha de jóvenes y trabajadores. El 2003 se inicia con el anuncio de una huelga general en el campo andaluz y extremeño contra la reforma del PER para el 20 de febrero, con la continuación de las movilizaciones masivas ante el desastre del Prestige y la incompetencia del Gobierno del PP y con una, más que previsible, guerra imperialista contra el pueblo iraquí, que Aznar ya ha anunciado que apoyará. Desde luego, éste será un nuevo motivo de enfrentamiento con la juventud.

Ni un soldado, ni una bala, ni un euro para la guerra imperialista

A pesar de que los inspectores de la ONU siguen sin encontrar ninguna prueba de la existencia de armas de destrucción masiva en Iraq, los preparativos militares se aceleran según pasan las semanas. En nombre de la libertad y de la democracia, los imperialistas preparan una masacre contra el pueblo iraquí. La excusa, esta vez, es la posesión de armas de destrucción masiva por parte de Sadam Husein. El objetivo real: su derrocamiento y el establecimiento de un gobierno títere del imperialismo americano en la zona. Un fiel aliado que le permita controlar el petróleo iraquí (las segundas reservas del mundo) sin quebraderos de cabeza. Estamos ante una nueva guerra imperialista, una clásica guerra de rapiña por el control de nuevos mercados y por el control de las materias primas, en este caso el petróleo.

El Sindicato de Estudiantes se opone a esta guerra imperialista, tanto si es lanzada en solitario por EEUU como si es amparada por la ONU. Un organismo en manos del imperialismo que ha permitido y justificado los bombardeos a pueblos enteros como el yugoslavo, el afgano o el iraquí en 1991, y que mantiene un embargo criminal contra Iraq cuyas consecuencias no sufre Sadam, ni la camarilla que le rodea, sino que paga con muertos y miseria el pueblo iraquí (alrededor de un millón de niños muertos). Mientras, esa misma ONU hace oídos sordos y mira para otro lado ante los incumplimientos de las resoluciones de la ONU por parte de Israel (primera potencia militar en la zona, armada y financiada por EEUU) y ante el terrorismo de Estado que practica Ariel Sharon masacrando al pueblo palestino.

Por supuesto, el régimen de Sadam Husein es una dictadura brutal (conviene recordar que Sadam fue apoyado y financiado por los EEUU durante la guerra contra Irán) que oprime y mantiene en la miseria a millones de trabajadores iraquíes, y a la que los trabajadores y los jóvenes en occidente nos tenemos que oponer. Sin embargo, no nos da igual quién derroque a Sadam, con qué intereses lo haga o qué régimen haya después. Al imperialismo americano sólo le importa sustituir una dictadura que no controla, por otro régimen reaccionario para la mayoría de la población, pero que sea fiel a los dictados de la Casa Blanca. La reciente guerra en Afganistán es un ejemplo muy claro de esto. ¿Dónde está la tan cacareada democracia en Afganistán? ¿Qué diferencia hay entre los talibanes y los actuales dirigentes afganos? Ninguna, con el agravante de que la guerra ha traído más muertos, odio, miseria y destrucción en la zona.

La movilización es el único camino para frenar la guerra

Los trabajadores y jóvenes tenemos mucho que decir ante esta nueva guerra. Desde el Sindicato de Estudiantes vamos a denunciar la implicación servil del Gobierno de Aznar en esta guerra y el enorme cinismo del PP, que se llena la boca hablando de democracia y de la defensa de las libertades cuando aquí con la excusa de la lucha antiterrorista, igual que Bush en EEUU, está recortando los derechos democráticos (Ley de Partidos, prohibición de manifestaciones, represión policial, etc.). Además tenemos que exigir que no se utilicen las bases militarse españolas, que no se movilice a los soldados españoles para intervenir en esta guerra y que no se utilice un solo euro para pagar la factura de esta nueva aventura imperialista. Como siempre seremos las familias trabajadoras las que paguemos la guerra y sus consecuencias. No podemos permitir que mientras escasean los recursos económicos para hacer frente a la marea negra en Galicia y la costa cantábrica, mientras se recortan los gastos sociales, se quita dinero para la enseñanza pública, se recortan las prestaciones por desempleo, etc. se utilice ese dinero para una guerra en la que sólo se dilucidan los intereses de las grandes multinacionales del petróleo.

Un movimiento masivo contra esta guerra en Occidente es la única manera de poder pararla. Desde el Sindicato de Estudiantes hemos iniciado una campaña en institutos y facultades contra la guerra imperialista, formando comités de estudiantes contra la guerra y preparando la convocatoria de movilizaciones contra la guerra.


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