El pasado 26 de noviembre los rectores de las principales universidades escribieron al Ministerio de Ciencia e Innovación una carta filtrada a El País en la que exigían al gobierno una ofensiva en defensa del Proceso de Bolonia. En esta carta, los rectores señalaban que "El sentimiento anti-Bolonia se ha ido extendiendo por los centros de secundaria, sembrando la inquietud y preocupación no sólo entre los estudiantes que en los próximos años han de llenar las aulas, sino también entre el profesorado y las familias". Inmediatamente, el ministerio respondió a la llamada convocando a los rectores a una reunión urgente la primera semana de diciembre, con el fin de coordinar una ofensiva pública para tratar de convencer a la clase obrera de las bondades de Bolonia.


La petición de auxilio de los rectores se produce después de las dos exitosas convocatorias de huelga y manifestaciones organizadas por el Sindicato de Estudiantes en todo el Estado el  22 de octubre y 13 de noviembre en institutos y universidad.
El 22 de octubre salieron a la calle 50.000 estudiantes en 46 localidades del Estado. El 13 de noviembre fueron ya más de 150.000 los que tomaron las calles, en más de 60 lugares. Además, en Catalunya, a la convocatoria también se sumaron los sindicatos de profesores USTEC, ASPEC y CGT para continuar la lucha contra la LEC, la Ley de Educación de Catalunya, que supone un paso de gigante en la privatización de la educación pública. Así en Barcelona 80.000 estudiantes y profesores participaron en la manifestación. 30.000 fueron en Madrid y varios miles en ciudades como Sevilla o Valencia (5.000 en cada una); 4.000 en Salamanca y Murcia, 2.500 asistentes en Tarragona; 2.000 en Granada y en Zaragoza; 1.500 en Baleares y Málaga (a pesar de que la delegación del gobierno del PSOE ha tratado de ilegalizar la manifestación), miles en Galicia, Extremadura, Canarias... y así en todo el Estado. Un verdadero éxito, a pesar del consciente silencio de los medios de comunicación.
En los últimos años se habían producido movilizaciones contra el Proceso de Bolonia. Sin embargo, ha sido este curso cuando el movimiento ha adquirido una mayor extensión. El SE siempre ha explicado que la clave para frenar Bolonia no era limitarse al ámbito universitario, sino unificar la lucha con los estudiantes de secundaria y explicar al movimiento obrero qué significa realmente: privatización y elitización de la enseñanza superior. Las declaraciones de los rectores confirman lo acertado de nuestro análisis. Mientras Bolonia no dejó de ser un plato cocinado en las aulas universitarias, podía ser manejado por sus defensores. En el momento en que ha salido de las cuatro paredes universitarias es cuando se ha convertido en un problema para el gobierno.
Pero también creemos que hay que vincular la lucha contra Bolonia a la lucha en defensa del conjunto de la educación pública y contra los ataques que la crisis capitalista está provocando al conjunto de la clase obrera. Así piensan también la mayoría de los estudiantes, por eso, las consignas más coreadas demostraban que la lucha de los estudiantes es la misma que la de los trabajadores: "¡Que la crisis la paguen los banqueros!", "¡El problema es el capitalismo!", "¡Beneficios millonarios y mi madre se va al paro!", "¡Si no hay solución habrá revolución!", "¡Sí hay dinero, lo tienen los banqueros!", "¡Queremos becas, no hipotecas!". No es casualidad que sea ahora cuando los rectores exigen medidas al gobierno, preocupados del cariz que está alcanzando el movimiento. Así, los propios rectores afirman que se trata de un "movimiento que tiene dimensión estatal".
Los rectores dicen en su carta que la lucha contra Bolonia "no es un fenómeno pasajero" y añaden que "No confiamos en que vaya a desvanecerse, sino que esperamos un recrudecimiento". Desde el Sindicato de Estudiantes suscribimos estas palabras.El pasado 26 de noviembre los rectores de las principales universidades escribieron al Ministerio de Ciencia e Innovación una carta filtrada a El País en la que exigían al gobierno una ofensiva en defensa del Proceso de Bolonia. En esta carta, los rectores señalaban que "El sentimiento anti-Bolonia se ha ido extendiendo por los centros de secundaria, sembrando la inquietud y preocupación no sólo entre los estudiantes que en los próximos años han de llenar las aulas, sino también entre el profesorado y las familias". Inmediatamente, el ministerio respondió a la llamada convocando a los rectores a una reunión urgente la primera semana de diciembre, con el fin de coordinar una ofensiva pública para tratar de convencer a la clase obrera de las bondades de Bolonia.

 

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