La plantilla de Figueruelas aprueba en referéndum un convenio regresivo

Al mediodía del 31 de enero finalizó el recuento del referéndum en el que la plantilla de la factoría de Opel en Figueruelas votó la aceptación o rechazo del lamentable preacuerdo firmado por los dirigentes de CCOO y UGT con la dirección del grupo PSA.

Como explicamos en una declaración publicada el 30 de enero (ver  CCOO y UGT ceden al chantaje empresarial en la Opel de Figueruelas) el preacuerdo supone la aceptación de fuertes recortes en las retribuciones, doble escala salarial para las nuevas contrataciones, aumento de la capacidad de la empresa para manejar a su antojo los turnos de trabajo y reducción de las pausas de descanso.

Este preacuerdo se sometió a ratificación por la plantilla bajo un terrible chantaje empresarial: si el preacuerdo no era aceptado por los trabajadores el grupo PSA retiraría de la factoría de Figueruelas la producción del Opel Corsa, que supone más de la mitad de la carga de trabajo de la factoría, amenazando directamente los casi 3.000 puestos de trabajo de fijos y a más de 10.000 trabajadores de la industria auxiliar.

El Grupo PSA no estuvo solo en su chantaje. Le acompañaron los ministros del gobierno central, los consejeros del gobierno autonómico, los grandes medios de comunicación y numerosos cargos públicos aragoneses, todos ellos repitiendo y amplificando las amenazas de PSA y apelando a los trabajadores para que aceptasen sumisamente la enésima tanda de sacrificios para salvar sus puestos de trabajo y la economía aragonesa.

Finalmente, ante la ausencia de otra alternativa, el SI al preacuerdo se impuso, aunque por una exigua mayoría. Sólo el 52,67% (2.897 votos) de los algo más de 5.500 trabajadores de la factoría aceptaron esta nueva tanda de recortes, mientras que 2.008 trabajadores votaron NO.

La responsabilidad directa de este claro paso atrás recae sobre los dirigentes sindicales de CCOO y UGT, que se negaron en redondo a preparar una movilización digna de ese nombre en defensa de los puestos de trabajo. En lugar de llamar a los trabajadores de la plantilla de Opel y a los trabajadores de la industria auxiliar, a sus familias y al conjunto de la clase trabajadora aragonesa a dar la respuesta que un chantaje tan abyecto se merece, bajaron la cabeza y, después de convocar una concentración de puro trámite, firmaron mansamente todo lo que la empresa les puso por delante.

Si a pesar de todas las presiones y de lo crítico de la situación, 2.000 trabajadores se han negado a doblegarse, ¿qué hubiera sucedido si los sindicatos hubiesen hecho un llamamiento serio a defender unas condiciones de trabajo dignas, si hubiesen reclamado el apoyo de los trabajadores del resto de las factorías de PSA en el Estado español para luchar todos juntos por unas condiciones de trabajo mejores? ¿Qué hubiera sucedido si CCOO y UGT se hubiesen dirigido a los trabajadores de las factorías europeas de PSA para plantearles la necesidad de romper con la dinámica de competencia a la baja entre factorías, con esa espiral de aceptación de condiciones cada vez peores por miedo a perder el puesto de trabajo, y en su lugar presentar un frente unido de todas las factorías contra los chantajes de PSA?

A lo largo de décadas la clase trabajadora de todo el mundo construyó los sindicatos para disponer de una herramienta con la que poder enfrentar con posibilidades de éxito los ataques empresariales. Agrupando las fuerzas de trabajadores de múltiples empresas, de todos los sectores productivos y de todas las zonas de un país, el movimiento obrero organizado creó las condiciones para poder echar atrás planes tan perniciosos como los de PSA. La obligación de CCOO y UGT habría sido la de utilizar sus enormes recursos organizativos para movilizar a todo el sector del automóvil y, muy especialmente, a las industrias auxiliares, empezando por las que trabajan para PSA, para denunciar la ola de precarización que nos afecta a decenas de millones de trabajadores de los países de la Unión Europea y para poner sobre la mesa un contundente plan de lucha.

En lugar de cumplir con su obligación, los actuales dirigentes sindicales han preferido persistir en sus nefastas políticas de paz social y de aceptación del “mal menor”, a pesar de que los últimos diez años han demostrado hasta la saciedad que su resultado es el empobrecimiento y la precarización de la clase trabajadora y el incremento obsceno de los beneficios empresariales. Una parte importante de la plantilla de la Opel de Figueruelas ha dicho ¡basta!

Desde GanemosCCOO apoyaremos a estos compañeros y compañeras para que el sindicalismo de clase y combativo conquiste una posición mayoritaria en Figueruelas y ponga a disposición de los trabajadores y trabajadoras de PSA la herramienta de lucha que necesitan para defender sus derechos.


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