Huelga_Limpieza_MadridUn ejemplo para la clase obrera y una llamada para un giro radical en la política de los sindicatos

Después de 13 días de huelga indefinida, luchando contra la campaña de criminalización desatada desde el ayuntamiento de Madrid y amplificada por todos los medios de comunicación de la derecha, enfrentándose a cuatro poderosos monopolios económicos que se benefician desde hace décadas de la privatización de los servicios públicos para llenarse los bolsillos, frente a viento y marea…los trabajadores de limpieza viaria y jardinería de Madrid han obtenido una gran victoria. Lo que parecía imposible se ha conseguido: ningún despido, de los 1.134 que la patronal puso encima de la mesa, y ninguna reducción salarial en las tablas, frente a la propuesta de los empresarios de una rebaja del 40%. Una lucha ejemplar de nuestra clase, que ha puesto de manifiesto toda la dignidad, fuerza y solidaridad que los trabajadores, en este caso los más oprimidos de entre los oprimidos, pueden generar cuando se plantea una batalla decidida y dispuesta a llegar hasta el final.

La unidad de la plantilla ha sido decisiva para obtener este resultado, pero esa unidad se ha logrado porqué los objetivos de la lucha han aparecido claros desde el primer momento: ningún despido, ninguna rebaja salarial. La convocatoria de la huelga indefinida, que refleja el avance en la conciencia de un amplio sector de la clase trabajadora que entiende que sólo con movilizaciones contundentes se puede quebrar la voluntad de la patronal, no ha sido fácil. Especialmente en la dirección de CCOO hubo vacilaciones y resistencias a plantear este enfoque de la lucha, que fueron vencidas por la participación masiva de los trabajadores en las asambleas, más de 3.000 en la que voto la huelga, y por la decisión del conjunto de la plantilla de que esta lucha no acabará como tantas otras en estos años, con despidos firmados por las cúpulas de CCOO y UGT como “un mal menor”.

La experiencia de millones de trabajadores y jóvenes desde que la crisis capitalista estalló no ha pasado en balde. La política de pacto social, de moderación salarial, de aceptar contrarreformas sin luchar, de llamar al “dialogo social” cuando la patronal se encuentra completamente envalentonada, sólo ha cosechado fracasos. El bloqueo a la unificación de las luchas por parte de las direcciones de CCOO y UGT, su falta de continuidad en la movilización, su carencia de una alternativa de clase y socialista frente al vendaval de recortes y perdida de derechos conquistados por los trabajadores en los últimos años, ha enseñado a secciones cada vez más amplias de la clase obrera que sólo podemos confiar en la lucha, en nuestras fuerzas y en la capacidad que tengamos para transformar cada conflicto en una rebelión social.

No han pasado en balde, no, las experiencias del 15M, las marchas mineras del año 2012, la huelga general del 14N, la lucha del sector educativo, la marea blanca contra la privatización de la sanidad, o la huelga del profesorado de Baleares. Las tradiciones del movimiento obrero de los años setenta, las cajas de resistencia, las asambleas democráticas, las huelgas de verdad que se imponen a los servicios mínimos abusivos y esquiroles, la extensión de la lucha a través de la movilización unitaria, vuelven por sus fueros como expresión de la experiencia de la clase obrera bajo la crisis capitalista. La huelga de la limpieza viaria y jardinería de Madrid, el triunfo que representa frente a la patronal, frente al PP, y frente al sindicalismo impotente de pacto social, adquiere una gran dimensión para el futuro. Es un auténtico punto de inflexión.

El PP derrotado, y Ana Botella haciendo el ridículo una vez más

Digan lo que digan el PP ha sufrido una fuerte derrota en esta lucha. Pero no sólo por la voluntad que han mostrado los trabajadores de la limpieza, también por la actitud de apoyo a la huelga que ha mantenido la mayoría de la población trabajadora madrileña que no picado el anzuelo de la demagogia reaccionaria de la derecha. En los medios de comunicación, en los telediarios, a duras penas podían dar testimonios de “indignación” contra los huelguistas, más bien todo lo contrario, las críticas y las denuncias se dirigían hacia los responsables del PP, los mismos que privatizan la sanidad, la enseñanza, los servicios sociales, o salen impunes de sus chanchullos económicos con las grandes empresas. Todo el malestar, la oposición, la furia contra un gobierno de mentirosos y ladrones, que sólo legisla a favor de los grandes patrimonios empresariales y de la banca, que nos habla de un cuento de rosas de “recuperación económica” cuando millones de familias sufrimos lo indecible para sobrevivir, atenazados por el paro, la miseria y los desahucios, todo ese odio de clase se está manifestando con fuerza, con radicalidad y sin temor. Esa es la explicación de este gran apoyo a la huelga entre la población, y una de las claves de su éxito.

La alcaldesa de Madrid, en la línea del ridículo al que nos tiene ya acostumbrado, no ha querido perder ocasión para regalarnos los oídos con sus declaraciones infumables, dejando claro que es la mujer de quién es por algo. Después de afirmar que no se ha despedido a ningún trabajador “gracias a la reforma laboral aprobada por el gobierno”, Ana Botella ha exigido una reforma de la Ley de huelga para evitar el incumplimiento de los servicios mínimos. Y es que el PP y la patronal están muy acostumbrados a que las huelgas sean saboteadas no por esquiroles contratados para ello, sino por los propios trabajadores de las plantillas obligados a realizar unos servicios mínimos abusivos que suponen en la práctica cercenar completamente el derecho a huelga. Lo vimos en las luchas de Metro, de EMT, y en muchos más sectores. Por eso la actitud combativa de los trabajadores de limpieza ha dejado claro cual era la voluntad democrática de la plantilla: una huelga es una huelga y se tiene que notar, y se ha notado vaya si se ha notado.

La señora Ana Botella, todo hay que decirlo, también ha sido abandonada por muchos de sus colegas del PP. Es muy sintomático que la Delegada del Gobierno en la capital, Cristina Cifuentes, no haya abierto el pico conteniéndose en sus habituales exabruptos contra los que luchan. En cualquier caso, el desgaste del PP, del gobierno municipal y autonómico es enorme. La lucha de la limpieza lo ha vuelto a demostrar, y ha colocado la cuestión de la huelga general en Madrid como una tarea urgente para acabar con este reinado de la derecha en la región que ahora está en vanguardia de la lucha obrera y social.

Cabe también señalar que los responsables del PSOE en el ayuntamiento, con Jaime Lissavetzky a la cabeza, tampoco han estado a la altura de las circunstancias como les suele pasar desde hace años. Su afirmación de que lo más destacado de este conflicto ha sido el "triunfo" de la negociación colectiva entre empresarios y sindicatos, intenta orillar lo que de verdad ha ocurrido. No señor Lissavetzky, no ha sido la negociación lo que ha triunfado, ha sido la lucha obrera, la movilización sostenida, la huelga indefinida, las asambleas y el arrojo de los trabajadores, esas cosas que ustedes han olvidado y que les producen sarpullidos. Como siempre ha señalado el sindicalismo de clase, jamás puedes conseguir en la mesa de negociación lo que no se arranca antes en la calle con la movilización.

Combatividad, democracia obrera y delegados a la altura

A nadie se le escapa que los delegados que han estado al frente de esta batalla son de otro tipo. Los compañeros de UGT y de otros sindicatos (UGT tiene mayoría), que han participado en la mesa de negociación y que se han dirigido a la opinión pública, han utilizado un lenguaje que todos entendemos: la palabra honesta del trabajador, que vive angustiosamente el drama de quedarse sin empleo y que piensa en el futuro de sus familias.¡Que alejados de las formas y las maneras de los habituales representantes del sindicalismo, que parecen asesores económicos del gobierno! Esto es también todo un síntoma del volcán que bulle en el seno de los sindicatos de clase. Las ideas sectarias acerca de que hay que abandonar los sindicatos, por que sus direcciones reformistas traicionan a diario los ideales por los que fueron fundados, han recibido una lección práctica con esta gran huelga.

Los trabajadores siguen en sus sindicatos mayoritarios, a pesar de que las críticas y el descrédito de sus dirigentes son una realidad palpable. Pero una cosa es la dirección y otra el grueso de la clase obrera que permanece y recurre a los sindicatos por que son el único instrumento con el que cuentan a la hora de enfrentar a la patronal. Abandonarlos, salir de ellos, es el mejor servicio que se puede hacer a la burocracia de derechas que controla el aparato, y que no quiere someterse al control de la militancia de base bajo ninguna circunstancia. Todo lo contrario, los sectores que se consideran marxistas, revolucionarios, deben luchar con más tesón, decisión y confianza que nunca en el interior de los sindicatos, defendiendo una política y unos métodos de clase, combativos y democráticos. Ya hay muchas señales de la crisis que se avecina en los sindicatos, una crisis política que provocara una profunda diferenciación a derecha e izquierda. Los sindicatos, y sobre todo CCOO, son un volcán, y cuantas más contradicciones se acumulen en su seno, mayor y más violenta será la erupción. La huelga de la limpieza, la lucha de los trabajadores de Panrico, la desautorización de las federaciones de industria de CCOO y UGT por parte de los trabajadores de Navantia en Ferrol que se han opuesto masivamente al acuerdo firmado con la empresa, las movilizaciones sostenidas y contundentes del sector de la enseñanza pública contra la LOMCE, alentadas por el Sindicato de Estudiantes pero en las que se han visto obligados a implicarse, a regañadientes eso sí, las federaciones de enseñanza de CCOO y UGT debido a la fortísima presión que existe entre los docentes, la irrupción de la Asamblea de Docentes en Baleares que ha impulsado la huelga indefinida y ha obligado a los sindicatos a secundarla… son ejemplos de lo que está por venir.

Del triunfo en la lucha de limpiezas a la huelga general. ¡Sí se puede!

Los trabajadores de la limpieza han entendido el desenlace de la lucha como un triunfo rotundo. Ellos, y el conjunto de la clase obrera madrileña y del resto del Estado. Es cierto que se ha aceptado mantener un ERTE de 45 días que implica percibir el 75% del salario durante un mes y medio al año, además de bajas voluntarias con una remuneración de 28 y 29 días por año trabajado, y excedencias a 5 y 10 años con indemnizaciones que serán, respectivamente, del 50% y del 75% del salario bruto. También se ha aceptado flexibilizar la disposición de las vacaciones, y se mantiene la congelación salarial hasta 2017.

Algún sectario, de esos que utilizan la doctrina para situarse por encima de los trabajadores y darles lecciones, opinará que la lucha no ha conseguido sus objetivos. Obviamente, es necesario entender esta batalla como un jalón de un proceso de lucha. Para empezar, habría que exigir la remunicipalización urgente de la recogida de basuras, que los servicios públicos, todos los servicios públicos, no se conviertan en una fuente de beneficio para las grandes empresas, con la consiguiente destrucción de empleo, degradación de la calidad y encarecimiento del servicio prestado. Pero para lograr ese objetivo, en primer lugar hubiera sido necesario que las direcciones regionales de CCOO y UGT en lugar de tener a los actuales dirigentes que tienen y la política que práctican, siguieran el ejemplo de los barrenderos organizando una huelga general en Madrid, unificando a los sectores que están en lucha (sanidad, educación, teatros, EMT…) en defensa de los servicios públicos y por la dimisión de los gobiernos municipales y autonómicos del PP. Con esta orientación sindical, no cabe duda de que se podría haber llegado más lejos.

Pero cualquier trabajador, y más los barrenderos, saben perfectamente que sobre sus cuellos pendía la espada de Damocles de más de 1.000 despidos y la rebaja de un 40% del salario. Y saben también que en la mayoría de las luchas contra los cierres y despidos masivos, a pesar de la combatividad y la voluntad de las plantillas implicadas, las direcciones sindicales acaban aceptándolos vendiendo la movilización en aras del “pragmatismo” y el “dialogo social”. Es la experiencia en numerosos sectores. La huelga de los trabajadores de la limpieza tiene que ser puesta en el contexto concreto de la lucha de clases. Y el balance, si se utiliza este método, no puede ser más positivo, y esa es la razón por la que el acuerdo ha sido votado masivamente y de forma entusiasta por los trabajadores. Un triunfo que representa un gran golpe a la patronal, al PP, y a la línea sindical de pacto social que acepta la liquidación de empleos y de derechos argumentando que “no hay fuerza”. La excusa barata de la burocracia sindical, de los escépticos y acomodados dirigentes que pueblan los despachos enmoquetados, ha sido echada por tierra con la acción directa, abnegada y ejemplar de los barrenderos y los jardineros de Madrid. Una victoria que anima al conjunto de la clase, la hace creer en sus fuerzas, y rompe con los prejuicios que, como si fueran veneno, destilan los aparatos sindicales para desmoralizar a los trabajadores.

La huelga de limpieza viaria y jardinería ha captando la atención y el apoyo de millones de trabajadores. Ahora es el momento de basarse en ella, en su ejemplo, para extender la lucha y unificarla en una huelga general en Madrid y a nivel estatal, contra las políticas reaccionarias del PP, la LOMCE y la contrarreforma de las pensiones. Todas las condiciones están maduras para dar un golpe tremendo, un paso adelante. Esta semana, el 20 de noviembre, los jóvenes volverán a salir a las calles masivamente contra la LOMCE convocados por el Sindicato de Estudiantes, y también se celebrarán manifestaciones de padres, profesores y estudiantes en la tarde de ese día. El sábado 23 hay convocadas manifestaciones contra la política de PP por parte de las Mareas, manifestaciones a las que se han visto arrastrados los sindicatos por la enorme presión que tienen desde las fábricas y desde su base. El sábado 30 de noviembre se organizará también una marcha estatal contra la LOMCE convocada por la Plataforma Estatal en Defensa de la Enseñanza Pública. La dirección de CCOO y UGT, Toxo y Méndez,  refugiados en un clamoroso silencio que solo rompen ocasionalmente para realizar declaraciones inocuas, deben rectificar urgentemente su deriva. Hace falta una respuesta sindical contundente, masiva y general, acorde con la magnitud de los ataques que estamos sufriendo.

Unificar todos estos movimientos, darles continuidad y potencia, en una gran huelga general es una obligación urgente. No puede haber excusas. En la unidad y en la lucha esta nuestra fuerza, como ha demostrado la heroica huelga de la limpieza madrileña.

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