El 23 de abril se celebrará la primera vuelta de las elecciones presidenciales en medio de una gran crisis social y política. Hace ahora un año se vivía una de las luchas más importantes de las últimas décadas contra de la reforma laboral del gobierno Hollande-Valls. Centenares de miles de jóvenes y trabajadores participaron en manifestaciones, huelgas y piquetes, finalmente el gobierno aprobó la ley recurriendo a un artículo de la constitución que permite aprobar leyes sin necesidad de debate o votación en el parlamento. Todo se encaminaba hacia una huelga general pero al final los dirigentes sindicales optaron por la mesa de negociación.

El año 2017 ha comenzado con el aumento de la conflictividad laboral, ahora la reforma laboral se debe concretar en cada empresa y los trabajadores están resistiendo los ataques. Pero además, el clima social sigue caldeándose. Tras la impresionante Marcha de las Mujeres en EEUU se ha convocado una huelga internacional de mujeres coincidiendo con el 8 de marzo, y en Francia han hecho suyo dicho llamamiento las organizaciones estudiantiles y los sindicatos, sobre todo la CGT. Sin duda la huelga será importante.

Las ‘banlieues’ estallan

Otro acontecimiento que demuestra el tremendo malestar social que vive Francia ha sido el nuevo estallido juvenil en las banlieues el pasado febrero. Estos barrios pobres de la periferia de las grandes ciudades, donde malviven entre 10 y 12 millones de personas en su mayoría inmigrantes y el paro juvenil supera el 40%, son los más golpeados por la crisis. Son verdaderos guetos que sufren el continuo acoso policial, insultos, detenciones y redadas arbitrarias casi a diario. En una de ellas fue detenido Theo, un joven francés de origen africano que recibió una brutal paliza que le tendrá 60 días de baja laboral y que fue violado con una porra por cuatro policías. Esta agresión ha vuelto a colmar el vaso, desatando la rabia popular no sólo en Aulnay-sous-Bois, donde vive el joven, sino en otros barrios de la periferia de París, y exigiendo justicia.

Este tipo de incidentes son habituales, como también la impunidad policial. En noviembre de 2005 la explosión social vivida en las banlieues de casi 300 ciudades francesas terminó con casi 3.000 detenidos y 10.000 automóviles quemados. El origen fue otra redada policial indiscriminada en la que murieron dos adolescentes carbonizados en un transformador eléctrico. Diez años de procedimiento terminaron en la absolución de los culpables.

Valls derrotado en las primarias del PS

En este contexto Hollande renunció a la reelección tras conocer que las encuestas no le daban más del 4% de los votos, y apostó todo para que Manuel Valls fuera el candidato del PS. La sorpresa, para alegría de muchos trabajadores y militantes del partido, fue su derrota en las recientes primarias frente a Benoît Hamon, éste fue uno de los dos ministros que dimitieron en protesta por las medidas de austeridad aplicadas por el gobierno del PS en 2014.

El triunfo contra todo pronóstico de Hamon, que arrolló a Valls, refleja el rechazo a los recortes sociales y ataques a los derechos de los trabajadores aplicados por el PS y, en particular, a Manuel Valls que representa al ala más derechista de la dirección socialdemócrata. Hamon ha conectado con el ambiente generalizado de descontento que también afecta a las filas del PS, presentándose con un programa más de izquierdas: propone reducir la jornada laboral a 32 horas, o la derogación de la última reforma laboral. Es un contexto político similar al que llevó a Corbyn a la dirección del laborismo británico o al éxito de Sanders en las primarias demócratas norteamericanas.

El gran problema de Hamon es el enorme descrédito del Partido Socialista después de cinco años en los que han controlado todo —presidencia, gobierno, cámaras legislativas, principales ayuntamientos y gobiernos locales— y en los que han realizado la misma política que la derecha, aplicando los recortes más salvajes de los últimos cincuenta años. El PS atraviesa una crisis severa, afectado por divisiones internas, y son muchos los que temen que siga el camino del PASOK griego y se hunda en las próximas elecciones.

Otro factor para el triunfo de Hamon ha sido el ofrecimiento a Jean-Luc Mélenchon y a Los Verdes de formar una candidatura conjunta para las presidenciales. Mélenchon ha agradecido la oferta pero ha dejado claro que en ningún caso será a costa de France Insoumise (Francia Rebelde), la coalición que encabeza junto al Partido Comunista para las presidenciales; tampoco cederá en aspectos como la derogación de la reforma laboral o el fin del estado de emergencia. Esta formación es la única que está respondiendo a la demagogia de Le Pen y cuenta con el apoyo de un sector de activistas sindicales y juveniles.

Crisis de la derecha

El problema para la burguesía francesa es que en paralelo a la debacle del PS transcurre la crisis de los partidos tradicionales de la derecha, que han visto cómo sus principales figuras caían una tras otra por su implicación en escándalos de corrupción. Hace unos meses parecía que el candidato presidencial sería Sarkozy, pero tuvo que renunciar al ser imputado por un delito de “financiación ilegal de una campaña electoral”. Aunque en las primarias venció François Fillon, sin embargo, podría ser sustituido en los próximos días como candidato porque le acaban de imputar, junto a su esposa, por un delito de malversación de fondos públicos.

Precisamente, la crisis de la derecha es uno de los principales factores del ascenso del Frente Nacional (FN), en primer lugar en todas las encuestas publicadas. En los últimos tiempos Marine Le Pen ha intentado alejar al FN de ideas como el antisemitismo, para dar una imagen más respetable, y ha recurrido a una demagogia populista similar a la utilizada por Trump, presentándose como una candidata anti establishment, atacando a la Unión Europea, las deslocalizaciones empresariales... De esta forma parece que está consiguiendo capitalizar la crisis de la derecha tradicional e incluso atraer a algunos sectores muy golpeados por la crisis en el campo y en zonas anteriormente industrializadas y ahora abandonadas. Esta polarización a la derecha de un sector de la sociedad convive y es la otra cara de la polarización y radicalización que también se da a la izquierda. Pero en el ascenso de formaciones como el FN, tienen una responsabilidad directa las políticas de los dirigentes de la socialdemocracia, que han capitulado completamente ante el capitalismo.

La otra figura en ascenso en estas elecciones es Emmanuel Macron. Este banquero, ministro de Economía con Hollande e impulsor de los primeros recortes de su gobierno, así como de la ley de liberalización de la economía, terminó abandonando al PS. En abril de 2016 creó el movimiento En Marche! y se presenta como el candidato de la regeneración política ante los múltiples casos de corrupción. Su popularidad ha subido como la espuma, entre otros factores por la enorme atención que recibe de los medios de comunicación y por el apoyo de un sector creciente de los capitalistas franceses que lo ven como el candidato con más posibilidades para hacer frente a Le Pen, cuya victoria les da vértigo pues desencadenaría una crisis política y económica que tendría repercusión más allá de las fronteras francesas, empezando por la propia descomposición de la UE.

A pocas semanas de las elecciones hay mucha incertidumbre sobre los resultados, pero lo que está claro es que Francia ha entrado en una nueva fase en la que la lucha de clases se recrudecerá.


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