La huelga ha sido un ejemplo de la fuerza que existe de cara a dar un salto en la lucha continua contra la política de división y de deportaciones del gobierno.
Globala Gymnasiet, en Estocolmo, fue la escuela secundaria (16-18 años de edad) de la que surgió la iniciativa para la huelga del 12 de diciembre, vaciándose el día de la huelga de estudiantes (solo acudieron aquéllos que estaban que tenáin los exámenes nacionales de matemáticas). Concentrados en el patio del centro, los estudiantes comenzaron a realizar mítines durante una hora antes de unirse al resto de estudiantes de otras 20 escuelas en la plaza Medborgarplatsen. En total, 2.000 personas participaron en la concentración de la plaza Medborgarplatsen durante hora y media, a pesar de la lluvia, la nieve, el viento y la helada.

Al igual que Globala en Estocolmo, el instituto Gymnasiebyn, en Luleå, sirvió como punto neurálgico para la organización de la huelga. Los estudiantes de "Let us Live - Young in Sweden" en Luleå, tenían como objetivo la convocatoria de huelga estudiantil desde septiembre, y en octubre comenzaron a debatir acerca de ello. El hecho de que los estudiantes de dos ciudades trabajaran juntos hizo posible la huelga a nivel estatal, ya que los dos centros estaban en permanente coordinación.

Construyendo la huelga

Las largas semanas de preparación previas fortalecieron el compromiso de los activistas juveniles que llevaron adelante la huelga. Por esta razón, la difusión de la iniciativa se vio muy fortalecida, especialmente en los últimos días antes del 12 de diciembre, cuando se unieron varios centros y localidades a la huelga como Tranås, Östersund, Ystad, Gävle y Umeå. Tener un plan elaborado para la organización de la huelga, con reparto de panfletos o listas de tareas, fue de gran ayuda.

Finalmente, 4.000 estudiantes secundaron la huelga, 2.000 en Estocolmo, 500 en Gotemburgo, 300 en Borås, 200 en Uppsala y 150 en Lund, Luleå, Boden y Piteå. 50 escuelas en 19 ciudades del país participaron, de norte a sur y de este a oeste. Cifras impresionantes y que constituyen un paso adelante histórico en la construcción de una oposición de lucha a la política migratoria del Gobierno de coalición formado por socialdemócratas y verdes.

Sin embargo, más importante que las cifras, es la fuerza de la huelga como herramienta de lucha. El hecho de que los estudiantes hayan recuperado la huelga como medio de protesta es un ejemplo de que clase de métodos están surgiendo y esperando ser asumidos a medida que la lucha se desarrollo.
Refugiados y estudiantes se organizan.

En 2015, más de 35.000 niños llegaron como refugiados a Suecia solos por su cuenta, sin ir acompañados por adultos. Solo este año han empezado a recibir noticias sobre la decisión del gobierno respecto a su permiso de residencia o –como ocurre principalmente– su deportación. A principios de agosto, los jóvenes refugiados afganos iniciaron lo que se convirtió en una huelga de brazos caídos en Estocolmo durante 58 días, los 7 días de la semana, 24 horas al día, y que se extendió también a otras ciudades. La huelga de brazos caídos, denominada Ung i Sverige (Jóvenes en Suecia), comenzó con un puñado de refugiados. En su punto más álgido llegaron a ser alrededor de mil, obteniendo un creciente apoyo y generando presión sobre los políticos.

La actitud de la juventud ante las deportaciones también fue alimentada por las provocaciones del Estado y los fascistas; la exitosa movilización antifascista en Gotemburgo del 30 de septiembre jugó un papel central, como un inspiración pero también como una seria advertencia de hasta dónde está dispuesto a llegar el racismo estatal para frenar la movilización.

Como consecuencia del descubrimiento de que se hacían reevaluaciones arbitrarias de edad creciendo el número de solicitudes de permisos rechazadas, la credibilidad de la Oficina Migratoria ha quedado al descubierto cada día más, algo que fortaleció con determinación la preparación de huelga entre los estudiantes. El potencial de una organización de lucha a nivel estatal ha quedado demostrado: cuando el conjunto de la juventud unifica sus fuerzas pueden cambiar la situación por encima de cualquier tipo de obstáculo.

El papel de Rättvisepartiet Socialisterna

Los miembros de Rättvisepartiet Socialisterna (CIT en Suecia) y Students Against Racism (Estudiantes contra el racismo) desempeñaron un papel clave en los preparativos de huelga. Nuestro periódico semanal, Offensiv, publicó informes y análisis de la situación con una muy buena acogida entre los activistas. El día de la huelga, RS participó en los mítines en Estocolmo, Gotemburgo, Borås, Luleå y Boden.

En la manifestación de Estocolmo hubo discursos de refugiados, y de diversas organizaciones e individuos: Estudiantes contra el racismo, Estudiantes escolares contra las deportaciones, Jóvenes en Suecia y otros. Por RS, Natalia Medina explicó: "Nunca hemos recibido nada gratis. No hemos conseguido ni un solo derecho porque los que mandan de repente se diesen cuenta de que era una buena idea. Los argumentos y las peticiones a políticos y gobernantes no funcionan. Son los grandes movimientos de masas, huelgas y protestas los que traen los cambios", dijo Natalia recibiendo un aplauso entusiasta.

Se leyeron mensajes de solidaridad de estudiantes en huelga en Kassel, Alemania, y de refugiados tamiles en Gran Bretaña. En una de las reuniones de preparación de la huelga, el Sindicato Estudiantes del Estado Español nos trasladó algunas lecciones importantes sobre su experiencia en las huelgas estudiantiles a través de Skype.

Próximas acciones

Un punto clave en la huelga del 12 de diciembre, además de centrarse en hacer que fueran un éxito las actividades de ese mismo día, fue lograr dar una perspectiva para continuar la lucha. La convocatoria de un día de protesta con huelgas y manifestaciones en enero o febrero es una brillante iniciativa que debería difundirse en todos los sindicatos, asociaciones culturales, deportivas y de vecinos, por ejemplo. Una coordinación más estrecha entre los diversos núcleos de acción, así como discusiones sobre una política alternativa a la política de deportaciones del gobierno, es clave para dar pasos adelante.

El estado y la clase dominante están claramente preocupados. Dos semanas antes de la huelga, el gobierno anunció una retirada parcial de las duras medidas antiinmigración planteando poder otorgar permisos hasta a 8.000 refugiados. Sin embargo, esto está sujeto a una serie de condiciones; que solo aquellos que llegaron antes del 25 de noviembre de 2015 puedan beneficiarse de esta medida. Además, los refugiados más jóvenes deben reunir los requisitos para acceder y superar la educación secundaria, y después de eso encontrar un trabajo. Y no se aplicarán estas medidas “hasta el verano”.

Mientras tanto, continúan las denegaciones de permisos y las órdenes de deportación. El propio lunes anterior a la huelga estudiantil, un grupo de jóvenes refugiados fueron deportados. Varios jóvenes refugiados se han suicidado en 2017. El gobierno esperaba que la retirada anunciada calmara al movimiento; sin embargo, el movimiento está llegando a conclusiones cada vez más radicales y aplicando métodos de lucha cada vez más radicales.

Los intentos de frenar el movimiento contra las expulsiones son consecuencia del miedo a la movilización. Los jóvenes, a la cabeza de un movimiento explosivo, amenazan con atraer a más y más personas a esta lucha contra la política brutal respecto a los refugiados de Socialdemócratas y Verdes.
La lucha de los últimos meses ha dejado en evidencia para mucha gente la hipocresía de la política del gobierno sueco, poniendo encima de la mesa que el "nosotros" y "ellos" utilizado por el gobierno para enfrentarnos puede ser utilizado para unificar a los jóvenes y a los trabajadores, indiferentemente de su origen, para movilizarlos contra la élite gobernante, que intenta usar a los refugiados para desviar la atención respecto las contradicciones fundamentales, de clase, existentes en el seno de la sociedad.

La huelga estudiantil representa un paso adelante, generando grandes expectativas de que mucha otra gente vuelva a despertar a la lucha durante los próximos meses, no solo a la lucha por otra política de refugiados sino también a la lucha por otro tipo de sociedad, una sociedad socialista.


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