Con la clase trabajadora o con los capitalistas

El régimen político sustentado por el PRI y el PAN durante más de ocho décadas ha llegado a su fin. El triunfo arrollador de MORENA en las elecciones del pasado 1 de julio expresa el inequívoco deseo de cambio de las masas mexicanas. Se ha inaugurado una nueva etapa política marcada por la derrota de los partidos en los que tradicionalmente se ha sostenido la burguesía y el profundo giro a la izquierda de la clase obrera, la juventud, los campesinos e importantes sectores de las capas medias.

Tal y como está demostrando el llamado periodo de transición —el nuevo gobierno no se constituirá hasta el próximo 1 de diciembre—, la victoria electoral es sólo un primer paso. Incluso antes de que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) inaugure su presidencia, los capitalistas están ejerciendo todo tipo de presiones para que MORENA no implemente ningún avance social. Esta amenaza sólo puede ser contrarrestada con la movilización y la organización de base de la izquierda.

La crisis de la derecha

Tras el golpe asestado a la reacción hace dos meses, nadie debería dudar de que los oprimidos podemos imponer nuestras demandas. El todopoderoso PRI, un partido hegemónico durante 70 años gracias a la corrupción, el clientelismo y la represión, ha sido aplastado. Basta decir que en las elecciones de 2012 se impuso en 20 estados, mientras que en 2018 no ha ganado en ninguno. El ultraderechista PAN también sufrió una severa derrota que además está provocando fracturas internas enormes. Por su parte, el PRD ha quedado desenmascarado, y fue duramente castigado por años de capitulación que lo han transformado en un partido más del régimen.

Como era de suponer, la burguesía mexicana, conocida por su desprecio a los más elementales derechos democráticos, no renuncia ni renunciará a sus planes, y está realizando todo tipo de amenazas y maniobras para garantizar que nada cambie. Mientras hablan de una transición pacífica presionan para imponer la agenda de los capitalistas. En ocasiones alertan del supuesto colapso económico que implicaría que AMLO cumpla tal o cual aspecto social de su programa y, en otros momentos, haciendo gala de su hipocresía, intentan negociar con el futuro gobierno. Utilizan la vieja política de amedrentar y cortejar a los dirigentes de MORENA con el propósito de que abandonen su base social. Cuentan para ello con varios candidatos electos del partido que provienen de la derecha más corrupta.

La lucha es la llave de la victoria

La clave para que este giro masivo a la izquierda culmine en una auténtica transformación en beneficio del pueblo trabajador es la misma que alimentó el tsunami del 1 de julio: la enorme lista de luchas sociales, huelgas y protestas impuestas desde abajo a pesar de la pasividad de los dirigentes sindicales y de muchos líderes de MORENA. Millones de personas han participado en la batalla en los últimos años, desde el movimiento de la juventud del 132, las grandes huelgas y movilizaciones magisteriales, los paros en las maquilas y de los jornaleros de San Quintín, la explosión de las autodefensas contra el narco, las marchas contra los gasolinazos o contra los Mega proyectos de muerte… Destacando la gran protesta por los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, que fue la gota que derramó el vaso de la indignación contra un gobierno asesino.

Los resultados de estas elecciones condensan el hastío de la población contra este estado de cosas, incluida la espiral de violencia que sufrimos y que es la consecuencia directa de la descomposición del capitalismo mexicano y de las políticas de la oligarquía. Más de 30 millones de personas votaron a AMLO para acabar con esta pesadilla.

Los hechos han respondido a los prejuicios que la clase dominante vuelca cotidianamente: es mentira que en México haya pasividad e indiferencia, al contrario, aquí tenemos la muestra de un elevado instinto revolucionario y un gran avance en la conciencia que demuestra que la única lucha perdida es la que no se da. La experiencia de estos años no ha pasado en balde.

No se puede trabajar para dos amos

Actualmente, el movimiento contra la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) en el Lago de Texcoco es una de las batallas sociales más emblemáticas del país. Detrás de este proyecto se encuentran los intereses de grandes capitalistas nacionales e internacionales, que han puesto en riesgo las pensiones de millones de trabajadores invirtiéndolas en esta mega construcción. Su puesta en marcha implicará un ecocidio de enormes magnitudes, afectando directa e indirectamente a muchos pueblos y ciudades, entre ellos Atenco, una población que lleva más de 17 años organizada y que ha pagado con muertos y presos su desafío a los poderosos. Por si fuera poco, a las comunidades originarias se les ha impuesto la construcción de esta obra.

Desgraciadamente, la postura de AMLO frente a este tema es la neutralidad. Lejos de defender con firmeza las justas demandas de los humildes, propone que la decisión se adopte mediante la realización de una consulta. ¿Qué más hay que consultar? La mayoría de las poblaciones afectadas ya han dejado clara su posición. Los trabajadores y trabajadoras, las comunidades indígenas y la juventud han expresado su rechazo. Además, se trata de un negocio en el que el dinero que se arriesga es de nuestra clase, mientras que los beneficios serán para los ricos. Por si esto fuera poco, supondrá un nuevo crimen ecológico. La consulta es una oportunidad para los empresarios, quienes cuentan con grandes medios económicos y mediáticos y la neutralidad del futuro presidente.

Este conflicto es una clara muestra de la inviabilidad de la “conciliación nacional”, no se puede trabajar para dos amos, si el próximo gobierno quiere avanzar en el camino de una verdadera transformación social, deberá romper con estos intereses depredadores del medio ambiente y de las comunidades.

Sólo el pueblo salva al pueblo

Existen expectativas muy elevadas sobre la próxima presidencia de MORENA, la esperanza de que después de tanto sufrimiento por fin las cosas empiecen a cambiar. A su vez, la cercanía de AMLO con el sector empresarial no deja de levantar suspicacias entre quienes están en la vanguardia de la movilización. Observan cómo la promesa de cancelación de la Reforma Educativa —demanda fundamental de la lucha magisterial— convive con la negativa a posicionarse en contra de la construcción del Nuevo Aeropuerto. Ya hay sectores que se cuestionan si el próximo gobierno podrá resistir las presiones de la derecha y el papel activo que la clase obrera junto a todos los oprimidos debemos jugar en dicho proceso.

La experiencia acumulada en la batalla para derrotar las contrarreformas de los gobiernos del PRI y el PAN es enormemente valiosa: los debates y los comités de base, las manifestaciones, las huelgas, los plantones… Ahora más que nunca tenemos que estar alerta. Es importante hacer el énfasis en la necesidad de mantener la movilización en las calles, las presiones de la derecha son muchas y muy fuertes, por esa razón tenemos que ejercer nuestra propia presión, la de la izquierda que lucha.

En el próximo periodo el movimiento deberá fortalecerse, necesitamos aumentar la organización de los trabajadores y la juventud, levantando una alternativa de izquierda consecuente en cada escuela, colonia y centro de trabajo para enfrentar a los grandes intereses capitalistas.


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