El gobierno y el ejército castigan a las mujeres de la familia Tamimi, y despiertan una oleada de apoyo y solidaridad internacional

Hace tres semanas, la noche del 19 de diciembre, la joven de dieciséis años de edad Ahed Tamimi y su prima de veintiuno, Nur Tamimi, fueron detenidas durante una redada militar en su casa en el pueblo de Nabi Saleh. A la madre de Ahed, Neriman Tamimi, la arrestaron cuando fue a la comisaría de policía para saber qué había ocurrido con su hija. El ejército confiscó los ordenadores y los teléfonos de la familia.

Estas detenciones son consecuencia de un video en el que se ve a las dos jóvenes enfrentarse solas con sus manos desnudas a soldados israelíes armados hasta los dientes a los que intentaban echar de su casa. Minutos antes los militares habían disparado una pelota de goma recubierta de metal a la cabeza a Muhammad Tamimi, un chico de quince años familiar de Ahed al que dejaron en estado crítico.

El video deja en evidencia que los soldados no fueron heridos ni amenazados en ningún momento. Se agarraban firmemente a sus armas pero se fueron del lugar sin arrestar o atacar a ninguna de las mujeres. Fue la publicación del video lo que causó alboroto entre la derecha israelí. Desde la extrema derecha fascista de Benzi Gupstein y “The Shadow” (un rapero convertido en referente de la extrema derecha en las redes sociales) hasta el ministro de seguridad, Lieberman, y el ministro de educación Bennet, exigieron el arresto de la adolescente que se atrevió a echar a un soldado de su casa en los territorios ocupados.

La detenciones contaron con una amplia cobertura y fueron documentadas y publicitadas por un portavoz de la FDI (Fuerza de Defensa Israelí) como un acto de venganza, con el objetivo de demostrar que la retirada de los soldados ante vecinos desarmados no eran más que un movimiento táctico, y para disuadir a las jóvenes y a los jóvenes palestinos de luchar contra la ocupación, especialmente en un contexto de protestas por la declaración de Trump respecto a Jerusalén y a la reubicación de la embajada de EEUU en Israel.

Los militares acusan a Ahed de cinco cargos de “asalto” contra las fuerzas de seguridad y de incitación a la violencia. Su madre está acusada por grabar videos en dos ocasiones y por “incitación a la violencia” a través de las redes sociales, y finalmente Nur también fue acusada oficialmente por un presunto ataque a un soldado.

Mientras tanto, las mujeres de la familia Tamimi fueron llevadas a la prisión militar de “Ofer”, célebre por el uso de métodos cuestionables de cara a quebrar a los prisioneros como el aislamiento y la privación de sueño (Nur ha sido liberada tras 16 días). Tendrán un juicio ante un tribunal militar con una tasa de condenas de casi el 100%. Como el incidente original por el que fueron detenidas no basta para justificar que sigan retenidas, incluso para los estándares del sistema judicial militar, el fiscal militar pide extender su detención de cara a añadir más delitos que supuestamente sucedieron antes de esta acusación. En estas condiciones no sólo no tienen la oportunidad de poder tener un juicio justo, sino que existe el peligro real de que permanezcan en prisión durante años.

Casi resulta superfluo mencionar los casos bien documentados de colonos judíos que cuando atacan a palestinos, a activistas de izquierdas israelíes o incluso a policías y soldados, no sólo no se enfrentan a un tribunal militar sino que casi nunca tienen que rendir cuentas por sus acciones ante tribunal alguno.

La cobertura de los medios de comunicación  niega la realidad

La discusión en los principales medios de comunicación israelíes se ha centrado mayoritariamente en la cuestión de si el oficial debería haber reaccionado inmediatamente utilizando la fuerza contra las Tamimi o si debía contenerse frente a la cámara. La imagen que presentan es la de un soldado inocente mientras dos chicas jóvenes le provocan y se enfrentan a él buscando que reaccione con violencia frente a la cámara. Pero cuando se analizan los hechos, la historia es completamente diferente: el ejército fue el que entró provocando en el pueblo buscando forzar una reacción de los vecinos que justificase una dura represión.

Varios artículos de opinión fueron más allá y retrataron a Ahed, de dieciséis años, como una provocadora o una actriz consumada que intencionadamente creó una situación para que los soldados de la FDI “quedaran mal” ante las cámaras. Como si la familia Tamimi hubiera invitado a los soldados armados a invadir su casa para que pudieran quedar mal ante las cámaras, y como si hubiera alguna chica en el mundo que prefiriera nacer y vivir bajo la ocupación extranjera de un ejército extranjero. Desde la declaración de Trump el ejército israelí ha detenido al menos a 610 palestinos, y de ellos más de 170 son niños y adolescentes. ¿Todos ellos “orquestaron” sus arrestos para desacreditar a los soldados?

La mayoría de los  medios de comunicación en Israel ignoran el problema principal. En primer lugar, ¿cuál fue la razón para que los soldados entraran en Nabi Saleh? Sólo un puñado de periodistas mencionaron las protestas populares que había en el pueblo -las que los soldados fueron a reprimir- contra la ocupación y el robo de los recursos del pueblo por parte del asentamiento colindante, Halamish.

El agua del pozo, que se encuentra en tierra privada palestina, es utilizada por los granjeros palestinos de Nabi Saleh, pero la toma del pozo por parte de los colonos israelíes impide que los palestinos puedan trabajar sus tierras. El ejército israelí está allí para proteger dicho robo por parte de los colonos y para impedir que los vecinos protesten ante esta injusticia. La mayoría de las veces sofocan las manifestaciones utilizando la fuerza bruta, provocando a menudo la muerte de civiles desarmados. En las últimas protestas murieron asesinados dos manifestantes, Mustafa y Rushdi Tamimi.

El día de la grabación del incidente donde Ahed y su prima se enfrentaron a los soldados, el ejército no solo no dejó de reprimir las manifestaciones, sino que además ocupó el pueblo para dejar claro a los vecinos que protestar no merecía la pena. Durante dicho intento por disolver las manifestaciones contra la ocupación del pueblo por parte del ejército, Muhammad Tamimi recibió un disparo en la cabeza. La presencia del ejército se justifica de cara a defender la ocupación del pozo por parte de los colonos judíos, así como para reforzar el orden represivo derivado de la ocupación de los territorios palestinos, que da a los colonos judíos licencia para robar mientras los palestinos ni siquiera tienen derecho a protestar.

Se extiende la solidaridad. Perspectivas para la lucha

Irónicamente, las detenciones brutales y arbitrarias de las mujeres Tamimi desencadenaron una ola de solidaridad que tanto el gobierno como el ejército habían temido desde el momento en que el video de las jóvenes palestinas enfrentándose a un oficial armado se volvió viral. Los trabajadores y jóvenes de todo el mundo han estado siguiendo la detención de Ahed Tamiz, y en diferentes países ha habido manifestaciones exigiendo su puesta en libertad.

Esta reacción revela los límites del régimen de ocupación cuando se enfrenta a la población civil, y puede suponer un nuevo paso en la rebelión de la  juventud palestina. “Ahed es la representante de una nueva generación de nuestro pueblo, de jóvenes luchadores por la libertad… Estos deben convertirse en la nueva esperanza que reavive nuestra revolución”, escribía el padre de Ahed Tamimi en una carta pública a su hija detenida.

La detención de las jóvenes Tamimi pretende poner “un precio” a la resistencia frente al régimen militar en los territorios ocupados. El gobierno de los asentamientos y del gran capital de Netanyahu intenta de forma arrogante quebrar la resistencia a la ocupación utilizando una opresión brutal, y tratando de “manejar el conflicto” a costa del futuro de los jóvenes y los trabajadores palestinos, y también de los israelíes. Es necesario “detener” los ataques del gobierno, y no a las adolescentes palestinas que se alzan contra dichos ataques. La lucha para expulsar al ejército y acabar con los asentamientos en los territorios ocupados es una lucha por la paz.

  • Sí a las protestas y manifestaciones de solidaridad exigiendo la libertad de las Tamimis.
  • Basta de detenciones arbitrarias y de encarcelamientos sin juicio. Fin de las detenciones administrativas. Todo prisionero tiene derecho a tener representación legal, a conocer los cargos de los que se le acusa y a un juicio justo.
  • ¡Fuera militares de los territorios ocupados! Acabar con la ocupación de los territorios palestinos y con los asentamientos.
  • Libertad para todos los prisioneros políticos palestinos. Juicios justos mediante procedimientos reglados, supervisados por organizaciones independientes de trabajadores y de derechos humanos de ambos lados del conflicto, tanto para israelíes como para palestinos sospechosos de ser responsables de atrocidades relacionadas con el conflicto.
  • Sí a un estado palestino independiente, democrático y socialista, con capital en el Este de Jerusalén, y a un Israel democrático y socialista, con plena igualdad para todas sus minorías, y ambos como parte de un Oriente Medio socialista de cara a conseguir la paz en toda la región.

 


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