Los sindicatos deben convocar ya una huelga de todo el sector público, seguida de una huelga general en Catalunya

El gobierno de CiU está destapando sus verdaderos intereses de clase, mostrándose claramente como el que realmente son: el gobierno de la burguesía catalana, de los grandes empresarios y banqueros. En menos de 100 días en el gobierno han anunciado el mayor plan de recortes sociales en décadas, sus consecuencias serán miles de despidos, un brutal deterioro de la educación y la sanidad pública, un incremento de la degradación social, y la privatización de los servicios públicos. La respuesta no se ha hecho esperar: el 14 de abril decenas de miles de trabajadores abarrotaron el centro de Barcelona al grito de: “Hay poco pan para tantos chorizos”; “Los recortes, para los bancos”; “No a la privatización de la sanidad pública”; “Parches para hoy, necrosis para mañana”.

Ataque salvaje de CiU al gasto público

El recorte del 10% del gasto público, que se está cebando especialmente en la educación y sanidad públicas, significará aproximadamente 20.000 despidos. La elevada tasa de temporalidad (30% en sanidad y 40% en personal de Administración y Técnicos) comportará el despido libre sin indemnización de la mayoría.
En sanidad el recorte asciende a mil millones de euros: reducción de personal, aumento de las listas de espera para operaciones y visitas al especialista, cierre de quirófanos, concentración de servicios (incrementando los desplazamientos de los pacientes), paralización de todas las obras nuevas, y retraso de la aplicación de la ley de dependencia, que en Catalunya acumula una lista de espera de 54.000 personas.
En los institutos y escuelas públicas se ha recortado el presupuesto de gastos corrientes un 30% de media, llevando a algunos centros al borde de la quiebra, a la vez que imponen el pago de tasas en la FP superior “como en la universidad”. No sólo no aumentaran la plantilla de profesores a pesar de que el curso siguiente habrá 15.000 alumnos más en los centros, sino que además han anunciado la supresión de la sexta hora de clase diaria que introdujo el govern tripartit, lo cual significará el despido de más de 3.000 profesores interinos. Y en la universidad, ha aplicado un recorte de 140 millones de euros y pretenden subir las tasas universitarias [ver artículo específico en este mismo número de El Militante].
No habrá ninguna obra nueva en infraestructuras hasta 2013. También se paraliza la construcción de nuevas comisarías, instalaciones judiciales y cárceles, y se aplazan las nuevas plazas para el cuerpo de bomberos. En el ámbito de la Cultura, los recortes llevaran a una subida de precios en los teatros, reducciones salariales en TV3 y Catalunya Radio y despidos en la CCRTV.
Artur Mas ha pedido a los catalanes hacer sacrificios para no ser “la generación más egoista de la historia”. Mientras tanto, los grandes empresarios y banqueros han seguido haciendo negocios. Sólo La Caixa ha obtenido 4.869 millones de euros de beneficios en el período 2008-2010. La Generalitat mantiene las ayudas a las grandes empresas (la inversión en Nissan y Seat está financiada en un 80% por la Generalitat) y planean nuevas rebajas de los impuestos a los ricos, con la reforma o supresión del impuesto de sucesiones.

La gota que colma el vaso

Este plan de recortes sociales ha sido la gota que ha colmado el vaso de la indignación social. En los hospitales se está viviendo una verdadera explosión de lucha y participación, a pesar e incluso en contra de la política de los dirigentes sindicales. El plan de lucha que han planteado es muy limitado (concentración el 14 de abril, manifestación el 14 de mayo, y actos descentralizados por hospitales) y ya ha sido desbordado por los trabajadores de la sanidad.
La concentración del 14 de abril, concebida y organizada por los dirigentes sindicales en la perspectiva de que fuera pequeña, fue una movilización de masas con decenas de miles de asistentes, una verdadera marea humana de trabajadores de la sanidad con batas blancas, y con la participación de profesores, jubilados, jovenes y trabajadores de empresas públicas (Parcs i Jardins de Barcelona, Incasol...) que abarrotaron la Plaza de Sant Jaume y las calles próximas durante casi dos horas.
Esta enorme demostración de fuerza y disposición a la lucha estuvo precedida por concentraciones prácticamente diarias en los principales hospitales, dando muestras del enorme potencial de movilización. El 13 de abril se paralizaron los accesos a Barcelona por las concentraciones de los distintos hospitales de Barcelona durante una hora, a pesar de no haber huelga. En algunos casos como el Hospital de Bellvitge, las concentraciones diarias no tuvieron el respaldo de los dirigentes de CCOO y UGT con el pretexto de “no quemar el movimiento”, lo cual no frenó la participación masiva a las concentraciones y cortes de carretera.
El impacto del éxito de la movilización del 14 de abril no se ha hecho esperar. Los propios medios de comunicación han tenido que señalar que el gobierno ha perdido la batalla de la calle por el enorme apoyo social de la lucha. Las divisiones por arriba lo ponen en evidencia: el presidente del Colegio de Médicos y asesor de Artur Mas se ha pronunciado contra los recortes, igual que el Consorcio de Salud y Social de Cataluña (CSC), que agrupa a los gestores de públicos y concertados de la mayoría de los hospitales comarcales, ambulatorios y centros sociosanitarios.
El gobierno mantiene una actitud provocadora con el movimiento. No está dispuesto a retroceder en sus planes, y amenazan a los dirigentes sindicales con el espectro de Grecia (un conflicto social prolongado), e incluso amenazan con abrir expedientes disciplinarios y sanciones a los trabajadores que participen en los cortes de carretera. Dicen que los recortes se están “negociando”, cuando en realidad ya se están sufriendo en los hospitales, hay menos material sanitario y menos personal. De hecho, en el Hospital de Vall d’Hebrón tuvieron que intervenir los Mossos d’Esquadra para que se cerraran dos plantas ante la oposición de los trabajadores y pacientes.
En su intento, fracasado, de desviar la atención de su política social CiU está utilizando de manera sistemática la cuestión nacional catalana. Responsabiliza a “España” (por el déficit fiscal histórico y porque el gobierno central no pagará en 2011 los 1.450 millones de euros del Fondo de Competitividad) de los recortes sociales, tratando de encubrir su participación directa y decidida en el mismo. Otra de las maniobras de CiU ha sido el voto afirmativo de Artur Mas y Jordi Pujol en la consulta sobre la independencia que se celebró el 10 de abril en Barcelona. Este giro “independentista” de la burguesía catalana no tiene absolutamente nada que ver con las legítimas aspiraciones democráticas nacionales del pueblo catalán, sino que está motivado por el pánico ante el inevitable auge de la lucha de clases en el siguiente período, para lo cual se preparan utilizando de forma demagógica las legítimas aspiraciones democráticas. De hecho, mientras votan a favor de la independencia, están preparando un acuerdo con el PP para los presupuestos de la Generalitat que anticipa futuros acuerdos si Rajoy llega a la Moncloa.

Hay que dar una continuidad inmediata y contundente

Después del éxito del 14 de abril y de la negativa del gobierno Mas a retirar los recortes, es necesario dar un paso adelante. Esperar al 14 de mayo para la siguiente movilización general contra los recortes y hasta entonces hacer concentraciones por hospitales, tal y como están planteando los dirigentes sindicales, es un grave error. En primer lugar porque regalas un tiempo muy valioso para impulsar la movilización y presionar al gobierno en vísperas electorales, y en segundo lugar porque aíslas a los trabajadores de la sanidad del resto del sector público, atomizando la respuesta por hospitales.
Es necesario un plan de movilizaciones contundente y sostenido en el tiempo, que transmita un mensaje claro al gobierno: vamos a luchar hasta retirar los recortes. Los sindicatos tendrían que convocar una huelga general en el sector público contra los recortes en el mes de mayo, seguida de una huelga general en Catalunya, para dar cauce a la indignación social acumulada e implicar al conjunto de la clase obrera, que debería ser anunciada desde ya. Existe el ambiente social propicio para una movilización contundente y ascendente, que indudablemente tendría en efecto de contagio en el resto del estado.
La lucha contra los recortes requiere un cambio brusco de estrategia sindical  por parte de los dirigentes de UGT y CCOO, abandonando la política de pacto social y desmovilización con la que nada tenemos que ganar los trabajadores, y levantar un sindicalismo combativo y de clase que vincule la lucha contra los recortes al resto de ataques a los trabajadores.