El anuncio de la ministra de Educación, Pilar de Castillo, de equiparar las asignaturas del Área de Sociedad, Cultura y Religión (tanto la asignatura de Religión como su alternativa, el “Hecho Religioso”) al resto de asignaturas, siendo a partir de aEl anuncio de la ministra de Educación, Pilar de Castillo, de equiparar las asignaturas del Área de Sociedad, Cultura y Religión (tanto la asignatura de Religión como su alternativa, el “Hecho Religioso”) al resto de asignaturas, siendo a partir de ahora computables, ambas, desde Primaria hasta Bachillerato, a afectos de calcular la nota media del curso, la nota media de cara al acceso a la Universidad y, también, a efectos de repetición de curso, muestra una vez más la calaña del gobierno PP. Para tratar de evitarse la respuesta a lo que supone un retroceso tremendo en el terreno ideológico y una vuelta a los tiempos del “nacional-catolicismo español”, impone esta medida en época de exámenes y de vacaciones.

El Sindicato de Estudiantes siempre ha respetado las creencias religiosas de cada persona, sin embargo, somos conscientes de que cada comunidad religiosa, y en especial la Iglesia Católica, tiene sus mecanismos para impartir Religión fuera de los centros de estudio. Por supuesto estamos de acuerdo con que se conozca el papel de las religiones a lo largo de la historia. Claro que queremos que se sepa, por ejemplo, el papel de la jerarquía de la Iglesia católica durante el franquismo, sus posiciones sobre qué papel tiene que jugar la mujer en la sociedad o las barbaridades de la Inquisición. Pero para eso ya existen asignaturas como Historia y Filosofía, que deberían abordar estas cuestiones. Por ello estamos en contra de que se imparta Religión —o cualquier otra fraudulenta alternativa, como es el caso del llamado “Hecho religioso” que en definitiva colará la enseñanza de la religión por la puerta trasera— ni en los colegios ni en los institutos públicos, cuyo único fin es el adoctrinamiento religioso. Defendemos una educación pública, laica y científica, sólo así será realmente de calidad. Pensamos que el Estado no debe financiar con dinero de todos —máxime cuando los profesores de religión son nombrados directamente a dedo por la Iglesia— el adoctrinamiento religioso, y que debería utilizar esos recursos para mejorar la educación pública así como eliminar los conciertos con la educación privada, muchos de los cuales sólo sirven para beneficiar y satisfacer los intereses de la jerarquía de la Iglesia Católica.

La religión se equipara a ciencia

Denunciamos que mientras se ha justificado la aprobación de la LOCE como necesaria para combatir el fracaso escolar y mejorar la calidad de la enseñanza, no haya ningún plan de inversión en la enseñanza pública que permita crear nuevos centros, mejorar las infraestructuras, contratar más profesores y profesionales sociales, reducir ratios, incrementar las becas... y que, por ejemplo, en 2º de la ESO el Área de Sociedad, Cultura y Religión tenga las mismas horas lectivas que materias fundamentales como Ciencias de la Naturaleza, Geografía e Historia o Matemáticas, o en 1º de bachillerato tenga las mismas horas que la asignatura de Filosofía. O que en la primaria se recorten horas a enseñanzas fundamentales en esas edades como la educación musical o artística para dar más peso a la religión, siguiendo al dictado los deseos de los sectores más reaccionarios de la Iglesia. Es una vergüenza que mientras el Sr. Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal, hace bochornosas declaraciones afirmando que “la religión es igual de científica que, por ejemplo, las matemáticas”, ningún miembro del Gobierno haya salido desmarcándose de tal aberración. Este silencio no es más que la confirmación de que estamos en manos de un gobierno reaccionario que se debe a estos sectores. ¿Es así como el PP pretende mejorar nuestra educación?

‘Cristianización’ de

los inmigrantes

Además, como ocurría antiguamente cuando la Religión y la Ética eran computables, la asignatura de religión se convertirá en la típica asignatura maría, fácil de aprobar y de sacar “notables “ y “sobresalientes” que repercutan en el expediente académico. Esto discriminará aún más a aquellos estudiantes que no opten por esta asignatura, puesto que esta medida será utilizada para torcer el junco a favor de la asignatura de religión, consiguiendo que el número de alumnos matriculados en ella sea mayor y que así la enseñanza doctrinaria siga teniendo un enorme peso en el sistema educativo, cuando en la realidad lo que la Iglesia tiene es una enorme crisis precisamente porque es percibida por la mayoría de la sociedad, incluidos un gran número de creyentes, como una institución del lado de los poderosos, al margen de los problemas de la gente normal y muy retrógrada. Tampoco es casualidad que esta ofensiva religiosa del PP coincida con la ofensiva racista de la derecha española contra los inmigrantes —como estamos viendo con los sucesivos endurecimientos de la Ley de Extranjería—. Aznar y compañía, en connivencia con los obispos y cardenales, se ha marcado la labor de “cristianizar” a los inmigrantes. En lugar de ofrecer unas condiciones de vida dignas, los empresarios españoles esclavizan a los inmigrantes y les condenan a vivir en la marginalidad —fuente de conflictos— y, mientras a sus hijos en las escuelas se les impone la fe católica, siendo esto un paso más en la integración forzosa que contempla otros puntos de la Ley de “Calidad”.

La derecha española tradicionalmente ha estado vinculada a la jerarquía eclesiástica. Pilar del Castillo pretende hacernos retroceder décadas y volver a los tiempos de Franco cuando el Estado era confesional, poniendo de manifiesto el verdadero carácter retrógrado del Partido Popular, que gobierna sólo en beneficio de la patronal de la enseñanza privada y de la jerarquía eclesial. Es una vergüenza que un Estado aconfesional como el Estado español tenga que soportar este intrusismo de la Iglesia Católica.


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