Las bandas juveniles son un fenómeno que muchos creíamos patrimonio de las películas americanas. Pero no es así. Los medios de comunicación nos ponen al día de los detalles: sus símbolos, pomposos nombres, rituales iniciáticos, complicados saludos, r Las bandas juveniles son un fenómeno que muchos creíamos patrimonio de las películas americanas. Pero no es así. Los medios de comunicación nos ponen al día de los detalles: sus símbolos, pomposos nombres, rituales iniciáticos, complicados saludos, rivalidad entre distintos clanes y violencia gratuita. Esta violencia ha sido en su mayoría orientada de unas bandas a otras y ha culminado en algunas ocasiones en apuñalamientos como el que acabó con la vida de Wilson Fernando, miembro de una de estas bandas, con tan solo 17 años.

Decenas de estudiosos se han puesto a explicar las causas del fenómeno pero, en general, sólo se dan explicaciones de tipo psicológico o cultural. La conclusión, prácticamente unánime, de los analistas es la siguiente: esta exótica parafernalia es ajena a nuestras costumbres, si hay bandas es porque alguien las ha traído, si hay bandas es porque hay inmigración. La xenofobia está servida.

Pero detrás de la existencia de esas bandas hay una realidad: una auténtica descomposición social a la que el capitalismo ha llevado a los países de Latinoamérica, y a buena parte de la población norteamericana y del mundo. El capitalismo es la ley de la selva, lleva a millones de familias a un callejón sin salida y a la emigración. Cuando han llegado al Estado español, con la esperanza de poder conseguir los recursos suficientes para seguir malviviendo y mantener a sus familias allí, ese mismo capitalismo les ha ofrecido más explotación y humillaciones en una vida como persona “ilegal”. Mantener a la población inmigrante sometida a esta situación es interés común de los empresarios de este país, que se ahorran un buen dinero con esta explotación salvaje, De hecho, una parte importante del crecimiento económico se apoya sobre las espaldas de este sector social. Para conseguirlo tienen que aislar, marginar, e intentar segmentar en guetos a estas personas, separarlos y enfrentarlos entre ellos, entre las distintas procedencias nacionales y, por supuesto, separarlos y enfrentarlos de la población española. Éste es el ambiente en el que se crean las bandas.

Silencio sobre las bandas fascistas

El tratamiento mediático que está teniendo la cuestión de las bandas juveniles deja clara la intención de la burguesía: utilizar ese fenómeno como un elemento más para enfrentar y criminalizar a los inmigrantes y dar un paso más en su aislamiento de la población nativa, introduciendo el veneno de la división de la clase trabajadora en líneas nacionales.

Hace poco, en un programa de “cotilleos” en Telemadrid se abundaba en la idea de que las bandas de jóvenes inmigrantes van armadas y actúan con total impunidad contra los “jóvenes nacionales” indefensos. Era obvio que se estaba dando una explicación “razonable” y socialmente admisible a la formación y actuación de bandas fascistas. De hecho, la Jefatura Superior de Policía y la Guardia Civildan el dato de 125 casos de delitos en los que en los que este grupo ha participado. Según ese mismo informe, la cifra de los delitosde las “bandas latinas” ha sido de 20.¡Seis veces menos!

Es ridículo pensar que todos los inmigrantes son delincuentes que están en bandas. No es casualidad, además, que esta campaña se realice cuando es precisamente entre los inmigrantes latinos donde hay más politización debido a la situación de lucha y revolución que se vive en sus países.

Por supuesto que debemos combatir en nuestros barrios, en nuestros colegios, en nuestros institutos, etc. la delincuencia, la violencia, la droga. Pero debemos hacerlo teniendo muy claro que la base de todo eso son las condiciones sociales que genera el capitalismo y que para luchar contra el capitalismo es necesario combatir el veneno de la división y el odio nacional entre la juventud y los trabajadores.


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