El juez declara nulo el despido de Emilio Domínguez El pasado 20 de marzo se hizo pública la sentencia de Roca Radiadores, declarando nulo el despido, y obligando a la empresa a la inmediata readmisión.

En los ocho meses transcurridos desde el despido hemos insistido repetidamente en que se trataba de una clara represión sindical y que la excusa que la empresa planteaba en la carta de despido no era más que una cortina de humo para encubrir un ataque contra aquellas posiciones sindicales más combativas que estaban teniendo un apoyo mayoritario en el último período en la fábrica, y habían introducido un ambiente de disposición a la lucha en el ánimo de los trabajadores. Pretendiendo también con el despido dar un escarmiento que paralizara esta dinámica de lucha.

Es importante recordar algunos de los acontecimientos que se han producido en el último período. En el año 2000 la empresa trató de eliminar la bonificación económica que compensaba los descuentos por pérdidas que arbitrariamente nos quitan de la nómina cada mes. Tras discutir la situación, los trabajadores de la sección de porcelana amenazamos con una huelga y la empresa retrocedió, siendo conocido y comentado en otras secciones de la fábrica este hecho.

El malestar por las condiciones de trabajo (el incremento continuado de los ritmos de producción, que se traduce en numerosas lesiones musculares, bajas por depresión, incluso con la muerte de dos trabajadores por infarto en los dos últimos años) se intensifica y los trabajadores reclaman al comité luchar para acabar con esta situación.

En estas circunstancias se inicia el proceso de negociación colectiva donde se percibe de manera clara la disposición a la lucha por parte de los trabajadores. Presionados por este ambiente, y ante la negativa permanente de la empresa a conceder las reivindicaciones fundamentales que figuraban en la plataforma del Convenio Colectivo, el comité convoca dos jornadas de huelga que son secundadas por el 100% de la plantilla —rompiendo con la dinámica de años sin movilizar a los trabajadores—. La empresa, fruto de las huelgas, hace algunas concesiones que los trabajadores consideran insuficientes y que son rechazadas mayoritariamente en el referéndum convocado por el comité de empresa.

El ambiente es extraordinariamente combativo. Los trabajadores piden que el comité convoque una nueva jornada de lucha. Pero lejos de apoyarse en esta fuerza y de respetar la votación de los trabajadores, el comité firma el convenio con la empresa.

En el transcurso de todos estos acontecimientos, los marxistas de El Militante repartimos masivamente hojas denunciando los ritmos de trabajo, defendiendo la plataforma del convenio que los trabajadores consideraban más justa e insistiendo en que luchando los trabajadores podíamos conseguir nuestras reivindicaciones.

Tras la firma del convenio se crea un malestar generalizado entre los trabajadores que se expresa en la desafiliación de UGT y CCOO por parte de algunos de ellos. Nosotros lo combatimos, insistiendo en la idea de que los trabajadores tenían que seguir en sus sindicatos luchando en su seno para defender una política más combativa y quitar de la dirección a aquellos representantes que no respetaran su opinión. El malestar también tuvo su reflejo en la recogida de más de 800 firmas pidiendo la dimisión del comité de empresa y la celebración de nuevas elecciones sindicales.

Es en este contexto cuando se produce el despido, concretamente el 25 de julio. Inmediatamente elaboramos una hoja explicando las auténticas razones del despido y la necesidad, por parte del comité de empresa y de las secciones sindicales, de plantear un plan de lucha inmediato contra este ataque, que no era sólo contra el compañero Emilio sino contra el conjunto de los trabajadores y el movimiento sindical. Esta respuesta inmediata era totalmente necesaria pues la empresa había elegido la fecha del despido coincidiendo con el período vacacional de la mitad de la plantilla para tratar de impedir cualquier respuesta.

Desgraciadamente tanto el comité de empresa como las secciones sindicales de CCOO y UGT plantearon que había que esperar hasta septiembre y ni siquiera emitieron un comunicado pronunciándose de una manera abierta contra el despido y amenazando con un plan de lucha. A pesar de la posición que mantuvieron las direcciones sindicales, los compañeros de El Militante informamos a todos los trabajadores e hicimos un llamamiento a una concentración en la puerta de la fábrica en la que participaron 200 trabajadores y en la que recogimos 300 firmas contra el despido. Desde septiembre hasta la fecha hemos sacado numerosas hojas en la que hemos combatido las calumnias y las mentiras transmitidas por la dirección de la empresa orientadas, por una parte, a justificar el despido, y por otra a introducir dudas entre los trabajadores sobre los auténticos motivos del mismo. Hemos realizado reuniones con los trabajadores para explicar las verdaderas razones de este despido, creamos un comité de apoyo para conseguir la readmisión y para colaborar en la campaña de reparto de hojas, elaboración de pancartas, etc. También nos dirigimos a la población de Viladecans con varios repartos en los mercados municipales recibiendo la solidaridad de otros trabajadores.

A lo largo de todos estos meses hemos insistido reiteradamente a la dirección de CCOO y UGT así como al comité de empresa en la necesidad de dar una respuesta contundente ante este ataque para cambiar la postura de la empresa. Esto se concretó en la petición de la convocatoria de una jornada de huelga que coincidiera tanto con el acto de mediación como con las sucesivas vistas del juicio que han tenido lugar. Una vez tras otra nos hemos enfrentado a la negativa a organizar la más mínima acción de lucha; lo único que hicieron los dirigentes de UGT y CCOO fue emitir un comunicado en el que, aunque manifestaban su oposición al despido, hacían recaer la imposibilidad de una solución negociada en las hojas que se habían distribuido y no en el aspecto central que era que la empresa optaba por este despido como una represalia contra la actividad sindical realizada.

Esta actitud de la dirección de UGT y CCOO ha chocado, a lo largo de estos meses, con el apoyo de una parte considerable de los trabajadores, que se encontraban sin la posibilidad de movilizarse contra este ataque pues no se convocó ninguna huelga. Esto se puso de manifiesto en las colectas que se realizaron en la puerta de la empresa donde se recogieron unas 180.000 pesetas, así como en la presencia de trabajadores en las diferentes vistas y, sobre todo, en el interés y la solidaridad que nos manifestaban cada vez que repartíamos hojas en la puerta de la fábrica informando del desarrollo de los acontecimientos.

Hoy podemos afirmar más que nunca que teníamos razón. En las sucesivas vistas del juicio todos los argumentos esgrimidos por la empresa carecían de toda base, poniéndose de manifiesto que en realidad se trataba de una clara persecución sindical.

De la misma manera que cuando se produjo el despido insistíamos en la idea de que era un ataque contra el conjunto de los trabajadores y del movimiento sindical, esta sentencia no la valoramos como una victoria individual, sino como una victoria de los trabajadores de Roca y del movimiento sindical. La empresa va a tratar de continuar con sus ataques. Es conocida su intención de segregar partes de la fábrica en un intento de dividir a los trabajadores, aumentar los ritmos de producción y, en un futuro inmediato, justificar despidos. Frente a esta situación los trabajadores vamos a tener que luchar; no es sólo un objetivo por parte de la dirección de la empresa, sino que se enmarca dentro de la política general de la patronal que se podría resumir en menos salarios, más trabajo eventual, más ritmos de producción, más empleo precario y más jornada laboral. A pesar de que Roca obtuvo en el año 2000 72,95 millones de euros (12.138 millones de pesetas), duplicando los beneficios de hace cuatro años, en el anterior convenio la subida salarial se redujo al IPC. Esto se está produciendo también en otras empresas: SEAT y PRINTEL plantean una reducción de los salarios en un 30% para los nuevos contratos. En el caso más reciente de LEAR pretenden cerrar la fábrica de Cervera mientras acumula beneficios históricos, dejando en la calle a 1.200 trabajadores. Este panorama de la lucha de clases debería hacer reflexionar a los dirigentes de CCOO y UGT en Roca sobre la política sindical que han defendido en los últimos años. Los trabajadores necesitamos unos sindicatos combativos, democráticos, que defiendan nuestros derechos y que luchen por mejorar nuestras condiciones de vida. Tanto Roca como el conjunto de los empresarios siempre quieren más beneficios y eso sólo lo pueden conseguir empeorando nuestras condiciones de vida y reduciendo nuestros salarios. Impedir esto sólo puede conseguirse luchando. Así lo están poniendo de manifiesto los trabajadores con la participación masiva en las movilizaciones que han tenido lugar en la Cumbre Europea de Barcelona y en Italia, donde más de dos millones de trabajadores se han manifestado contra el intento del gobierno de modificar el Estatuto de los Trabajadores que pretende cambiar el artículo con respecto al cual en caso de despido improcedente es el trabajador quien decide entre la readmisión o ser indemnizado. Este es el camino. Los marxistas de El Militante queremos agradecer el apoyo que hemos recibido de los trabajadores de Roca así como de otras empresas, y manifestamos nuestra disposición a seguir luchando de manera incansable en la defensa de los intereses de los trabajadores, por un sindicalismo combativo y democrático y por la transformación socialista de la sociedad.

Únete a nosotros para conseguir estos objetivos.


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