La autodenominada "prensa independiente", en realidad sólo lo es de los trabajadores. Así podemos ver que, cuando se produce un accidente laboral, la noticia se enfoca igual que cuando se produce una desgracia de cualquier otro tipo, como obra delLa autodenominada "prensa independiente", en realidad sólo lo es de los trabajadores. Así podemos ver que, cuando se produce un accidente laboral, la noticia se enfoca igual que cuando se produce una desgracia de cualquier otro tipo, como obra del azar y del infortunio. Pero lo cierto es que los índices de siniestralidad laboral y baja por accidente se incrementan cada año. Desde los pequeños golpes y heridas superficiales, de los que no hay estadísticas, hasta las defunciones hay toda una escala que se explica por una carencia sistemática de medidas de seguridad.

Constantemente hemos de trabajar con guantes agujereados. Las botas de seguridad te las dan cuando llevas las otras destartaladas, arrastrando las suelas o colocando con las manos la pieza de hierro que protege los dedos. La gafas, necesarias para que no se te metan cosas en los ojos, tampoco es usual verlas. Y cuando te las dan son de un material plástico malo que enseguida se raya y que el trabajador ha de dejar de lado porque, si no, no ve lo que hace. Ya no recuerdo la última vez que vi un arnés en la obra, igual da que estés haciendo palanca en lo alto de un andamio. Como me contestó el jefe de una empresa de Alcobendas cuando se lo pedí: "¿Para qué quieres arnés? ¡Un chaval joven y fuerte como tú...!" A lo mejor, para seguir siéndolo.

Las innovaciones tecnológicas, de la que tanto les gusta hablar a los periodistas, también brillan por su ausencia en las obras, y así, seguimos trabajando básicamente con las mismas herramientas del pasado. Da igual si nos dejamos la espalda o los riñones en la obra: lo que sobran son trabajadores. Dejando a un lado las obras grandes de mucho presupuesto, lo normal es que nos cambiemos en la misma caseta de las herramientas y que a falta de una taquilla colguemos la ropa en un clavo. Si no tenemos vestuarios, no hablemos de duchas o de comedores: dúchate en casa y come... a pie de tajo.

La idea que circula por la calle de que nuestro convenio es alto no debemos tomarla al pie de la letra, excepto en el sentido de que otros convenios son aún peores. Como tantos compañeros de otros sectores, nosotros debemos complementar nuestro salario, de por sí pequeños, con la realización de horas extras. Tampoco es justo acusar al compañero que echa horas de insolidario, aunque sea soltero y el sueldo sin horas le llegue a fin de mes, al empresario no le interesa un trabajador que sólo hace sus 40 horas. ¡Hasta en las grandes empresas que cotizan en Bolsa, como FCC, hemos echado nosotros entre 55 y 63 horas semanales!

Pero tal vez lo peor de la construcción sea la eventualidad orgánica, con la incertidumbre respecto al mañana, problemas a la hora de financiar cualquier compra...

La explicación de todo eso es muy sencilla: cualquier descuento que se pueda hacer en "sueldos y salarios" va a parar a la cuenta de beneficios del empresario.


Teoria Marxista

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