Teoría marxista

Hace setenta años los trabajadores austriacos fueron los primeros en Europa que emprendieron la lucha armada contra un régimen fascista en ascenso.
Después de una agonía de días y una decadencia física de meses, Juan Pablo II, el Papa más anticomunista y reaccionario que ha pisado la curia vaticana desde los tiempos de Pio XI, ha muerto. Tras 28 años de pontificado caracterizado por una involución de todos los aspectos de la vida eclesial, la figura de Juan Pablo II está siendo cubierta con la púrpura del elogio y la adulación más empalagosa. Una campaña en la que los medios de comunicación rivalizan por fabricar una biografía desmedida de un hombre al que sólo los más poderosos del planeta pueden guardar gratitud. Los oprimidos, los explotados y los marginados del mundo entero sólo han cosechado el despecho y los consejos farisaicos del mandatario del Vaticano: “Os salvaré del pecado, pero no de la injusticia” ha sido su máxima pontifical.
Mucho antes de la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975, era palpable la crisis del régimen. La ofensiva del movimiento obrero, la oleada de huelgas, el desafió de amplios sectores de la juventud, mostraba la imposibilidad de sostener el capitalismo español sobre la base de un régimen represivo y desacreditado ante los ojos de millones. Sectores importantes de la burguesía, que durante casi cuatro décadas se había beneficiado y había apuntalado a la dictadura, empezaban a marcar distancias con ella. De la misma forma, en la base de la Iglesia católica, la misma que había apoyado los crímenes del franquismo otorgándoles el carácter de “cruzada contra el comunismo”, el efecto de la lucha obrera se dejaba sentir: la contestación surgía en sus filas. Incluso en el ejercito, el “glorioso ejército del 18 de julio” aparecían fisuras y tensiones y se organizaba una oposición democrática entre sectores de la oficialidad.
Cuando se cumplen 30 años de la muerte del dictador español, ocurrida el 20 de noviembre de 1975, creemos que es útil y necesario la publicación de este análisis, escrito en 1995, y que se trata de un análisis de la transición a la democracia tras el fallecimiento de Franco. Este artículo fue publicado originalmente en la revista Marxismo Hoy nº 9
Vestido con traje deportivo, con una gorra en la mano, ligeramente arremangado: así nos mostraba El País al rey Juan Carlos el pasado 22 de noviembre . Es evidente lo que nos quieren revelar: un hombre como otro cualquiera, normal, cercano, que no parezca que lleve un gran peso sobre su cabeza… la Corona. Es importante la imagen pues hay que mostrar que hoy los reyes no son esos seres sin corazón que obligaban a sus súbditos a arrodillarse en su presencia. No, éste es un rey “diferente” y sobre todo democrático y aceptado. Entonces, ¿por qué del año 2000 al 2005 ha crecido en 15 punstos, hasta un 34%, el número de aquellos que piensan que la monarquía “ha cumplido su misión en la historia”? ¿Por qué los que creen que sigue siendo necesaria esta institución han pasado de un 72% a un 59%, según un estudio de El País? El Mundo da otro dato más interesante: por primera vez desde la caída de la dictadura una mayoría de jóvenes (38%) prefiere la república frente a la monarquía. ¿Puede ser que nuestro elegante, dicharachero y especialmente democrático rey no sea visto precisamente así por un sector cada vez mayor de jóvenes y trabajadores?
El intento de golpe de estado de Tejero y de Bosch, ha sido una gran advertencia para la clase trabajadora. Tras cinco años de “transición”, los fascistas y torturadores, enemigos viscerales del movimiento obrero, en sus esos puestos.
Resulta gracioso escuchar como las direcciones de PSOE e IU alaban la figura del Rey y su papel en la transición, cuando todos sabemos que las conquistas sociales y derechos democráticos que se consiguieron en los años 70 no fueron fruto de la buena
Junto a la Iglesia de San Francisco alguien había escrito con sangre la palabra JUSTICIA y habían puesto un zapato, unas piedras y dos trozos de rama formando una pequeña cruz. La intervención policial para disolver una Asamblea de trabajadores en una iglesia, con gases lacrimógenos y armas de fuego, había provocado una tragedia: dos obreros asesinados directamente en el lugar de los hechos, cuatro heridos muy graves de los cuales tres morirían, más de sesenta heridos graves, la mitad con heridas de bala, y cientos de heridos leves.

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