Revolución española y memoria histórica

La proclamación de la Segunda República, fue un acontecimiento que supuso un salto cualitativo en un proceso que venía desarrollándose desde hacia largo tiempo; el grado de putrefacción del régimen había llegado a tal punto, que un nuevo golpe fue suficiente para que la monarquía cayese.

El rasgo esencial de cualquier periodo revolucionario, y el Estado español había llegado a uno de ellos en 1931 con la caída de la monarquía y la llegada de la república, es la irrupción de las masas en la escena de la historia. Al contrario, en losp

La Comuna Asturiana salvó al proletariado de una derrota decisiva. A pesar de la feroz represión que desató el gobierno —3.000 obreros muertos, 7.000 heridos, más de 30.000 encarcelados— la reacción no logró imponer una derrota a nivel global. Como en el resto del Estado las masas sólo habían hecho huelgas, sus filas estaban intactas. Se ofreció una seria resistencia a los intentos de Gil Robles de clausurar los sindicatos, aparecieron órganos ilegales para sustituir a la prensa obrera confiscada, se hicieron huelgas generales cuando se ejecutó a los prisioneros de Octubre y, tres meses después, los sindicatos clausurados cobraban las cuotas tan regularmente como antes.

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