Contra el capitalismo y la burocracia corrupta, ¡todo el poder político y económico para los trabajadores y el pueblo!

Derrotemos el golpe del imperialismo y la derecha con la movilización independiente de la clase obrera

La clase obrera venezolana se encuentra paralizada, dispersa y sometida a la miseria más prolongada que haya vivido en su historia. El trabajo improductivo está extendido nacionalmente; la burguesía ha bajado la producción a límites nunca antes vistos, siendo la práctica más común de los empresarios el cierre de empresas para dedicarse a actividades especulativas. El asesinato, la represión estatal y delincuencial contra los trabajadores, líderes obreros y campesinos ha aumentado brutalmente, con la complacencia de una burocracia que es responsable de la descomposición económica, el contrabando ilegal, la especulación comercial y financiera, permitiendo los altos costos de la alimentación, y medicamentos, dejando que se deterioren los principales servicios públicos y las empresas estratégicas, en la misma línea política que utiliza la burguesía para humillar a los trabajadores.

El gobierno imperialista de Donald Trump, los gobiernos reaccionarios y anti obreros de Colombia y Brasil y la propia oligarquía venezolana intentan aprovecharse de esta situación, y que ellos mismos han agravado, con su criminal bloqueo económico y constantes ataques, para promover un golpe de estado e intentar llevar a Miraflores a una marioneta política, como, por ejemplo, al dirigente del partido ultraderechista Voluntad Popular, Juan Guaidó.

¡Que nadie se engañe! Guaidó habla cínicamente en sus discursos de democracia, reconciliación, hasta de prometer a los trabajadores del sector público recuperar las tablas salariales, los contratos colectivos o la antigüedad, que el gobierno de Nicolás Maduro, en lugar de mantener y mejorar, como lo hizo en su momento Chávez, decidió recortar. Guaidó demuestra con estas falsas medidas que sería un gobierno del empresariado privado a quienes ni nombra en estos discursos, como todo enemigo encubierto de los trabajadores.

Un gobierno pro-imperialista de EEUU lo que haría es aplicar la propuesta del "Plan País", que consiste en privatizar PDVSA y otras empresas públicas, suponiendo con ello la destrucción de miles de puestos de trabajo en el sector público y privado, continuar con la entrega de los recursos del país y de aquellas empresas públicas que sean rentables a las multinacionales y empresarios que le apoyen, de la misma manera que lo están haciendo los gobiernos de Argentina, Colombia o Brasil a manos de los presidentes Macri, Duque o Bolsonaro con: privatizaciones, despidos masivos, recortes en los gastos sociales, saqueo y destrucción de los recursos naturales y el medio ambiente, o los incrementos de precios de todos los servicios (agua, luz, gas, teléfono, etc.) y, por supuesto, una escalada de la represión contra la organización y movilización obrera, estudiantil, campesina y popular.

La clase obrera debe prepararse y organizarse para enfrentar cualquier ataque, venga de donde venga. Así se alcance o no un acuerdo entre los países imperialistas (EEUU, UE, China y Rusia), la derecha opositora y el gobierno en la mesa establecida por el grupo de contacto en Noruega, los planes económicos que tienen todos ellos para Venezuela significan gestionar la crisis del capitalismo, cargando sus consecuencias sobre los trabajadores. Eso significa que indudablemente nos llevaran a un mayor sufrimiento y caos.

La historia se ha escrito para aprender y la lucha de clases es el motor de la historia

Las grandes conquistas de los trabajadores venezolanos han sido el resultado de las luchas, nada nos ha sido regalado. La crisis mundial de 1929 agudizó y preparó las condiciones para la primera Huelga Nacional en Venezuela en 1936, planteándose tanto reivindicaciones económicas como políticas: por agua fresca, un aumento de salario, derogación del decreto de suspensión de garantías constitucionales, libertad de los presos políticos, destitución de los funcionarios gomecistas, etc. Se extendieron acciones a nivel nacional; el salto cualitativo de la conciencia se expresó en determinadas zonas, con la formación de guardias cívicas y milicias armadas para conservar las conquistas logradas en los primeros choques con el orden gomecista.

A pesar de las limitaciones legales, la inexistencia de leyes laborales y las dictaduras de gobiernos, los dirigentes mostraron gran audacia revolucionaria, apoyándose en las masas obreras. Intentar crear una organización sindical petrolera, presentar un pliego de peticiones y/o crear un fondo de resistencia, conllevaba a que los principales líderes fueran despedidos o encarcelados. Pero esas condiciones les colocaron en la necesidad de replantear las tácticas para minimizar la represión, el sacrificio para organizar al movimiento después de su jornada de trabajo -noches y domingos-, la creación de periódicos y prácticamente un funcionamiento clandestino, desarrolló con fuerza al movimiento.

Al surgir la CTV, la burguesía se lanzó por su control. Tras la insurrección que tumba a Pérez Jiménez en 1958, la dirección de izquierda decide apoyar al vicealmirante Wolfgang Larrazábal y su programa de reformas burguesas, en lugar de promover la revolución socialista. Esto permite que la oportunidad de encauzar todo el deseo de un verdadero cambio revolucionario que había entre los trabajadores sea desaprovechada y da margen de maniobra a la burguesía y al imperialismo para que organizara el Pacto de Punto Fijo y llevara a cabo una agresión fuerte contra los dirigentes luchadores, arrojándolos a adoptar fatalmente la vía de la lucha guerrillera y abandonar al movimiento obrero en manos de la dirección reformista y de derecha.

La insurrección del 89 y la Revolución Bolivariana muestran nuevamente el empuje del pueblo y la falta de una dirección revolucionaria

Tanto durante las luchas que se dieron bajo la IV República, como en El Caracazo o durante el proceso bolivariano (especialmente durante el período marcado por el ascenso de la movilización revolucionaria de las masas, antes del actual retroceso que han producido las políticas de la burocracia) el movimiento obrero no ha dejado de luchar en ningún momento.

Aunque no todas las luchas son triunfos, de las derrotas se sacan experiencias muy valiosas y esa acumulación de capital político no se puede despreciar. A comienzos del 2003 llega el nacimiento de la nueva central sindical revolucionaria Unión Nacional de Trabajadores, UNETE. Aunque la dirección de la misma se designó mediante un acuerdo por arriba entre dirigentes, sin participación de las bases, el surgimiento de la UNETE, su rápido crecimiento e incluso muchos acuerdos y reivindicaciones impuestos por las bases en su I Congreso reflejaban las tremendas ganas de luchar y avance en la conciencia de la clase obrera venezolana. A la par de las magníficas experiencias de verdadera gestión obrera de la producción en mano de los trabajadores, como, por ejemplo, en Sanitarios Maracay, INVEVAL, VIVEX y otras, así como el desarrollo de nuevos dirigentes dispuestos a construir un sindicalismo de clase, democrático y asambleario, están los casos de Café Fama de América, Singetram-Mitsubishi, etc. Las conquistas de convenciones colectivas que superaban los derechos de ley, la reforma (en el año 2005) de la LOPCYMAT, ley que mejora la seguridad, condiciones y medio ambiente de trabajo, y las reivindicaciones de carácter particular, fueron el resultado de toda una época de auge revolucionario.

Existían todas las condiciones para convertir en realidad, con total independencia y táctica revolucionaria, el programa de lucha que se había planteado desde el principio esta central UNETE. Pero el II Congreso no giró en torno a ello. Dicho Congreso era una oportunidad de oro para plantear un programa y un plan de acción que pusiera a la clase obrera al frente de todos los oprimidos, organizando la toma de las empresas abandonadas y exigiendo al mismo tiempo la expropiación de todas éstas, así como de los bancos y las grandes empresas, para ponerlos bajo la gestión directa de la clase obrera. Este programa, unido a una táctica flexible, dirigiéndose a las bases obreras y populares del chavismo y al propio Chávez, que en ese momento giraban a la izquierda, habría permitido derrotar los planes de la dirección burocrática de la FBT y de la burocracia del Estado de paralizar y dividir a la UNETE. Sin un plan de acción y táctica que permitiesen unir a la inmensa mayoría de delegados al congreso y aislar a los sectores burocráticos, el debate se centró en las provocaciones de estos. El resultado fue una confrontación de peleas donde fácilmente los que eran reconocidos como dirigentes más a la izquierda cayeron en el juego de la burocracia.

Acabar con la actual catástrofe, exige la unidad de la izquierda que defiende un genuino programa obrero y campesino

Todas las conquistas del movimiento obrero están siendo brutalmente destruidas en este momento. Los capitalistas y la burocracia se aprovechan de la traición de dirigentes reformistas que se han pasado a las filas de la burocracia estatal y la “boliburguesía”, a las de la burguesía de toda la vida y la derecha golpista, para llevar adelante políticas contra los trabajadores

En la búsqueda de la unidad del movimiento obrero, es importante reflexionar sobre la política y el método que cada dirigente y cada organización ha asumido en el período anterior. A los marxistas la historia debe servirnos para su análisis y estudio, para de esta manera sacar las conclusiones de los errores y logros del pasado e intentar mejorar y no repetir lo malo.

Uno de esos errores es el de quienes dan la espalda o desprecian a los obreros que se declaran chavistas, metiéndolos en el mismo saco que la burocracia que se disfraza de rojo y se dice revolucionaria para ocultar su carácter capitalista. Otro, el de quienes, para supuestamente no separarse de esos obreros chavistas, abandonaron cualquier crítica y se disolvieron dentro de la CBST y del PSUV, renunciando a defender un programa verdaderamente socialista que plantease acabar con el dominio de los capitalistas y la burocracia y que todo el poder pase a manos de los trabajadores y el pueblo.

Es importante entender los momentos históricos revolucionarios y el papel que debe jugar una vanguardia política obrera, como señalaban muy bien Trotsky y Lenin: “La fuerza temporal de los socialpatriotas y del ala oportunista de los bolcheviques —escribía Trotsky— consistía en que los primeros se apoyaban en los prejuicios e ilusiones corrientes de las masas, mientras que los segundos se adaptaban a ellos. La fuerza principal de Lenin estribaba en comprender la lógica interna del movimiento y en dirigir su política de acuerdo con ella. No imponía sus planes a las masas, sino que ayudaba a éstas a tener conciencia de sus propios planes y a realizarlos. Cuando Lenin reducía todos los problemas de la revolución a la fórmula ‘explicar pacientemente’, quería decir que era preciso poner la conciencia de las masas en armonía con la situación en que el proceso histórico las había colocado” [1]. Creemos que esta reflexión sigue y seguirá vigente en las futuras luchas de clase.

Una de estas luchas, que deja importantes lecciones, fue el fracasado intento de querer construir una organización de trabajadores como la intergremial ITV. En este proceso participaron factores de la derecha sindical y viejos dirigentes de la CTV, que a pesar de haberse comprometido en las asambleas realizadas a finales del año 2018 en llevar adelante un programa de lucha obrera, de manera independiente, a la primera oportunidad que tuvieron, a principios del año 2019, traicionaron lo acordado en las asambleas y se lanzaron a apoyar el golpe de estado de Guaidó y salieron respaldando sus programa “Plan País” y apoyando la injerencia del imperialismo estadounidense, que con sus amenazas y bloqueo sólo pretende seguir actuando en Venezuela y toda América Latina como si fuésemos su patio trasero. Apoyando a la derecha golpista y proimperialista, estos dirigentes de la CTV y la derecha sindical están traicionando, como es ya su costumbre, los intereses de la clase obrera, conllevando de manera casi inmediata la ruptura de la mayoría de las organizaciones de izquierda que participaban en esta nueva herramienta de los trabajadores.

Ahora ha nacido, desde el pasado 10 de mayo, una nueva organización “Trabajadores en Lucha”, con una proclama y programa de lucha más definido en su carácter clasista, donde rechazan abiertamente la injerencia extranjera como también el intento de golpe de estado de la derecha y la política anti obrera de la burocracia y del gobierno. Su encuentro contó con más de 100 dirigentes obreros de distintas empresas, tanto públicas como privadas, de todo el país e incluso de importantes organizaciones de izquierda, incluyendo las que participaron en la ITV. Hubo un debate de aproximadamente cinco horas en la reunión fundacional y se llegó a la conclusión de la necesaria importancia de reconstruir la unidad del movimiento con total independencia y luchar decididamente por el programa acordado.

Desde Izquierda Revolucionaria hacemos un llamado al FNLCT y Trabajadores en Lucha

Es necesario que desde las organizaciones de izquierda que intervienen en el movimiento se envíe un mensaje de unidad muy concreto a los trabajadores. “Un puño golpea más fuerte que cinco dedos” decía Lenin. Tanto el FNLCT como Trabajadores en Lucha han demostrado ser instrumentos organizativos para el movimiento obrero y ambos programas de lucha coinciden en los aspectos esenciales de luchar contra la burguesía y la burocracia del gobierno que apuestan por atomizar cada vez más las luchas. Es hora de que demostremos en la práctica la superioridad de la unidad de acción como táctica revolucionaria.

A raíz de la crisis económica y social que atraviesan los trabajadores en Venezuela, reina una gran confusión, escepticismo y desespero, y no ven una alternativa real que los identifique con sus intereses de clase y sus principales necesidades a resolver, lo cual no se puede seguir permitiendo. Estar sometidos a la tortura diaria de buscar cómo alimentarse limita la participación política de los obreros, lo que debilita la comprensión rápida de la actual coyuntura y cómo enfrentarla. Por eso es importante impulsar un frente de izquierda de dirigentes revolucionarios consecuentes con el discurso y práctica, que construyan desde abajo, asistiendo a las fábricas, centros de trabajo, portones, calles, barrios y campos, relacionándose directamente con los obreros y sus principales problemas, ayudándoles a impulsar la organización de comités de acción independientes bajo un programa con las reivindicaciones de interés como clase revolucionaria, que permita unificar al movimiento de trabajadores, colocándola al frente de los próximos acontecimientos, la lucha por la conquista del poder y garantizar su futuro.

Izquierda Revolucionaria lucha y ayuda a construir la unidad en ambos sectores tanto en el FNLCT como en Trabajadores en Lucha y directamente interviniendo en el movimiento obrero venezolano. Al mismo tiempo, defendemos un programa de lucha que sirva para unificar a la clase obrera, ponerla al frente de todos los oprimidos y construir un auténtico Estado obrero revolucionario y una economía planificada democráticamente y gestionada directamente por los trabajadores y el pueblo, que de verdad abran el camino al genuino socialismo.

    Subidas automáticas salariales siempre por encima de la inflación, salario anclado al valor de la canasta básica, que cubra el costo real de vida de los trabajadores y reconocimiento de las convenciones colectivas.

    Ninguna destrucción de empleos y desinversión en empresas públicas y privadas. Reenganche inmediato de todos los trabajadores despedidos arbitrariamente. Libertad plena de los obreros encarcelados por luchar. Organicemos un plan de empleo productivo por medio de asambleas del pueblo trabajador

    Gestión obrera y popular directa de la administración de empresas públicas y privadas mediante asambleas generales de trabajadores, comités de acción autónomos de delegados o voceros, respeto a la libertad sindical y libres elecciones sindicales.

    Eliminación del secreto comercial de la banca, empresas, instituciones públicas y privadas, apertura de los libros de cuentas, informe público a la población, inventarios de almacenes de empresas a la inspección de los trabajadores y comités de vecinos. Juicio público y confiscación de todos los bienes de empresarios especuladores y burócratas corruptos.

    Monopolio estatal del comercio exterior bajo gestión directa de los trabajadores y el pueblo para garantizar alimentos, medicinas, a precios accesibles al igual que inversiones productivas.

    No al pago de la deuda externa. Luchemos contra los gobiernos imperialistas y por la unidad de la clase obrera y los pueblos por encima de las fronteras

¡Únete a Izquierda Revolucionaria para luchar en Venezuela y a nivel internacional por estas ideas!

NOTAS:

[1] L. Trotsky, ¿Y Ahora? Enero 1932 en la lucha contra el fascismo en Alemania.


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