El pasado 29 de junio un millón y medio de trabajadores salieron a la calle en Caracas para mostrar su apoyo al gobierno y advertir a la reacción que “si hay un nuevo 11-A habrá otro 13-A”. Los relatos y las fotos de la marcha no dejan lugar a dudasLos acontecimientos se suceden de manera vertiginosa desde los sucesos del 11 al 13 de abril, cuando la clase obrera puso fin a la intentona golpista de la reacción encabezada por la patronal, la iglesia, los corruptos dirigentes de la CTV y el imperialismo norteamericano. Ahora, la revolución y la contrarrevolución se preparan aglutinando sus fuerzas. Las fuerzas de la revolución han demostrado su superioridad de movilización y su apoyo entre los trabajadores, campesinos, estudiantes y pobres de Venezuela, es decir, entre la inmensa mayoría de la población. Pero dependerá de su capacidad de organización, decisión y dirección revolucionaria para que el proceso se decante a su favor.

La idea de que son los propios trabajadores y sectores oprimidos de la sociedad los que tienen que tomar las riendas del proceso revolucionario está germinando y creciendo dentro de los sectores más avanzados y combativos del movimiento bolivariano a raíz del 13 de Abril. En este sentido, las noticias que nos llegan desde Venezuela son alentadoras. Además de algunos artículos y trabajos en este sentido publicados en la Red Bolivariana, se ha constituido la Asamblea Popular Revolucionaria que, entre otras cuestiones, impulsa la coordinación a nivel nacional de las asambleas de trabajadores, vecinos, Círculos Bolivarianos, campesinos y estudiantes que se están formando. “Esta concentración [29 de junio] ha sido un paso muy importante en los avances de articulación del movimiento popular. Se hicieron enlaces con compañeros y organizaciones de toda Venezuela. Muchas de estas organizaciones son nuevas, nacidas -al igual que la APR- de la insurrección popular del 13 de Abril, pero todas comparten la necesidad de organizarnos mejor y enlazarnos a nivel nacional” (http://www.aporrea.org/). Otros grupos también caminan en el mismo sentido.

Ahora se trata de ver qué programa y acciones van a tomar estas plataformas en el sentido de dar organización y poder decisorio al movimiento.

Obviamente una de las primeras tareas que se plantea la Asamblea Popular Revolucionaria, es la coordinación a nivel nacional de todos los comités y asambleas locales, de fábrica, cuarteles o campesinos, con representantes elegibles y revocables en todo momento. Pero eso no sería suficiente.

En primer lugar hay que organizar la defensa de las conquistas logradas y el aplastamiento de la reacción. Para eso es imprescindible organizar comités armados de autodefensa de trabajadores, campesinos, estudiantes, vecinos y soldados en defensa de la revolución.

La reacción ya está armándose y es necesario dar una respuesta contundente. Se ha formado un grupo reaccionario llamado “Autodefensas Unidas de Venezuela”, constituido por militares retirados y en activo, que según se ha informado cuenta con 2.200 hombres “entrenados para combatir a los grupos guerrilleros colombianos” y que su objetivo es “cambiar el panorama político donde hoy impera el gobierno del narcoguerrillero Hugo Chávez”. Este grupo ya ha anunciado una reunión con el jefe de los paramilitares colombianos, Carlos Castaño.

Por otro lado curas de las zonas de clase media y alta de Caracas, como los párrocos de las iglesias Urbanización Manzanares, Cumbres de Curumu, La Floresta, Los Charros y otras hacen llamadas constantes a organizarse y armarse en comandos para “enfrentarse a los chavistas” a los que califican de “asesinos y drogadictos” animando a sus feligreses a “perseguir a los chavistas de la zona”.

Por eso no podemos quedarnos a mitad de camino. Además de los llamados a la movilización en general y las llamadas de alerta contra la reacción hay que decir a los trabajadores lo que está pasando ya, en estos precisos momentos, explicándoles la necesidad de una auténtica organización revolucionaria con capacidad de acción y respuesta contra las acciones de la contrarrevolución.

Desde diferentes corrientes del movimiento bolivariano se ha insistido en que es “un movimiento pacífico” y el propio Chávez en su alocución al pueblo el día 29 de junio hizo una llamada para “entregar las armas”.

Este llamamiento a entregar las armas, es francamente peligroso pues, de llevarse a cabo, sólo desarmaría al movimiento revolucionario. Por supuesto que los trabajadores no queremos violencia y deseamos un cambio pacífico. De hecho luchamos contra la violencia y las guerras que conlleva el capitalismo y donde se nos utiliza como carne de cañón. Nadie más que nosotros está interesado en vivir en paz. Esa es nuestra aspiración y por eso luchamos. El problema es que la reacción está armada y está preparándose y, por supuesto, hará caso omiso de cualquier llamada a la paz y al desarme. Sin embargo si los Círculos Bolivarianos y las asambleas populares que se están formando hacen caso a esta petición para demostrar que “somos pacíficos y no queremos violencia” la única realidad será que mientras los contrarrevolucionarios organizan con armas a sus escuadrones de choque para ayudar a la nueva intentona golpista que se está preparando, las fuerzas de la revolución estarán desarmadas e inermes ante estos ataques y sufrirán la violencia de la reacción, como ocurrió el 11 de abril.

Es evidente que Chávez con esta propuesta intenta evitar el argumento que está utilizando la derecha sobre que los Círculos Bolivarianos están armados., pero la solución no es la entrega de armas por parte de los revolucionarios, ya que aunque así fuera ni la derecha lo creería ni dejaría de utilizar ese argumento para intentar desprestigiar el movimiento bolivariano. Lo que tendría que hacer Chávez es denunciar precisamente la posesión de armas que tiene la reacción, los escuadrones que están preparando y a los mandos y oficiales golpistas que tienen acceso a las armas y contra los que el gobierno no ha tomado ninguna medida. Por otro lado, ese llamado al desarme además de no contentar a la derecha ni a la burguesía internacional, lo único que hace es provocar entre algunos sectores del movimiento, además de indefensión, la no comprensión de que es necesario prepararse de forma seria y contundente contra las acciones de la reacción.

Ya hay varios avisos de que la burguesía venezolana y el imperialismo estadounidense no han desistido de sus planes golpistas, como demuestran los movimientos y amenazas contra el gobierno de oficiales de la reserva e incluso en activo. Durante los días 12 y el 13 de abril los trabajadores venezolanos demostraron su capacidad revolucionaria bajando y tomando Caracas con las manos desnudas evitando la instauración de la junta militar. Pero esa magnífica demostración revolucionaria pagó su tributo. Hubo más de 40 muertos y cientos de heridos de bala. Aún así la represión no paró el movimiento. Reconocer la heroicidad de la clase obrera que paró el golpe no es suficiente. La labor de los revolucionarios es explicar lo que está pasando y tomar las medidas necesarias para evitar que vuelva a pasar y que vuelva a haber muertos en nuestra clase. La clase obrera no precisa de mártires ni asesinados. Queremos vivir en paz, pero para conseeguirlo es imprescindible armar a los trabajadores a través de los comités y asambleas de fábrica, barrio y cuarteles para defendernos.

No podemos tener miedo a la verdad. Los trabajadores de todo el mundo, que son los que realmente apoyan el proceso revolucionario de Venezuela, entienden perfectamente la necesidad de armarse y defenderse para evitar que la reacción utilice las armas contra la clase obrera, contra los revolucionarios. La burguesía internacional podrá seguir mintiendo sobre el proceso en Venezuela, pero el movimiento obrero apoyará sin fisuras la defensa de las conquistas revolucionarias. Los trabajadores en todo el mundo tienen una amarga experiencia sobre como la burguesía organiza asesinatos y acciones violentas contra dirigentes y movimientos de nuestra clase. El plantear la necesidad de que haya comités de autodefensa, armados y vigilantes para responder a los ataques que organiza la reacción, lejos de asustar a los trabajadores les mostrará el camino correcto para garantizar la victoria. No podemos permitir que ellos se armen hasta los dientes y nosotros para defendernos sólo dispongamos de nuestras manos desnudas.

Por otro lado, con ser esta tarea urgente no es la única. La burguesía venezolana está boicoteando la economía con el fin de forzar al gobierno de Chávez a tomar medidas perjudiciales para los trabajadores con el objetivo de mermar su apoyo y desmoralizar y desmovilizar al movimiento obrero.

Las últimas medidas anunciadas por los ministros de Economía y Planificación, aún a pesar de que todavía estén pendientes de ser aprobadas por la Asamblea Nacional, van precisamente en la dirección que desea la oligarquía, como reconocía El Nuevo Herald cuando al explicar los nuevos planes económicos decía que las medidas son “ortodoxas e inevitables”.

El anuncio de un aumento de los impuestos indirectos y el IVA, así como la eliminación de exenciones tributarias y subsidios a la gasolina, la venta de algunos activos públicos y la emisión de bonos de deuda pública y la devaluación de la moneda sólo favorecen a la oligarquía que ve como sus intereses son defendidos precisamente por el gobierno al que intentaron echar con un golpe de Estado y al que siguen boicoteando, incluso a pesar de estas demostraciones de “buena voluntad”. Chávez y sus ministros se equivocan si piensan que de esta manera evitarán un baño de sangre por parte de la burguesía y el imperialismo. Ni la oligarquía venezolana, ni la burguesía internacional ni el imperialismo norteamericano van a perdonar al movimiento bolivariano (ni por supuesto a sus dirigentes). No se quedarán tranquilos hasta que no aplasten a los trabajadores por mucho que el presidente y sus ministros les hagan concesiones. La demostración de fuerza que ha hecho durante todo este proceso la clase obrera es lo que realmente asusta a la burguesía y es lo que quieren destruir y arrasar.

Todo el mundo sabe que precisamente son los impuestos indirectos (incluyendo el IVA que repercute fundamentalmente en el consumidor final) los que afectan más negativa y directamente sobre los trabajadores, ya que los ricos no tienen problemas adquisitivos a la hora de pagar un poco más por los artículos que necesiten. Sin embargo, para la economía del 80% de la población que se encuentra en el límite de pobreza; con una tasa de paro que alcanza el 13’5% (sin contar la enorme cantidad de trabajadores que malviven en la llamada “economía informal”) y una inflación que empieza a dispararse de manera alarmante (sólo en lo que va de año la moneda se ha devaluado un 8%), estas medidas serán absolutamente insoportables.

En cuanto a la venta de “algunos activos públicos” lo que esa frase significa, llana y claramente, es privatizar parte de la economía venezolana. Eso quiere decir que el gobierno se está planteando vender acciones de Petróleos de Venezuela (PdVSA) lo que significaría poner en manos de las multinacionales del petróleo y la burguesía venezolana e internacional los recursos financieros básicos de Venezuela. Ya han empezado con el llamado proyecto “Paria” donde, contradiciendo la Ley de Hidrocarburos aprobada en la Habilitante ¾ que defendía la propiedad estatal de los recursos minerales, petrolíferos y de gas ¾ el gobierno no tendrá mayoría en la explotación del gas natural licuado Mariscal Sucre. Tampoco la tendrá en la explotación gasífera de la Plataforma Deltana.

Parece ser que a pesar de que el golpe fue parado por el movimiento revolucionario, el gobierno está dispuesto a aceptar las condiciones que los golpistas impongan.

Incluso Chávez está dispuesto a dar marcha atrás en otras de las Leyes de la Habilitante, como han comunicado las diferentes mesas abiertas por responsables ministeriales del gobierno, en aras de la “reconciliación y el diálogo”. Después de lo que está pasando con la Ley de Hidrocarburos, las leyes que la oligarquía quiere echar atrás son fundamentalmente la Ley de Tierras, la Ley de Costas y la Ley de Pesca... ¡Esto es realmente inadmisible!

Por supuesto que todo esto preocupa hondamente a los revolucionarios en Venezuela que ya se han reunido con Chávez para plantearle algunos puntos como no dar ni un paso atrás en la Habilitante; juicio y castigo a los golpistas (no debemos olvidar que tanto Pedro Carmona como Molina Tamayo han huido del país porque simplemente estaban bajo arresto domiciliario en lugar de estar en una prisión militar); expropiación bajo el control de los trabajadores de los medios de comunicación que apoyaron el golpe y mantienen una actitud golpista contra el gobierno; y, entre otras cosas, una serie de medidas tendentes a garantizar el poder adquisitivo de los trabajadores, así como la inamovilidad laboral.

Hasta ahora Chávez no ha dado ningún paso en ese sentido y según las declaraciones de sus ministros no parece que vaya a hacerlo.

Obviamente de continuar por el camino emprendido de concesiones a la burguesía y ataques a la clase obrera, el apoyo que hoy todavía mantiene Chávez se irá diluyendo y muchos trabajadores que confiaban en el presidente se sentirán desanimados y desmoralizados para seguir la lucha, lo que está esperando la reacción para dar el golpe de gracia al movimiento revolucionario.

La clase obrera no puede estar luchando constante y permanentemente. Los trabajadores venezolanos han respondido en cada ocasión que se les ha llamado movilizándose y respondiendo a los ataques de la reacción de una manera magnífica y ejemplar. Pero necesitan una dirección revolucionaria, con un programa claro y conciso que satisfaga las necesidades de las masas, que hable y explique claramente la situación en la que se encuentra y tome en sus manos la tarea de la transformación socialista de la sociedad, única alternativa viable para Venezuela. Es obligación de esta dirección explicar sin tapujos al movimiento obrero que no hay terceras vías, que el capitalismo no tiene salida, que no hay capitalismo de rostro humano, que el capitalismo significa lo que hoy ya existe en Venezuela: miseria, explotación y pobreza para la mayoría de la población en beneficio de una minoría elitista y reaccionaria. Hay que ser concretos. La única manera de cortar de raíz los problemas de la economía venezolana es con la expropiación sin indemnización y bajo control obrero de los medios de producción, la tierra, la banca poniendo todos esos recursos al servicio de la mayoría de la sociedad.

Por todo esto, las asambleas y comités de barrio, fábrica, campesinos, además de coordinarse nacionalmente tienen que tomar en sus manos de forma activa y concreta las riendas de la economía y la vida política y social de Venezuela. Esa Asamblea Nacional Revolucionaria tiene que organizar e impulsar en cada fábrica un comité que expropie al empresario y tome en sus manos la producción y el mantenimiento de la misma. ¡Nadie mejor que los trabajadores conocen el funcionamiento de las empresas! ¡Son ellos los que las hacen funcionar! Las fábricas deben garantizar los productos necesarios para el funcionamiento de la economía y cubrir las necesidades que demanda la mayoría de la sociedad. En cada barrio tiene que organizarse un comité que organice la construcción de viviendas decentes, el saneamiento de los barrios, que garantice el funcionamiento de las escuelas, de los hospitales, de los suministros. En cada asamblea de campesinos debe organizar la expropiación de los latifundios al tiempo que un plan de cultivo que garantice el suministro de alimentos básicos. En cada facultad debe haber un control de los trabajadores, estudiantes y profesores que garantice la marcha de las mismas. En cada cuartel tiene que haber comités de soldados que velen y garanticen que los mandos y oficiales golpistas son depurados de sus responsabilidades, eligiendo nuevos oficiales que se subordinen y acaten las decisiones de la Asamblea Nacional Revolucionaria.

Las fábricas, la tierra, los recursos financieros y hasta las armas están ahí. Simplemente hace falta que el movimiento revolucionario las tome, que las ponga a disposición de la clase obrera y los explotados de Venezuela para garantizar una vida digna para todos.

Como explican los compañeros que están organizando este movimiento, hace falta un programa que dirija a los trabajadores hacia la victoria.

Pero la victoria sólo se conseguirá con un programa revolucionario, un programa que satisfaga las necesidades de ese 80% de pobres que apoyan el proceso revolucionario.

Hay fuerza más que demostrada para llevar esos planes adelante. La burguesía necesita de los trabajadores para hacer funcionar la economía. Los trabajadores no necesitamos a los burgueses para sacar adelante la producción, para garantizar una vida digna para todos. Se ha demostrado por activa y por pasiva. No se mueve una rueda, no se enciende una bombilla sin el permiso de la clase obrera. Es tarea de los revolucionarios hacer conscientes de su propia fuerza a los trabajadores, hablarles claro y explicarles sin dobleces las tareas que tienen por delante. Sólo así se garantizará la victoria.

América Latina es un continente en revolución. Una Venezuela socialista que llamase a sus hermanos de clase a acabar con el capitalismo y a solidarizarse con el movimiento revolucionario de Venezuela, despertaría a las masas latinoamericanas y les mostraría el camino a seguir para acabar con la situación de barbarie y desesperación que provoca el capitalismo. Una Federación Socialista de América Latina, que pusiese en común, libre y democráticamente, los recursos del continente a favor de los desposeídos y en pie de igualdad con el máximo respeto a las diferencias culturales y étnicas de los pueblos, provocaría la solidaridad internacional de los trabajadores europeos y norteamericanos, especialmente la de los latinoamericanos que trabajan en USA, hacienda inviable una intervención directa de la burguesía internacional o el imperialismo, a la vez que provocaría movimientos revolucionarios contra el capitalismo en todo el mundo, abriendo una nueva etapa en la historia de la humanidad.


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