Cuando apenas quedaban unas horas para que diese inicio oficialmente la campaña electoral del 21-D en Catalunya, diferentes medios de comunicación han destacado unas declaraciones de Pablo Iglesias respecto al auge del fascismo en el Estado español que sin duda han dejado a miles de personas con la boca abierta. En concreto las palabras de Iglesias han sido las siguientes: “También fracasaron quienes prometieron algo que no era más que una mentira. Han contribuido a despertar al fantasma del fascismo”.

Lo que algunos difícilmente trataban de excusar como unas declaraciones sacadas de contexto, venían a ser repetidas y subrayadas poco después por otra de las voces más cualificadas de PODEMOS. Esta vez Juan Carlos Monedero insistía en las redes sociales que “Hay que decirlo con claridad, no somos una fuerza independentista, gracias a los independentistas se ha despertado la fuerza del fascismo en España”.

De la sorpresa inicial no se puede más que saltar a la indignación cuando parece evidente que éste va a ser uno de los eslóganes que En Comú Podem va a utilizar de cara las elecciones del día 21. Es una aberración y un auténtico escándalo considerar que la impunidad con la que un gobierno y un Estado heredero del franquismo utiliza la ley para aplastar nuestros derechos democráticos, sea responsabilidad de dos millones de personas —mayoritariamente jóvenes, trabajadores y trabajadoras, jubilados, desempleados— que decidieron desafiar al régimen del 78 y ejercer su derecho a decidir. Es inaudito que se intente culpar a un pueblo movilizado para hacer realidad sus aspiraciones democráticas, de la campaña nacional españolista que todos los días se vomita con una fuerza inaudita en los medios de comunicación, o del recrudecimiento de las agresiones fascistas.

¿Quién hace posible que los fascistas campen a sus anchas en las manifestaciones de Ciudadanos y el Partido Popular, de que en Valencia conocidos militantes de extrema derecha apaleen a jóvenes ante la pasividad de la policía, o de que las bandas fascistas puedan concentrarse legalmente ante la sede de la CUP en Barcelona sin que aquí pase nada? ¿La culpa la tiene el pueblo de Catalunya que se ha movilizado por millones, de manera pacífica y ejemplar, contra un Estado y un gobierno que niega su derecho a la autodeterminación?

Las declaraciones de Pablo Iglesias y de Juan Carlos Monedero avergüenzan a toda la izquierda. Como muy bien señaló Albano Dante Fachin, el responsable de PODEM en Catalunya forzado a dimitir por la cúpula del partido, es como si responsabilizáramos a Salvador Allende del golpe de Estado de Pinochet. Nosotros añadimos: es como si se culpara a los trabajadores y campesinos españoles de haber instigado el golpe fascista de Franco cuando lucharon con todas sus fuerzas por transformar la sociedad. ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar Pablo Iglesias y los dirigentes de PODEMOS en sus renuncias políticas? ¿Así es como acabaremos con el régimen podrido del 78, considerando que cuando un pueblo se moviliza por sus derechos está provocando a la reacción? ¿Son conscientes de la barbaridad que esto significa, y de cómo hacen el juego a la derecha con este tipo de argumentos?

La impunidad es la que envalentona al fascismo

Si algo llama poderosamente la atención de estas declaraciones es la contundencia con la que se acusa a un pueblo movilizado, y la cobardía y negligencia con la que la dirección de PODEMOS trata a los fascistas cuando atacan a instituciones que gobiernan. Nos referimos al caso de los nazis dentro de la Policía Municipal de Madrid, y la utilización de un WhatsApp colectivo en el que se han vertido amenazas de muerte a la alcaldesa Manuela Carmena, insultos xenófobos y racistas crueles, elogios a Hitler  y soflamas fascistas de todo tipo. El caso ha saltado a los medios de comunicación y es bien conocido.

La respuesta que hasta el momento ha dado Ahora Madrid a esta amenaza real y tangible ha sido muy pobre: sólo se ha suspendido temporalmente a tres de los ciento cincuenta agentes que participaban en este chat fascista.  CCOO ha denunciado como este grupo de extrema derecha enquistado en la policía local está formado por unos veinticinco individuos. No despedirles fulminantemente e inhabilitarles como funcionarios públicos de manera inmediata, es lo que alimenta la impunidad de estos grupos que, como es evidente, se encuentran en las distintas policías y órganos del Estado, organizados y agrediendo sin apenas enfrentar consecuencias significativas.

¿Así es como PODEMOS se enfrenta al fascismo? En cualquier empresa pública y privada, si un trabajador comete una falta disciplinaria contra su jefe es inmediatamente sancionado y puede ser despedido fulminantemente. En el ayuntamiento de Madrid, cuando un numeroso grupo de policías, entre los que se encuentra un responsable de la mesa de personal, profiere amenazas públicas de muerte contra la alcaldesa, y realiza una manifestación abierta de instigación a delitos racistas, no pasa apenas nada. En lugar de imponer un castigo ejemplar y llamar a la movilización ciudadana contra estos criminales, los dirigentes de Ahora Madrid siguen “el conducto reglamentario” ofreciendo un vericueto legal por el que estos elementos pueden escapar fácilmente. 

La complicidad del gobierno, de los medios de comunicación, de los jueces, fiscales, policías y militares es la que “despierta la fuerza del fascismo” y, lamentablemente, mantener una actitud timorata, cobarde y “legalista”, frente amenazas de este calado, también contribuye a incrementar su impunidad.

Los compañeros de la dirección de PODEMOS se han equivocado gravemente haciendo las afirmaciones anteriormente señaladas. Si realmente están preocupados por el auge de la extrema derecha, deben llamar a la movilización social más contundente para acabar con la Ley de Amnistía de los crímenes y criminales del franquismo, exigir la depuración del aparato del Estado de estos elementos y actuar en consecuencia allí donde tengan el poder de hacerlo. Mirar hacia otro lado, pedir tiempo para que esa misma justicia contaminada actúe, o responsabilizar a quien lucha contra cualquier tipo de opresión del auge de la extrema derecha, lo único que hace es confundir a la población en general y dar un nuevo balón de oxígeno a la reacción.


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