¡No al golpe en Venezuela! ¡Detrás de Guaidó están Trump, Bolsonaro, y la extrema derecha!

El pasado viernes 26 de Enero, tres días después de que el líder de la  extrema derecha venezolana, Juan Guaidó, impulsase un golpe de estado y se autoproclamase Presidente de Venezuela, el gobierno de Pedro Sánchez junto al de Francia, Alemania y Gran Bretaña, se sumaban al carro del imperialismo norteamericano en el intento de tomar el control del pais y derrocar a Maduro.

En un ejercicio de cinismo inigualable, la dirección del PSOE pretende afirmar que defiende la democracia de la mano de un reaccionario como Trump,  del presidente racista y ultraderechista de Brasil, Jair Bolsonaro, del colombiano Duque o del argentino Macri, todos ellos agentes de los grandes monopolios y de los sectores oligarcas que bañaron en sangre América Latina con las dictaduras militares. Cien años después del asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht,  el espíritu de Gustav Noske vuelve a reaparecer en una socialdemocracia rendida a los pies de los capitalistas de todo el mundo.

La doble moral de Pedro Sánchez: Elecciones para Venezuela, represión para Catalunya

Sánchez dio  su apoyo al golpista Guaidó bajo la forma de un ultimátum al actual presidente venezolano, Nicolás Maduro, para que convoque elecciones presidenciales en el plazo de 8 días. De lo contrario, el presidente español y mandatarios de la UE como Merkel y Macron, reconocerían a Guaidó como presidente legítimo de Venezuela. 

Con esta maniobra, Pedro Sánchez y los otros presidentes europeos intentan ocultar el hecho de que Maduro fue reelegido en las elecciones presidenciales celebradas en mayo del año pasado en Venezuela (hace menos de ocho meses) y que Guaidó y su partido tuvieron la oportunidad de presentarse a esas elecciones y decidieron no hacerlo ante las divisiones existentes en la oposición venezolana y sus malos resultados cosechados en las municipales y regionales celebradas a finales de 2016.

La exigencia de elecciones en Venezuela por parte del secretario general del PSOE resulta más llamativa si tenemos en cuenta que el gobierno de Pedro Sánchez mantiene encarcelados y pendientes de juicio a los presos políticos catalanes, a quienes la Fiscalía General y la Abogacía General del Estado designadas por el PSOE, abrazando los argumentos de los fiscales del PP, acusan de delito de rebelión precisamente por organizar una votación democrática para que el pueblo catalán pudiese decidir si quería seguir bajo el régimen monárquico del 78 o constituirse en una república independiente.

No sólo eso: a pesar de que el pueblo catalán venciendo la represión salvaje de la policía y la Guardia Civil, que dejó más de 1.000 heridos, votó de manera masiva por la república catalana, Pedro Sánchez no sólo se niega a reconocer ese resultado sino que se opone tenazmente a que el derecho democrático a la  autodeterminación de los pueblos ni siquiera pueda ser debatido. Las cesiones ante el imperialismo norteamericano de Pedro Sánchez no son más que la prolongación exterior de su capitulación ante el aparato del Estado y las fuerzas reaccionarías en casa.

Los dirigentes del PSOE se retratan

Una vez más, como cuando PP y Cs se sacaron de la manga el 155, cuando los jueces de la Audiencia de Navarra liberan a los violadores de “La Manada”, o cuando al PSOE se le olvida derogar la LOMCE o la Ley Mordaza pero se acuerda perfectamente de “devolver” a los inmigrantes al otro lado del Estrecho y de aplicar nuevos recortes, a Pedro Sánchez le ha tocado elegir de qué lado de la barricada quiere estar y ha elegido. Con la reacción, con la derecha y los imperialistas.

Ellos saben perfectamente quien maneja los hilos de esta agresión imperialista. El cerebro en la sombra de la Operación Guaidó es Mike Pompeo, actual Secretario de Estado de Trump, ex director de la CIA, dirigente del lobby ultraderechista del partido Republicano agrupado en el Tea Party y uno de los cerebros de las intervenciones en Irak, Siria, Libia, etc. Para encargarse de “llevar la democracia a Venezuela” Pompeo ha designado a Elliott Abrams, quien fue denunciado por organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch y Amnistía Internacional como uno de los responsables directos de las atrocidades cometidas por la CIA y el Departamento de Estado de los EEUU  en los años 80 en Nicaragua, El Salvador o Guatemala cuando organizaron una guerra civil y escuadrones paramilitares fascistas que causaron decenas de miles de muertos. Estos son los compañeros de viaje que han elegido Pedro Sánchez y los dirigentes del PSOE en su “lucha por la democracia en Venezuela”

El discurso de Juan Guaidó hablando de "libertad" y reconciliación es el mismo que la derecha y extrema-derecha venezolana, una de las más violentas del continente, utiliza desde hace años para ocultar sus planes, que no son otros que recuperar el gobierno para aplicar –a sangre y fuego si es necesario- los planes de ajuste, recortes sociales y privatizaciones que exigen el FMI y las grandes multinacionales estadounidenses y europeas. Un plan que debe acabar con la entrega de los recursos petroleros, gasísticos y mineros del país al Tío Sam.

La última vez que la derecha gobernó Venezuela aplicó esos planes a costa de una matanza en el caracazo del  27 de Febrero de 1989, cuando más de 3.000 jóvenes y trabajadores fueron masacrados por el ejército en un solo día siguiendo órdenes del gobierno de Carlos Andrés Pérez, amigo personal de Felipe González.

¡Apoyemos la lucha revolucionaria de los trabajadores y el pueblo de Venezuela! ¡Ni capitalismo ni burocracia corrupta!

La revolución bolivariana nació precisamente como una respuesta de las masas obreras y populares indignadas contra los crímenes, la corrupción y la represión bajo los gobiernos de los amigos venezolanos del PP y Cs, y -por lo que se ve- también de Pedro Sánchez.

El  golpe iniciado el pasado 23 de enero sigue el mismo guión que el de abril de 2002, cuando los mismos partidos de la derecha venezolana, entonces apoyados por el gobierno estadounidense de George W. Bush y el español de Aznar, proclamaron presidente al líder empresarial Pedro Carmona,  quien suspendió las garantías constitucionales, intentó asesinar al presidente democráticamente elegido, Hugo Chávez, y desató, durante las 48 horas que tuvo el poder, una persecución contra los activistas de izquierda. 

Tras ser derrotado aquel golpe por la movilización en la calle de los trabajadores, campesinos y la juventud venezolana, que devolvieron a Chávez al Palacio de Miraflores, Guaidó y sus compañeros de la derecha y ultraderecha venezolana han intentado una y otra vez alcanzar el poder, mediante nuevas tentativas de golpe e incluso acciones terroristas y violentas.  La más reciente fue la llamada “guarimba”, de marzo a julio de 2017, iniciada precisamente por las bandas fascistas vinculadas al partido del hoy autoproclamado presidente (Voluntad Popular, entonces dirigido por Leopoldo López).

La estrategia golpista es la misma de siempre: utilizar la desesperación de centenares de miles de personas ante el colapso económico, que ha hecho caer los niveles de vida un 50% en 4 años, y las subidas de precios del 500 y hasta el 1.000%, para incrementar el malestar existente ante la falta de respuestas y soluciones por parte del gobierno. Generar caos y pánico y empujar a los militares a intervenir para derrocar a Maduro y a su régimen burocrático,  asestando así un duro golpe a sus aliados de China y Rusia con la instalación de un gobierno de derechas teledirigido por Estados Unidos. Un gobierno cuya política será aún peor que la que están aplicando gobiernos similares de derecha y ultraderecha en países como Colombia, Argentina o Brasil.

Sólo hay un modo de evitar esta pesadilla: la movilización independiente de los jóvenes, trabajadores y campesinos venezolanos  por el auténtico socialismo, derrotando el plan de la derecha y el imperialismo estadounidense para recuperar el poder, y expropiando a los capitalistas y la burocracia corrupta mediante la nacionalización de la banca, la tierra y las grandes empresas. De esta manera se podría combatir la catástrofe social mediante una autentica  planificación socialista y democrática de la economía,  y un Estado revolucionario donde el poder estuviera realmente en manos de los trabajadores y el pueblo.


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