Tradicionalmente en Francia, la participación en las elecciones municipales es más elevada que en las generales o presidenciales, pero en esta ocasión el nivel de abstención ha sido el más alto en sesenta años: un 38%, superior al 33,46% registrado en las anteriores municipales de 2008. La abstención es aún mayor entre la juventud: un 61% de los jóvenes de 18 a 24 años, y un 55% de los que tienen entre 24 y 35 años no votaron. Y también es bastante más elevada en las zonas obreras, donde supera el 50% y que sin duda perjudica a la izquierda.

Por el contrario, una gran parte del electorado de derechas sí acudió a las urnas a votar contra el PS, movilizado en los últimos meses contra la ley del aborto o el matrimonio homosexual. La Unión por una Mayoría Popular (UMP), el partido mayoritario de la derecha, ha logrado un 46,5%, mientras que el PS ha visto reducido su apoyo a un 37,7%. Aunque conservan París, los socialistas han perdido bastiones históricos como Limoges, gobernado por la izquierda desde 1912, Toulouse, Grenoble, Reims, Tours o Lille. Han perdido 155 grandes ciudades en todo el país, de las que 140 han pasado a manos de la UMP. En total, la derecha controlará 572 alcaldías de ciudades con más de 10.000 habitantes y la izquierda 349 municipios.

El Frente Nacional

marinelepenaaaaEl Frente Nacional ha conseguido sus mejores resultados en unas elecciones municipales: ha ganado 14 ayuntamientos y casi ha triplicado su voto respecto a lo que logró en las municipales de 1995, que fue un hito electoral para el FN. Es verdad que se trata de un avance importante, pero hay que tener en cuenta los resultados globales: el FN logró aproximadamente 1,1 millones de votos, un 4,7%, y 1.200 concejales en la primera vuelta, muy lejos de los casi 7 millones de votos conseguidos por Marine Le Pen en las últimas elecciones presidenciales,

A pesar de la sobrevaloración que muchos medios de comunicación han hecho sobre este avance electoral del FN, sería un error pensar que refleja un apoyo de masas o un entusiasmo desbordante con la política reaccionaria y xenófoba defendida por el FN. La ultraderecha no ha ganado en ninguna gran ciudad, excepto en el Sector 7 de Marsella que tiene 150.000 habitantes; su avance se ha concentrado en zonas muy empobrecidas y depauperadas con tasas de desempleo superiores al 20%, como Hénin Beaumont, una localidad minera del norte del país, tradicionalmente socialista, que durante los años ochenta sufrió un proceso de desindustrialización y cierre de pozos que hundió la ciudad. En última instancia, el progreso del FN refleja el proceso de polarización política, tanto a derecha como a izquierda, que desde hace unos años vive Francia y que se expresa a la derecha con el incremento del voto al FN y, por la izquierda, con el surgimiento y avance del Frente de Izquierdas.

Avance del Frente de Izquierdas

front_the_gauche111Si intentamos conocer los resultados del Frente de Izquierdas (FdG) a través de las noticias publicadas en la prensa llegaríamos a la conclusión de que, o bien no se ha presentado o sus resultados han sido tan marginales que no merecen ni una sola línea. Pero a pesar de todo este boicot mediático, el FdG ha obtenido unos resultados muy importantes allí donde se ha presentado de manera independiente, confirmando el potencial que existe para una alternativa de izquierdas. Ha logrado más de 2.000 concejales en la primera vuelta y una media del 11% de los votos en las zonas donde se ha presentado solo. En algunas localidades ha ido en coalición con Los Verdes y han obtenido una media del 15% de los votos; en Grenoble, por ejemplo, obtuvieron un 29,4%, superando a la coalición PS-PCF que logró un 25%. Si comparamos los resultados del FN y del FdG en la primera vuelta, podremos ver claramente la distorsión intencionada de los resultados que hacen los medios y “analistas políticos”. El FdG presentó más de 600 candidaturas municipales frente a 585 del FN, logró más de 2.000 concejales frente a los 473 del FN y ganó 67 alcaldías frente a 1 del FN.

Los resultados podrían haber sido mejores de no haber sido por la política oportunista de la dirección del Partido Comunista (PCF), que en lugar de presentar una candidatura conjunta en todo el país, ha dejado libertad a sus federaciones para que presentaran listas conjuntas con el PS. En París, por ejemplo, la decisión de presentarse junto al PS se decidió por una estrecha mayoría. El resultado de esta decisión es que el PCF se ha visto arrastrado por el hundimiento del PS: en Perpignan la coalición PS-PCF ha pasado del 22 al 11% de los votos, mientras que donde se ha presentado junto al FdG sí ha conseguido avanzar. El próximo 12 de abril el FdG ha convocado en París la “Rebelión de la Izquierda”, una protesta contra la política de recortes del gobierno y que probablemente reunirá a decenas miles de personas, demostrando que el FdG se consolida como alternativa por la izquierda a la política socialdemócrata de derechas del PS.

Política de austeridad

François Hollande llegó a la presidencia prometiendo frenar las medidas de austeridad de Sarkozy, y sus primeras decisiones parecían ser guiños en ese sentido: reducción del salario de los miembros del gobierno, impuesto para los que ganaban más de un millón de euros y algunas medidas sociales como el matrimonio homosexual. Pero en cuanto el PS ganó las elecciones generales y consiguió la mayoría en el parlamento, se vio con claridad que su política no se diferencia de la UMP. En septiembre de 2013 aprobó un recorte del gasto público de 15.000 millones de euros, subió el IVA y anunció un programa de reestructuración de la industria, que significa el cierre de empresas y el despido de miles de trabajadores. Además, ha continuado con la política de expansión imperialista iniciada con Sarkozy, con nuevas aventuras militares en Mali, Níger o en la República Centroafricana.

valls_hollandeLa economía francesa no consigue despegar. Tanto el FMI como Bruselas ya le han comunicado al gobierno que debe emprender las mismas “reformas” que Portugal o el Estado español, es decir, nuevas medidas de austeridad para reducir el gasto público que actualmente representa el 56% del PIB francés. Bruselas exige que se sitúe al nivel de otros países, como Alemania que está en el 45%, lo que significaría que anualmente tendría que reducir el gasto público en 200.000 millones de euros. Las nuevas medidas de austeridad quedaron rubricadas a principios de marzo con el “Pacto de Responsabilidad” firmado entre el gobierno y los sindicatos, a excepción de la central sindical mayoritaria CGT, y que prevé recortes del gasto público por unos 50.000 millones de euros en los próximos tres años, uno de los mayores recortes de la historia y que tendrá efectos catastróficos para los trabajadores franceses.

¿Cuál ha sido la respuesta de Hollande a la debacle electoral del PS? Un cambio de gobierno que representa un nuevo giro a la derecha. Es evidente que tras el avance del FN y la victoria de la UMP, la conclusión ha sido un giro político para disputar la base electoral a la derecha, una receta acabada que llevará al PS a un desastre mayor y que amenaza con empujarle al mismo abismo por el que se ha despeñado el PASOK en Grecia. El nuevo primer ministro, Manuel Valls, representa al sector más de derechas del PS. Como anterior Ministro del Interior aprobó la expulsión masiva de gitanos rumanos e inmigrantes indocumentados. Se define a sí mismo como un “social liberal a la francesa” y es uno de los mayores defensores de la política de ajuste del déficit público.

Lucha de clases

En estos últimos años la clase obrera francesa ha participado en protestas masivas contra los recortes y las privatizaciones, sobre todo el sector público que ha protagonizado varias huelgas generales y manifestaciones con centenares de miles de trabajadores por todo el país. Durante el último año, el testigo lo han recogido los trabajadores del sector privado que se están enfrentando a despidos masivos y cierres de empresa. Los trabajadores han respondido con huelgas y ocupaciones de fábricas, la última en la planta de Good Year en Amiens, ocupada por cientos de trabajadores contra los 1.173 despidos anunciados por la empresa.

noecotasafranciaSin duda, lo más significativo fue lo sucedido en Bretaña donde estalló un movimiento popular de protesta contra la ecotasa, de tal magnitud, que ante la perspectiva de contagio al resto del país el gobierno decidió dar marcha atrás. Las protestas fueron iniciadas por los camioneros y campesinos, los sectores más afectados por el nuevo impuesto, pero la movilización se extendió y la región quedó totalmente bloqueada y paralizada. Como explicaba un artículo de Britanniaradio.com, “Los contribuyentes de Britania, no estaban impresionados por este movimiento y la semana pasada entre 10.000 y 30.000 manifestantes se enfrentaron a las porras y al gas de la policía (…) Los manifestantes han comenzado a llevar gorras rojas reminiscencia de la revuelta del siglo XVII contra la política de impuestos de Luis XIV”.

Según las encuestas, el 76% de los trabajadores de cuello azul y el 71% de cuello blanco están a favor de las huelgas y las protestas contra los recortes del gobierno. Y el 70% de la población cree más que probable una explosión social en el próximo período, una opinión que sube hasta el 81% entre los trabajadores de cuello azul. Los capitalistas franceses son conscientes de que se encuentran sobre una gigantesca olla a presión a punto de estallar. El jefe de la policía estatal habla sin ningún tapujo del “temor a un rebelión social” y uno de los dirigentes de la UMP en Le Nouvelle Observateur expresaba así la situación: “Se está acumulando la rabia. No digo que el país esté al borde del caos social, sino que la población francesa ya no puede más… Escucho hablar a la gente que dice, ‘tengo ganas de romperlo todo, como hicieron en Bretaña’”.

La clase obrera francesa se encuentra al límite, con más de 3 millones de parados, 5 millones si se suman aquellos que tienen contratos parciales de unas pocas horas, con casi 9 millones de personas viviendo por debajo del umbral de pobreza, un millón más que hace cinco años, con un 57% de los franceses que reconocen vivir con dificultades económicas y con un tercio de la población que ha renunciado a los cuidados médicos por no poder pagarlos, las contrarreformas que pretende implantar el gobierno son una receta acabada para una explosión de la lucha de clases.

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