Durante el 30 y 31 de enero, los trabajadores de la factoría de Opel en Figueruelas están convocados a votar en referéndum el preacuerdo firmado por CCOO y UGT con la empresa. Este preacuerdo, negociado bajo la amenaza empresarial de desviar la fabricación del modelo Corsa a otras factorías del grupo PSA, supone un nuevo y brutal castigo a una plantilla que lleva más de doce años de congelación salarial y de constante deterioro de sus condiciones laborales.

CCOO y UGT decidieron, en su línea habitual, afrontar este chantaje empresarial con maniobras de despacho, renunciando por anticipado a movilizar a la plantilla en defensa de sus derechos, a pesar de que la disposición de los trabajadores de Figueruelas a luchar por su puesto de trabajo es clara y firme, como lo demostraron las concentraciones de los días 25 y 28 de enero. El resultado de esta estrategia de no movilizar y confiarlo todo a la buena disposición de la empresa ha resultado, como no podía ser de otra manera, en un acuerdo catastrófico para los trabajadores.

Desde GanemosCCOO llamamos a las trabajadoras y trabajadores de Figueruelas a votar un NO rotundo a este preacuerdo y a iniciar el camino de la movilización en defensa de unas condiciones de trabajo dignas.

La estrategia de la patronal

Durante años y años, primero General Motors y ahora PSA, la patronal ha usado como herramienta el enfrentamiento de unas factorías con otras, jugando a mover la producción a aquellas que aceptasen las peores condiciones laborales. Si no le ponemos un punto y final esta política de chantaje continuo, allanaremos el camino irremediablemente a la máxima precarización y a la máxima explotación de las plantillas. La sed empresarial de beneficios no conoce otro límite que la movilización y la lucha de los trabajadores. Ahora es el momento de que los trabajadores y trabajadoras de Figueruelas se planten ante este desafío empresarial y hagan un llamamiento a sus compañeras y compañeros tanto de plantilla como de empresas auxiliares de las plantas de PSA de Vigo y Villaverde, y después al resto de plantas europeas, para afrontar unidos el ataque empresarial.

Nuestro punto débil, el punto débil de los trabajadores, es la demostrada bancarrota de nuestros dirigentes sindicales. El patético comunicado de la dirección de la sección sindical de CCOO en Figueruelas es una confesión abierta de su fracaso. Sus “argumentos” son la enésima repetición de los que desde 2005 han servido para aceptar resignadamente congelación de retribuciones, EREs, dobles escalas salariales, y una larga lista de sacrificios que, como demuestra este nuevo chantaje empresarial, solo han servido para envalentonar a la empresa y para despejar el camino a nuevos ataques.

Solo en un punto coincidimos con el comunicado de la dirección de CCOO: “Hemos llegado a lo que sinceramente consideramos el final de nuestras posibilidades”. Efectivamente es así, y por tanto procede que los dirigentes de CCOO en la factoría de Figueruelas, junto con los de UGT, dimitan inmediatamente y dejen en manos de las asambleas de trabajadores de cada línea, taller o unidad productiva, la elección de unos representantes que de verdad estén dispuestos a encabezar una lucha que, sin duda alguna, va a ser difícil, pero que no hay más remedio que afrontar si no queremos dejar a nuestras hijas e hijos una herencia de esclavitud laboral.

Desde el inicio de la crisis en 2007 los trabajadores nos hemos visto obligados a aceptar los retrocesos que la patronal nos ha impuesto con la inestimable ayuda de los dirigentes de CCOO y UGT. La tan cacareada “recuperación económica” en la que supuestamente vivimos no ha supuesto mejora alguna para la clase trabajadora. Millones de trabajadoras y trabajadores estamos hartos de esta situación, y hartos también de estos dirigentes sindicales que sólo sirven para aceptar derrotas.

Una respuesta firme de la plantilla de la Opel de Figueruelas contará, sin lugar a dudas, con el apoyo entusiasta de millones de personas. Este es el único camino para defender y conservar nuestros derechos, unos derechos que, como la larga experiencia del movimiento obrero demuestra, solo se conquistan con la lucha decidida de la clase obrera.

¡¡Votemos NO al preacuerdo!!

¡¡Viva la lucha de los trabajadores de Figueruelas!!

Antecedentes de una situación crítica

En marzo de 2017 la multinacional automovilística francesa PSA, resultante de la fusión entre Citroën y Peugeot, compró las factorías europeas de General Motors. No ha transcurrido ni siquiera un año desde esa adquisición cuando los trabajadores de la factoría Opel de Figueruelas (Zaragoza) se han encontrado frente a un brutal chantaje empresarial.

La dirección de PSA ha amenazado con retirar la fabricación del nuevo modelo Corsa si la plantilla de Figueruelas, de unos 6.000 trabajadores directos, no acepta recortar sus salarios y condiciones laborales hasta equipararlas con la factoría de PSA en Vigo, cuyos salarios son un 17,2% más bajos.

Tras varias semanas de tensión, en la noche del 29 de enero las direcciones de CCOO y UGT han aceptado un preacuerdo de convenio con cinco años de vigencia que recoge lo fundamental de las exigencias patronales. Hay que resaltar que estos mismos dirigentes que ceden tan suavemente a la presión combinada de la empresa, del gobierno autonómico y del gobierno central no consideraron conveniente convocar más movilizaciones que una concentración el 25 de enero ¡durante la pausa del bocadillo! para no dañar la producción.

El preacuerdo establece una congelación salarial para este año, subida del 50% del IPC en 2019 y 2020, y subida del 60% del IPC en 2021 y 2022. A esta pérdida de poder adquisitivo se une una reducción del 5% en los pluses de nocturnidad y festivos y la supresión del plus de calendarios especiales.

Junto a estas concesiones, los dirigentes sindicales aceptan también una doble escala salarial para las nuevas contrataciones, la ampliación hasta 18 de los 15 turnos flexibles actuales, una reducción de 5 minutos en las pausas de descanso, y una reducción del complemento por Incapacidad Temporal.

A cambio de estos retrocesos la empresa ofrece tan solo buenas intenciones, que se resumen en una política de contrataciones que no recoge ningún compromiso firme por parte de la empresa y Plan Industrial etéreo que no garantiza inversiones y que ya veremos en qué queda cuando entre en funcionamiento en 2020 la nueva planta de PSA en Kenitra (Marruecos).

Ceder ante el chantaje patronal solo conducirá a nuevos ataques y nuevos retrocesos

La historia de la factoría de Opel en Figueruelas gira en torno a dos ejes. El primero ha sido el recurso sistemático a las subvenciones estatales. Miles de millones de dinero público ha sido regalado a lo largo de estos años a la General Motors, hasta el punto de que en 2009 la Unión Europea no tuvo más remedio que plantarse ante la exigencia de GM de una nueva ayuda, esta vez de 3.300 millones de euros, para mantener sus plantas europeas.

La misma técnica chantajista ha sido empleada por la compañía para deteriorar progresivamente las condiciones laborales de su plantilla. El chantaje de PSA sigue la misma senda de General Motors: amenazar a los trabajadores con trasladar la producción a otras plantas e intentar crear un ambiente de enfrentamiento entre las diferentes factorías. En nombre de la sagrada “competitividad” se exige a los trabajadores de Figueruelas que acepten sacrificios para igualar sus condiciones a las de los trabajadores de PSA peor pagados y más explotados, en una carrera hacia abajo en la que no se vislumbra el fondo.

Desgraciadamente, los dirigentes de UGT, sindicato mayoritario en Figueruelas, y de CCOO han aceptado sin resistencia alguna entrar en esta interminable espiral de chantajes empresariales y aceptación de sacrificios, y no han sido capaces de sacar lección alguna de la experiencia de los pasados años. Así lo demuestran las declaraciones de José Carlos Jimeno, secretario de la sección sindical de UGT en Figueruelas, tras la firma del preacuerdo: "No es agradable pedirles sacrificios a los trabajadores. Hay que decirles la verdad, nos guste o no, y para tener trabajo hay que hacer pequeños sacrificios".

Pues precisamente los “pequeños sacrificios” han marcado la vida de los trabajadores de Figueruelas a lo largo de estos últimos años y el resultado está a la vista: los “pequeños sacrificios” que exige la patronal son cada vez mayores.

En 2005, bajo el chantaje de la fabricación del modelo Meriva se aceptaron recortes laborales para los años 2008, 2009 y 2010, con una subida salarial del 50% del IPC con una limitación de que la pérdida de poder adquisitivo no sería superior a un punto y se aceptaron también medidas de flexibilidad.

En 2009, ante la posibilidad, posteriormente frustrada, de la compra de la factoría por el grupo Magna, los dirigentes sindicales se apresuraron a aceptar el despido de 900 trabajadores, sobre una plantilla de cerca de 7.500.

En 2010 se aceptó un ERE suspensivo de hasta 600 trabajadores y de nuevo en 2012 se volvió a aceptar otro ERE de suspensión temporal que afectaría a 316 trabajadores. En 2016 se volvió a firmar un ERE de 35 días, a pesar de que en 2014 la dirección de la fábrica se había solemnemente comprometido a no aplicar nuevos EREs a partir del 31 de julio de ese año.

En el Convenio de 2013 las direcciones de CCOO y UGT aceptaron congelar salarios por dos años y recortar en un 10% los pluses por festivo, nocturnidad y calendarios especiales. También aceptaron nuevas medidas de flexibilidad por necesidades de fabricación.

En todas y cada una de estas ocasiones el argumento de los dirigentes de CCOO y UGT para firmar mansamente estos retrocesos era el mismo: “hemos conseguido mitigar el ataque de la empresa, que quería que recortar todavía más”. La situación de estas últimas semanas es una bofetada en plena cara a los dirigentes sindicales que pensaban que en algún momento la empresa iba a darse por satisfecha e iba a agradecer de alguna manera los sacrificios de la plantilla. Su “agradecimiento” ha sido elevar el nivel del chantaje y poner sobre la mesa el desmantelamiento de la factoría. Sólo una respuesta contundente de la plantilla, apoyándose en el enorme peso del conjunto de la clase trabajadora, y prescindiendo de las direcciones sindicales que han demostrado hasta la saciedad que son completamente inútiles para defender nuestros derechos, puede parar este gravísimo ataque.


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