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Parecía imposible, pero el histórico día de la mujer trabajadora ha vuelto a llenar las calles de todos los territorios del Estado español en manifestaciones multitudinarias, masivas, abarrotadas de mujeres, de jóvenes, de trabajadores, mostrando una fuerza extraordinaria y una rabia que concentra todo el sufrimiento de nuestra clase. Y una vez más, el carácter de las marchas, su contenido netamente anticapitalista expresado en una crítica furiosa a la ultraderecha negacionista, al genocidio sionista contra el pueblo palestino, y a ese feminismo burgués, de postureo, representado por las ministras tránsfobas del Partido Socialista, se ha sentido con una fuerza estruendosa.

Las comunistas revolucionarias de Libres y Combativas, de Izquierda Revolucionaria y del Sindicato de Estudiantes hemos estado en primera línea de esta batalla. Nuestra convocatoria de huelga general estudiantil feminista fue un gran éxito: más de un millón de estudiantes secundaron el paro, y cerca de 100.000 jóvenes participaron en las más de 30 manifestaciones que organizamos a la mañana.

Tal como señalamos en nuestra declaración, que la juventud estudiantil reaccione con esta determinación a la convocatoria del 8M, y que las manifestaciones tuvieran un ambiente tan combativo, es una señal clara de lo que está pasando en la política española y mundial. El feminismo de clase y revolucionario ha mostrado su músculo y el apoyo masivo que ha conquistado entre la juventud.

Las y los jóvenes estamos hartas de la violencia sexual. Hartas de esta justicia franquista, patriarcal y clasista, que nos golpea con sentencias aberrantes. Estamos furiosas porque mientras nosotras ponemos las muertas, Vox y el PP insisten en su discurso negacionista y machista, en amparar la cultura de la violación contra las mujeres y la violencia hacia el colectivo LGTBI, y no se cortan en recortar todos nuestros derechos allí donde gobiernan.

Tanto las manifestaciones estudiantiles de la mañana como las movilizaciones masivas de la tarde, han mandado un mensaje muy potente a la ultraderecha de Vox y del PP: no aceptamos vuestras humillaciones ni lo que vuestro sistema tiene reservado para las mujeres. Y la cosa es muy evidente.

Más de 2 millones de personas respondimos a la llamada de esta jornada de lucha en las manifestaciones de la tarde. En Madrid fuimos más de 700.000, y decenas de miles estuvimos paradas durante horas en el Paseo del Prado sin poder avanzar. Lo mismo sucedió en Barcelona, en Valencia, en Gijón, en Bilbo, en Sevilla, Málaga, Gasteiz, A Coruña… en cientos de localidades la tónica fue similar: furia, rabia, lucha constante, una y otra vez, sin parar.

Los cortejos que organizamos como Libres y Combativas e Izquierda Revolucionaria en las manifestaciones de la tarde fueron masivos, con miles gritando con fuerza las consignas de nuestro feminismo revolucionario y antifascista. Hemos dado un cauce formidable a la corriente subterránea que está desbordando, y confrontando con ese “feminismo” de moqueta tan cómodo para el sistema, para los Gobiernos, para los banqueros y para la ideología de la clase dominante.

El 8 de marzo es la jornada que reivindica los derechos de la mujer trabajadora, y fue propuesta en la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas en 1910 por la marxista alemana Clara Zetkin, secundada por Rosa Luxemburgo y A. Kollontai, entre otras pioneras. Era el momento en que las fuerzas del marxismo trabajaban por integrar a la mujer obrera, la esclava del esclavo, a la lucha por el socialismo y por los derechos laborales y democráticos básicos.

La posición de estas revolucionarias la resumió perfectamente A. Kollontai: “¿Cuál es el objetivo de las feministas burguesas? Conseguir las mismas ventajas, el mismo poder, los mismos derechos en la sociedad capitalista que poseen ahora sus maridos, padres y hermanos. ¿Cuál es el objetivo de las obreras socialistas? Abolir todo tipo de privilegios que deriven del nacimiento o de la riqueza. A la mujer obrera le es indiferente si su patrón es hombre o mujer.”[1]

Ha transcurrido mucho tiempo, pero lo verdaderamente relevante es que el movimiento de emancipación de la mujer trabajadora ha encontrado un cauce masivo de expresión. Y lo está haciendo desafiando precisamente a aquellos sectores pequeño burgueses del movimiento feminista, que han sido siempre una herramienta dúctil para los poderosos. Sectores que solo pretenden romper el techo de cristal y poder asumir las mismas posiciones de poder económico y político que sus semejantes varones para perpetuar la opresión capitalista.

Los medios de comunicación de la burguesía han hecho una dura campaña planteando que el 8M y el movimiento feminista está dividido. En realidad lo que pasa es que el feminismo burgués y pequeño burgués que representa el PSOE, con sus ministras tránsfobas y cómplices con el genocidio de Gaza, que tan a gusto se sienten en sus reuniones y cócteles con Ana Patricia Botín, con esa militarista reaccionaria de Úrsula von der Leyen, y con nuestras explotadoras, está cada día más desenmascarado y en minoría.

Y también hay que decir que sus aliadas en el Gobierno quedan igualmente desautorizadas. Tanto hablar de “feminismo inclusivo” desde Sumar, desde las cúpulas de CCOO y UGT, para al final blanquear todas las políticas del PSOE, consentir su actuación respecto a la masacre en Gaza y su apoyo al Gobierno sionista de Netanyahu, y cerrar la boca ante los ataques vergonzosos a la ley Trans o la del Solo sí es sí. La fotocopia siempre es peor que el original.

Claro que hay división, porque la ofensiva de la socialdemocracia por vaciar de contenido clasista un movimiento de masas que no controlan y que se ha convertido en un problema de enormes dimensiones para el régimen capitalista del 78, no va a remitir. Porque un movimiento de masas de estas características está atravesado por una furiosa lucha ideológica, en la que las comunistas revolucionarias no vamos a dejar de participar y confrontar.

Estamos ante la mayor expresión de la lucha de clases en el Estado español de los últimos años. Eso es el movimiento de la emancipación de la mujer trabajadora que estamos viviendo en sus diferentes manifestaciones: contra la violencia sexista, contra la prostitución, contra la justicia franquista, clasista y machista, contra la ultraderecha, contra la explotación económica, la desigualdad salarial, contra el peso infame de unos cuidados privatizados, contra el ataque al derecho al aborto libre y gratuito en la sanidad pública, contra la opresión atávica de la Iglesia Católica y su gangrena pederasta….

Y la movilización multitudinaria de las mujeres y las jóvenes de clase obrera está poniendo un sello tan evidente, que la derecha lo considera un objetivo prioritario a batir. Las insultantes palabras de Ayuso, utilizando el 8M para clamar contra “la violencia que se ejerce contra los hombres”, son parte de esa declaración de guerra: llaman a su base social de fascistas, machistas y explotadores contra la amenaza de la "revolución feminista".

Libres y Combativas e Izquierda Revolucionaria hemos comprendido la importancia capital de esta batalla. ¿Cómo se puede construir una organización comunista de combate al margen de esta lucha? ¿Cómo se puede teorizar sobre el “bolchevismo” y el “leninismo” y al mismo tiempo no participar en una movilización que involucra a millones de mujeres trabajadoras y concita el odio de la reacción y el sabotaje de la socialdemocracia?

No se puede hablar de organización comunista y no dedicar todas las fuerzas y energías a intervenir en el movimiento real de nuestra clase. Y está movilización de la mujer obrera por su emancipación apunta a la línea de flotación del sistema capitalista.

Estamos viviendo un acontecimiento inspirador, que anticipa los grandes movimientos revolucionarios que están por llegar.

Y las comunistas de Izquierda Revolucionaria y de Libres y Combativas estamos actuando con toda la determinación en una batalla política de una importancia inmensa.

Estamos construyendo hoy el futuro.

Y es un orgullo ver que la siembra que estamos haciendo da maravillosos frutos.

[1] A. Kollontai. El día de la Mujer

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