Las elecciones del 28A han sido históricas en Catalunya. Con la participación más alta desde 1982 (77,6%), los resultados arrojan una victoria apabullante de la izquierda.  Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), PSC-PSOE, En Comú Podem (ECP) y Front Republicà (FR)* suman el 65,4% de los votos. La derecha españolista: Cs, PP y Vox, quedan en 5ª, 6ª y 7ª posición y apenas obtienen un 20%.

La derrota del bloque reaccionario en Catalunya es estrepitosa, con un batacazo monumental del PP, que pierde 264.000 votos y se queda con 1 escaño (en 2016 obtuvieron 6), y Vox logrando tan sólo 148.481 votos, el 3,6 %, y 1 diputado. Los resultados de Cs merecen una mención especial.

Los mismos medios de comunicación de la burguesía que presentaron a Rivera y Arrimadas como grandes ganadores de las elecciones catalanas del 21D de 2018, afirmando estupideces como que el cinturón rojo de Barcelona se había vuelto naranja, intentan ocultar ahora el revolcón que estos políticos de diseño a sueldo del Ibex 35 han recibido el 28A. Ciudadanos pierde en Catalunya 633.636 votos respecto a hace un año y cuatro meses, nada más y nada menos que el 57%, quedándose tan sólo con 477.096, el 11,55 % y 5 escaños (la quinta posición). Este descalabro es especialmente acusado en los barrios y localidades obreras como Hospitalet, Badalona, Terrassa, Sabadell, o las propias Barcelona y Tarragona, donde Cs no pasa del 15%.

Un giro profundo a la izquierda

Por primera vez, un partido independentista como ERC gana unas elecciones generales en Catalunya. ERC vence en 710 de los 947 municipios catalanes, colocándose como primera fuerza en las provincias de Tarragona, Lleida y Girona y segunda en la de Barcelona, muy cerca del PSC, y alzándose con la victoria también en Barcelona ciudad.

Más de un millón de papeletas por ERC, y 15 diputados en el Parlamento estatal, son una expresión acabada de la movilización que ha recorrido Catalunya en estos años contra la represión de Estado y por una república que responda a las aspiraciones de la mayoría trabajadora y la juventud. Donde más crece el voto a ERC es en las localidades y barrios obreros del cinturón rojo de Barcelona o en Tarragona. En todas estas zonas aumenta su voto respecto a las elecciones de 2016 en un 50 o 60%, alcanzando incrementos récord en Nou Barris (81,4%) o ciudades como Hospitalet (86,52%) o Badalona (81,64%).

Los buenos resultados de ERC ponen de manifiesto varios hechos:

Primero. Muchos jóvenes y trabajadores que han votado a En Comú Podem en elecciones anteriores, no aceptan la actitud de desdén de muchos de sus dirigentes, cuando no de abierto desprecio, hacia una movilización ejemplar en defensa del derecho democrático a la autodeterminación. Las declaraciones insistentes de Pablo Iglesias y Alberto Garzón equiparando al movimiento de masas por la república con una conspiración de las élites catalanas, y su renuncia a extender esta lucha al resto del Estado contra la Monarquía y por la república socialista, les ha pasado una factura muy importante. Podem reduce sus votos de 848.526 votos y un 24,51 % en 2016 (fue la fuerza política vencedora) a 614.738 y el 14,89 % (tercera posición).

Segundo. El movimiento de liberación nacional en Catalunya, que ha puesto en jaque al régimen del 78 desde las históricas jornadas del 1 y 3 de octubre de 2017, se está diferenciando cada vez más en líneas ideológicas y de clase.

La derecha catalanista, agrupada históricamente en CiU y ahora en el PDeCAT, ha perdido apoyos sustanciales. Y aunque Junts Pel Catalunya (JxCat) no se puede asimilar por completo a esa tradición, muchos de sus votos también lo son contra la represión, por la libertad de los presos políticos y los exiliados, el magro 12% que han obtenido (497.638 papeletas y 7 diputados) es una buena muestra de que las masas catalanas no quieren una república en manos de políticos burgueses que aplican recortes sociales, privatizaciones y medidas antiobreras, o reprimen duramente a los sectores más combativos del movimiento republicano.

Dentro de las filas del independentismo existe un cuestionamiento creciente a las políticas del Govern de Quim Torra y de los dirigentes de JxCat. Los pitos a Torra en la manifestación del 1-O del año pasado, la presión de las bases de la ANC y el ultimátum anunciado por su dirección para que el Govern aplique el mandato del 1-O, el rechazo a la represión hacia los CDR y las manifestaciones antifascistas, y el desbordamiento de estos dirigentes por movilizaciones impulsadas desde abajo, como quedó de manifiesto en la huelga general del 21F, son más que evidentes. Las elecciones del 28-A no han hecho más que certificar esta tendencia.

Un potencial formidable para derrotar al régimen del 78

Los centenares de miles de jóvenes y trabajadores que han votado a ERC no lo han hecho porque su dirección renuncie desde hace meses a aplicar el mandato del referéndum del 1-O, o aboguen por el “dialogo”. Los motivos son otros. El voto a ERC se ha convertido en la opción más útil para frenar a la derecha españolista y mandar un mensaje de desafío al Estado español y a los partidos del régimen.

ERC siempre ha contado con una base electoral importante entre las capas medias urbanas, y su programa ha sido socialdemócrata sin veleidades radicales. Participó en los gobiernos del Tripartit, y ha sido sostén de Mas, Puigdemont y ahora de Torra. Sus líderes no han tenido especiales reparos en apoyar presupuestos que han tenido muy poco de sociales, y mucho de recortes. Por eso sería un error depositar una confianza ciega en la dirección de ERC. A pesar de la beligerancia verbal de Rufian y otros líderes como Tarda, sus planteamientos han sido moderados en los momentos más críticos como ha dejado siempre claro su jefe de filas Oriol Junqueras.

Pero en esta ocasión, estos mismos dirigentes han tenido que hacerse eco de la enorme presión de la lucha de clases acentuando su imagen de izquierdas. Su campaña se ha centrado en exigir la libertad de los presos políticos (varios de sus cabezas de lista están encarcelados), denunciar la agresión a los derechos democráticos y el vínculo de la derecha españolista con el franquismo. Además, han insistido con fuerza en combatir al bloque reaccionario y, particularmente, a Vox.

Ese discurso les ha permitido agrupar buena parte del “voto útil” del independentismo combativo, así como de trabajadores y trabajadoras que en otras ocasiones no votaron independentista pero que, dada la tibia política de En Comú Podem, han visto en ERC el mejor cauce para golpear la represión del Estado, a la monarquía y al régimen del 78.

También son importantes las lecciones que estos resultados arrojan para fuerzas situadas a la izquierda de ERC. La constitución del Front Republicà (FR) y su decisión de presentarse a las elecciones generó ilusión en muchos activistas de izquierdas. El FR recogió 18.000 avales en 10 días para poder presentarse a las elecciones, dejando claro la gran simpatía que generaba una candidatura comprometida explícitamente con el mandato del 1-O.

Pero los dirigentes de FR no se han diferenciado apenas en su discurso ni en su programa del mensaje de ERC, y no han levantado con claridad la bandera de la república socialista de Catalunya. En un contexto tan polarizado, el votante potencial de FR no ha visto ninguna diferencia esencial entre ellos y ERC, y han optado por el voto útil. Finalmente la coalición dirigida por Dante Fachín ha logrado con 113.008 votos, el 2,74 %, y se ha quedado sin representación parlamentaria.

La otra fuerza que, junto a ERC, crece más es el PSC. Los medios intentan presentar los 400.000 votos que gana respecto a 2016 como un apoyo a la política de sus dirigentes y una recuperación sólida, después de caídas espectaculares en los últimos años como consecuencia de sus políticas de recortes cuando gobernaban en la Generalitat y su rechazo al derecho a decidir.

Es evidente que la dirección del PSC se ha posicionado en momentos claves junto a la derecha españolista. Apoyó el 155 y participó en manifestaciones nauseabundas con el PP, Cs. e incluso Vox, sosteniendo la bandera rojigualda. Para la historia quedará la intervención de Borrell junto a Vargas Llosa y Paco Frutos clamando contra el “separatismo” mientras eran jaleados por miles de reaccionarios acarreados desde muchos puntos del Estado.

Pero una parte sustancial del apoyo al PSC no es pro155 ni españolista, sino un voto de sectores tradicionales de la izquierda, especialmente del movimiento obrero, que se ha movilizado para evitar el avance de la extrema derecha — y la amenaza a los derechos democráticos del pueblo de Catalunya que ésta representa—, y que desconfían del papel de la derecha catalanista del PDeCAT en el movimiento independentista, por sus recortes y su clasismo.

Otro aspecto significativo es que el PSC recupera una parte de votos que en las elecciones catalanas del 21D de 2018 se fueron a Ciudadanos, después de una campaña brutal del miedo, y de sentir que esa era la opción más favorable para impedir la independencia. Muchos de estos sectores, tras ver la deriva reaccionaria de Cs en los hechos y especialmente tras su pacto con el PP y Vox en Andalucía, han vuelto a su  espacio político tradicional.

Romper con la derecha catalanista para construir una república de los trabajadores y el pueblo

La izquierda ha arrasado en las elecciones catalanas, mostrando el enorme potencial que existe para que la clase obrera se convierta en el motor de la lucha por la liberación social y nacional.

Desde Esquerra Revolucionària hemos insistido que en el seno del movimiento de masas por la república catalana hay dos tendencias de clase con intereses contrapuestos. La inmensa mayoría, formada por los millones de jóvenes y trabajadores y amplios sectores de las capas medias empobrecidas y radicalizadas a la izquierda, no queremos una república capitalista para que todo siga igual.  Frente a esta mayoría hay también una tendencia minoritaria, pero con un peso decisivo en la dirección, que habla de república con la boca pequeña para meterla en el congelador, sacar a las masas de la calle y recuperar el autonomismo para seguir aplicando las políticas de recortes y austeridad que exigen la burguesía catalana, española y europea.

Tras el apoyo recibido el 28A, los dirigentes de ERC están ante una encrucijada. Sus grandes resultados tienen mucho que ver con la voluntad de frenar a la derecha en esta cita electoral y con el proceso de diferenciación interna a izquierda y derecha en las bases independentistas. Si de verdad los dirigentes de ERC quieren responder a las aspiraciones del millón de jóvenes, trabajadores y sectores de las capas medias que les han votado, deben apoyarse en esta enorme fuerza para romper con la derecha catalanista y las políticas socialdemócratas que se subordinan a la lógica del capitalismo, para llevar adelante la lucha por una república de los trabajadores, la juventud y el pueblo.

Los resultados del 28A confirman una vez que lo que se inició el 1 y el 3 de octubre de 2017 no ha terminado. La crisis política que sacude Catalunya, que entrelaza las aspiraciones nacionales y democráticas con el rechazo a las políticas capitalistas, no puede resolverse en el marco del sistema.

La república que necesitamos, con justicia social e igualdad, sólo se podrá alcanzar con una política y métodos de lucha revolucionarios. Sólo una república socialista nacionalizará la banca, las eléctricas y los grandes monopolios, colocando las palancas fundamentales de la economía bajo el control democrático de la clase obrera. Sólo una república socialista eliminará los recortes y la austeridad, acabará con la violencia sistémica hacia las mujeres, el racismo y la homofobia, y garantizará el acceso a una vivienda, sanidad y una educación públicas, dignas y gratuitas, y al pleno empleo. Sólo una república socialista barrerá la opresión nacional de Catalunya y asegurará la convivencia democrática de los pueblos y naciones que componen el Estado español en pie de igualdad.

Es la hora de la lucha y la organización, y dotar al movimiento por la república catalana de un programa socialista e internacionalista

¡Únete a Esquerra Revolucionària para levantar esta alternativa!

*Coalición formada por la corriente de la CUP Poble Lliure y Som Alternativa, partido creado por el ex coordinador  de Podemos en Catalunya - Albano Dante Fachín - tras abandonar la organización en desacuerdo con la posición de la dirección estatal de no apoyar la lucha  por la república catalana.


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