Los funcionarios llevan perdidos casi 18 puntos de poder adquisitivo desde 1990 hasta hoy. En Castilla-La Mancha, este año los altos cargos de la Administración se subieron el sueldo entre un 14 y un 75%, según distintas fuentes, con el argumento de homologarse con los altos cargos de otras comunidades. La verdad es que los trabajadores de esta Comunidad también se encuentran muy por debajo de lo que puede cobrar un trabajador de Catalunya o Madrid, por citar sólo dos ejemplos. Como no podía ser de otra manera, esto ha sido la gota que ha colmado el vaso y ha dado lugar a una serie de movilizaciones por parte de los trabajadores de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

 

Los funcionarios llevan perdidos casi 18 puntos de poder adquisitivo desde 1990 hasta hoy. En Castilla-La Mancha, este año los altos cargos de la Administración se subieron el sueldo entre un 14 y un 75%, según distintas fuentes, con el argumento de homologarse con los altos cargos de otras comunidades. La verdad es que los trabajadores de esta Comunidad también se encuentran muy por debajo de lo que puede cobrar un trabajador de Catalunya o Madrid, por citar sólo dos ejemplos. Como no podía ser de otra manera, esto ha sido la gota que ha colmado el vaso y ha dado lugar a una serie de movilizaciones por parte de los trabajadores de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

El Sindicato de Trabajadores de Administración y Servicios (STAS) inició una serie de concentraciones a las puertas de los centros de trabajo, a las que enseguida se sumó CSIF, reclamando la recuperación del poder adquisitivo y la homologación con el resto de comunidades como habían hecho los altos cargos. A partir de ahí, las Juntas de Personal, órganos de representación sindical de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y en las que están presentes los cuatro sindicatos (CCOO, UGT, CSIF y STAS), se posicionaron, en todas las provincias, unánimemente a favor de participar en las movilizaciones.

Cuando parecía que los cuatro sindicatos estaban juntos en esta lucha, CCOO y UGT en la mesa sectorial del martes 12 de febrero deciden, de manera unilateral y sin consultar a los otros dos sindicatos, romper la negociación y realizar una convocatoria de manifestación en Toledo para el 20 de febrero y una huelga para el 4 de marzo, desmarcándose de un calendario previo de movilizaciones acordado por las Juntas de Personal  que, por ejemplo, pasaba por una manifestación en Toledo el 21 de febrero. Desde STAS decidimos apoyar todas las convocatorias de movilizaciones que hubiese con el objetivo de que todas saliesen lo mejor posible para no debilitar la lucha, pero casi no nos dio tiempo, ya que el viernes 15 de febrero CCOO y UGT anunciaron que habían llegado a un acuerdo con la Administración y desconvocaron todas las movilizaciones que había previstas. El acuerdo consiste en una subida de 126 € para funcionarios y 53 € para laborales en tres años, hasta el 2011. Como se puede ver fácilmente esto no compensa ni en lo más mínimo la perdida de poder adquisitivo.

Esto ha provocado entre los trabajadores confusión, irritación e impotencia al ver como los sindicatos que suman la mayoría de los votos en la Administración castellano-manchega les abandonaban a su suerte una vez más. Por su parte, STAS y CSIF realizaron concentraciones en las puertas de los centros de trabajo el jueves 21, en las que hubo menor presencia que en anteriores convocatorias, y una manifestación en Toledo el martes 26 con 1000 funcionarios.

La maniobra de CCOO y UGT ha quedado clara a todo el mundo: ponerse a la cabeza de las movilizaciones para frenarlas en seco. Es lógico que esto haya provocado desmoralización entre los trabajadores y que muchos piensen que ya no se puede hacer nada al haber firmado los sindicatos mayoritarios, restando fuerza a la lucha. Pero esto deja huella entre los trabajadores. Huella en un doble sentido, por un lado estos dos sindicatos, vinculados a la izquierda, continuarán perdiendo prestigio y autoridad ante los trabajadores con lo que es probable que en el futuro fuerzas sindicales vinculadas a la derecha, como CSIF, puedan crecer. Por otro lado, esto es un engaño más, con lo que de cara a futuras movilizaciones que convoquen estos sindicatos los trabajadores dudarán mucho en apoyarlas, temiendo ser engañados otra vez, con lo que se está minando el éxito de futuras convocatorias.

En resumen, acciones de este tipo desprestigian a los sindicatos históricos, crean el caldo de cultivo para opciones de derecha y significan minar la confianza de los trabajadores para futuras movilizaciones. La única forma de cambiar esta situación es que los sindicatos de izquierda defiendan un sindicalismo combativo que pase por defender realmente los derechos de los trabajadores.

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