Como venimos informando desde estas páginas de EL MILITANTE, la empresa Seresco me despidió de una manera casi caciquil el pasado 23 de Mayo. Seguramente pensaban que, como muchas veces ocurre debido al desconocimiento de los empleados de sus derechos, no iba a hacer nada y esperaría a que me llegara el dinero del paro. Sin embargo no fue así: fui al sindicato UGT a explicarle la situación y a que me dijeran si se podía hacer algo, el despido era improcedente a todas luces y así me lo confirmaron en el sindicato.

 

Como venimos informando desde estas páginas de EL MILITANTE, la empresa Seresco me despidió de una manera casi caciquil el pasado 23 de Mayo. Seguramente pensaban que, como muchas veces ocurre debido al desconocimiento de los empleados de sus derechos, no iba a hacer nada y esperaría a que me llegara el dinero del paro. Sin embargo no fue así: fui al sindicato UGT a explicarle la situación y a que me dijeran si se podía hacer algo, el despido era improcedente a todas luces y así me lo confirmaron en el sindicato.
 A partir de ahí sólo había una opción, que fue la de demandar a la empresa y luego, esperar a que me dieran cita para un acuerdo de conciliación si así lo estimaba tanto la empresa como yo: Como el despido era de una forma tan clara improcedente, la empresa no tenía más que una salida y ésta era la de buscar un acuerdo rápido como así fue, se acordó despido improcedente y la indemnizaciónde 45 días por año trabajado (yo llevaba poco más de un año trabajando en la empresa, así que la indemnización es bastante pequeña). No obstante pienso que es un pequeño paso adelante, pues es la primera vez que yo sepa que alguien se les enfrenta, aunque sea a nivel judicial.
 Pero este tipo de actuaciones se están repitiendo en la empresa, un día sí y otro también y lo que tendrían que hacer los sindicatos es el propiciar que eso no ocurra y ayudar a los trabajadores que aún están en la empresa a organizarse y luchar por sus derechos. Obviar esta realidad, y actuar como si fuera una relación cliente-abogado significa aceptar que la situación sea la que es, la de un trabajador casi indefenso contra la empresa, y la búsqueda de una salida individual, como en mi caso.
 La empresa va a continuar con su política de despidos, porque es con las subvenciones por nuevas contrataciones como obtiene importantes beneficios, prolongando de esta forma la situación de precariedad de los trabajadores indefinidamente. Por eso, es ahora más necesario que nunca que los compañeros luchen por la creación de un comité de empresa que defienda los derechos de los trabajadores y por un salario digno.
 Tenemos derechos, y tenemos que demostrar a los empresarios que no estamos dispuestos a dejar que nos los pisen.


 Hace algún tiempo que soy empleado de la empresa SERESCO S.A. Quiero dejar constancia escrita sobre algunas de las irregularidades que, en mi opinión, se producen en mi empresa y también unirme a las voces de queja que ahora más que nunca se están empezando a escuchar. Hace meses, un empleado, harto de la situación de acoso a la q estaba sometido y después del despido sin previo aviso de un compañero que llevaba más de dos años en la empresa , escribió una carta dirigida a sus compañeros más allegados, creo que en ella queda  muy bien reflejado el sentir de muchos de nosotros. Aquí os muestro parte:
 "...He de decir que no todo van a ser quejas y lamentos. Para mí, el ir a trabajar ha dejado de ser una rutina. Llego a casa y estoy anhelando que llegue el día siguiente.  No sé si a vosotros os  pasará lo mismo, pero creo que me estoy haciendo adicto a la adrenalina que genera mi cuerpo ante la incertidumbre de no saber si terminaré o no mi jornada laboral, adicto al dolor de mis músculos por la tensión y la RABIA acumulada al ver cómo echan a uno de mis compañeros y no poder decirles nada, a la ansiedad que me entra al pasar por la puerta de la oficina...."
 Esa semana habían echado a dos personas más. Desde entonces y hasta ahora deben ir en torno a la veintena el número de abandonos. La semana pasada echaron a una persona que llevaba más de siete años y la anterior se contó hasta cinco el número de bajas. Antes de las navidades, echaron a otra compañera, sin previo aviso siguiendo la tónica general.  Llevaba más de un año trabajando y cuando reclamó los quince días de preaviso, la jefa le respondió "que eso de los quince días era sólo un formalismo" y se quedo así, como si nada. O sea que para nuestra jefa nuestros derechos como trabajadores son simplemente meros formalismos. ¡Muy bien!
 Son innumerables las tardes de tertulias que mantienen los empleados, desde hace años, en torno a un café  y siempre con el mismo tema en la boca. Yo soy de la teoría que dice que  "las palabras se las lleva el viento" y de que la guerra se gana yendo a luchar no quedándose en casa lloriqueando como un bebé. Pero también sé que para salir bien librados de la batalla tenemos que tener un buen ejército formado, un ejército de personas implicadas, conscientes de cuál es su cometido y con ganas de cambiar la situación actual.
 Estamos tan acostumbrados que  pisoteen nuestros derechos que muchas veces se confunden abusos con normalidad, incluso alguno de nuestros propios compañeros se nos tira a la yugular cuando huele aires de protesta.  Pero también  creo que aunque no es fácil cambiar el sistema  tampoco es imposible. No podemos dejar que las cosas sigan así. Existen infinidad de cosas por hacer y son muchas las personas que están hartas de esta situación. Por una vez, tomemos nosotros las riendas de nuestro destino. ¿Por qué no? Solamente necesitamos la chispa que encienda la pólvora acumulada. Todo está en nuestras manos. Saludos.

Anónimo

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