El 26 de julio la guardia presidencial anunciaba la detención de Mohamed Bazoum, el corrupto y sanguinario presidente de Níger, y la disolución de su Gobierno. Un golpe que fue respaldado rápidamente por el Estado Mayor del ejército de Níger, pero también por un amplio sector de la población en grandes movilizaciones donde se ondeaban banderas rusas y se quemaban las francesas.

Más de un mes después, y pese a las bravatas y amenazas de intervención militar, el fracaso del imperialismo galo para imponerse en la región es evidente, como muestra el anuncio de retirada de los 1.500 soldados que tiene desplegados en el país africano. 

La amenaza de invasión desencadena la movilización popular

Níger no es solo el séptimo productor mundial de uranio —y principal proveedor de la UE—, sino que posee grandes reservas de oro, petróleo y otras materias primas, lo que, en un contexto de incremento de la pugna mundial por el control de las fuentes de energía, subraya su importancia estratégica. Pero para los intereses del imperialismo francés las consecuencias de estos acontecimientos van mucho más allá: la pérdida de Níger supone un nuevo golpe a la influencia francesa en África. El ejército galo ya tuvo que retirarse de Malí y Burkina Faso tras los golpes militares de los últimos tres años.

Francia, la UE y EEUU se enfrentan a un serio problema en África. Décadas de saqueo de los recursos naturales, de falta de inversiones en beneficio de la población, el fracaso de las operaciones militares y el reguero de asesinatos y violaciones a civiles que han dejado a su paso por el continente explican ese sentimiento antifrancés y anticolonial que mostraron las manifestaciones masivas en apoyo de los militares en Niamey, la capital de Níger, tras la amenaza de intervención militar de la CEDEAO, organización encabezada por Nigeria y que agrupa a 15 países de África Occidental tutelados por el imperialismo occidental.

Un sentimiento que se extiende por toda la región del Sahel y que puede desencadenar una ola de levantamientos populares, en Níger y en gran parte del continente en un momento especialmente crítico para las potencias occidentales. El golpe militar del pasado 30 de agosto en Gabón tras el fraude electoral es un buen ejemplo de ello. Ese mismo día miles de personas se echaron a las calles para celebrar la caída del régimen de más de 50 años de tiranía dirigido por la familia Bongo y apoyado por el imperialismo occidental.

La pugna interimperialista por el control del continente

A nadie se le escapa el papel que en los preparativos del golpe en Níger han tenido Rusia y China y las fuerzas de choque de los mercenarios de Wagner. Un paso más en el avance imperialista de las dos potencias en África, que supone un duro golpe para los intereses económicos y geoestratégicos del colonialismo francés y el imperialismo occidental.

En un contexto de cambio en las relaciones internacionales, de pérdida de influencia de Occidente y de aumento y consolidación de las inversiones rusas y chinas en el continente, la división entre los países africanos ante la intervención en Níger también se profundiza.

Los Gobiernos de Nigeria, Benín, Costa de Marfil y Senegal confirmaron inmediatamente la disponibilidad de sus ejércitos para intervenir en territorio nigerino. Por su parte, Argelia, cuyo presidente ya ha planteado una iniciativa para la mediación, se opone al uso de la fuerza, y Malí y Burkina Faso, países gobernados por juntas militares contrarias a Occidente, ya han asegurado que apoyarán a Níger ante cualquier agresión. Esta alianza se ha consolidado con la autorización de la Junta Militar nigerina a ambos países para intervenir militarmente “en caso de agresión” en su territorio y con la aprobación por parte del Gobierno de Burkina Faso de un proyecto de ley para enviar un contingente militar a Níger si eso se produce.

Las dificultades de Occidente para mantener su influencia son cada vez mayores. Francia, Europa y EEUU están sufriendo crisis tras crisis en África. Con los de este verano ya son siete los países en que se han producido golpes militares en los últimos tres años: Malí, Chad, Guinea, Sudán, Burkina Faso y ahora Níger y Gabón. Naciones sobre las que Francia ejercía una influencia decisiva como antigua potencia colonial y en las que el sentimiento antifrancés, alimentado a pulso por el imperialismo galo, ha sido también utilizado audazmente por el imperialismo ruso y chino, que no comparten la criminal herencia colonial y que se presentan como un factor político de estabilidad que además traen consigo inversiones millonarias.

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Las dificultades de Occidente para mantener su influencia son cada vez mayores. Francia, Europa y EEUU están sufriendo crisis tras crisis en África. 

En este escenario cualquier apuesta por una intervención militar occidental podría conllevar una escalada del conflicto a escala regional, difícil de sostener en el tiempo. Una intervención que enfrentara una resistencia importante en Níger desataría movilizaciones populares en los países intervinientes y en gran parte del continente africano. Por ello, un mes después de la fecha límite que dio la CEDEAO a la Junta Militar de Níger para devolver el poder al presidente depuesto, la perspectiva de intervención militar se aleja.

Por un lado, el primer ministro designado por la Junta Militar, Ali Mahaman Lamine Zeine, ha declarado que esperan alcanzar un acuerdo con la CEDEAO en los próximos días para levantar las sanciones impuestas a Níger desde el golpe. Por su parte, el Gobierno de Nigeria, uno de los principales aliados del imperialismo francés en la región, ha cambiado su tono beligerante por un comunicado en el que asegura que Nigeria ya vivió una transición a la democracia de nueve meses tras un golpe de Estado en 1999 y que “no ve ninguna razón por la que esta situación no se pueda replicar en Níger si las autoridades militares son sinceras”.

A esto hay que sumar el anuncio de Francia de retirará sus tropas, tras el primer fin de semana de septiembre de movilizaciones masivas a las puertas de la base militar gala en Niamey exigiendo su retirada del país. Una nueva derrota del imperialismo occidental.

La revolución socialista es el único camino para la liberación de África

Las políticas expoliadoras y militaristas aplicadas por las antiguas potencias coloniales han causado el actual escenario de miseria y violencia. Sin embargo, eso no implica que el bloque liderado por China y Rusia, que tiene sus propios objetivos expoliadores e imperialistas, vaya a terminar con esta situación.

Corresponde a los oprimidos de África, y a su clase trabajadora, dirigir y protagonizar la batalla contra el imperialismo occidental y hacerlo con el programa del socialismo, expropiando a las multinacionales imperialistas, a la burguesía corrupta, a los latifundistas, y enfrentando sin titubeos a las fuerzas reaccionarias del yihadismo, las mafias paramilitares y los señores de la guerra.

Solo el derrocamiento del capitalismo en África, que ha llevado a este callejón sin salida de hambrunas, miseria y violencia, a través de los métodos de lucha de nuestra clase, la huelga general, las ocupaciones de fábricas y tierras, la insurrección y, sin duda, la lucha armada de masas, logrará la verdadera liberación del pueblo africano.

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