Hace apenas un mes conocíamos los efectos devastadores del endurecimiento de la política anti-inmigración del racista y xenófobo Donald Trump —más conocida como “tolerancia cero”—: más de 2.300 niños han sido separados de sus padres en Estados Unidos mientras éstos eran procesados criminalmente por su intento de cruzar la frontera desde México. Al conocerse las imágenes de niños y niñas encerrados en jaulas y cobijados con mantas térmicas, los diferentes gobiernos y representantes europeos mostraban su “indignación” y, echándose las manos a la cabeza, suplicaban a Trump “más humanidad”. Pero las lágrimas de cocodrilo de estos hipócritas han quedado al desnudo tras aprobarse un nuevo acuerdo de la UE en materia migratoria, que legaliza campos de concentración para migrantes en suelo europeo, y del que Pedro Sánchez se ha mostrado satisfecho.

Racismo institucional en la UE

El viernes 29 de Junio, después de 14 horas de cumbre, los líderes de los estados miembros de la Unión Europea pactaban el nuevo acuerdo que da luz verde a la creación de “centros controlados” donde se clasificará a los migrantes como “refugiados genuinos” e “inmigrantes irregulares”: los primeros serán reubicados por los Estados que se ofrezcan voluntarios a acogerlos y los segundos serán expulsados fulminantemente del territorio europeo, tal y como especifica el pacto de los veintiocho.

El término  “centros controlados” esconde un eufemismo insultante. En realidad se trata de verdaderos campos de concentración donde los migrantes y refugiados que lleguen a ellos están condenados a vivir una auténtica pesadilla, y se combina con otra medida terrorífica: la creación de puntos de desembarco fuera de la UE, concretamente en los países norteafricanos y Libia, donde se procesarían a los migrantes para frenar el flujo de personas que llegan a las costas europeas, el verdadero fin de este pacto de la vergüenza. En el caso de Libia —dónde el 30% de su PIB procede del tráfico de personas— es muy significativo al respecto. Se calcula que hay cerca de 700.000 refugiados en el país y miles de ellos terminan vendidos, maltratados o explotados en redes de trata por todo el mundo como consecuencia de operaciones conjuntas de los gobiernos europeos y el gobierno libio.

Por supuesto, el acuerdo hace un llamado cínico a que todos los estados miembros de la UE hagan un “esfuerzo compartido” sobre una “base voluntaria” para ayudar a los migrantes rescatados en el Mediterráneo, es decir, que las vidas de miles de personas quedan relegadas a la “buena voluntad” de los gobiernos capitalistas de Europa que alientan este tipo de políticas El resultado ya lo sabemos de antemano: el Mediterráneo seguirá siendo una enorme fosa común donde decenas de miles de personas, hombres, mujeres y niños morirán mientras la UE mira hacia otro lado..

Para maquillar esta agenda racista y xenófoba, el documento también habla de más ayuda financiera para Turquía y los países del norte de África, nutriendo el llamado “fondo fiduciario” del continente africano con 500 millones de euros para conseguir una “transformación socioeconómica sustancial” en el territorio y así evitar que la gente “deje su país”. Este intento patético de ofrecer la imagen de una Europa solidaria, contrasta enormemente con los intereses que los gobiernos de la Unión Europea defienden en muchos países de África y Asia, promoviendo guerras de rapiña, animando a los monopolios capitalistas a expoliar los grandes recursos naturales y energéticos de estas naciones, y favoreciendo los beneficios obscenos de una minoría de empresas y de gobernantes corruptos a costa del sufrimiento que padecen millones de personas.

Amnistía Internacional ya ha calificado estos planes de “peligrosos y egoístas”, estima que la idea de “centros controlados” representa un giro hacia una política de detención y barbarie, y que este Pacto está a “años luz de los principios fundamentales de solidaridad y respeto de los derechos humanos”. Pero el acuerdo cuenta con el beneplácito unánime de los países involucrados en su aprobación, y el entusiasmo de los gobiernos reaccionarios del continente. El presidente de Hungría, el xenófobo Viktor Orbán, ha afirmado que el trato representa una gran victoria y que el territorio húngaro “no se convertirá en un país de migrantes”, a la vez que planea castigar con hasta un año de cárcel a quienes ayuden a migrantes con recursos económicos o en las gestiones de permisos.

El presidente francés, el multimillonario Emmanuel Macron ya aclaró que hay que apoyar un sistema similar al de los centros de acogida de Lesbos en Grecia (¡¡donde los refugiados sólo reciben una comida al día y decenas de ellos mueren al año por las condiciones climatológicas!!) y que Francia no albergará centros para inmigrantes ya que “la ley internacional establece que el país más cercano al recate debe ceder su puerto”.

Pedro Sánchez aplaude el acuerdo

La reunión que conformaría el nuevo acuerdo migratorio de los veintiocho se iniciaba con duras amenazas del gobierno italiano de vetar todas las conclusiones de la agenda si no recibía “ayuda para enfrentar la llegada a sus costas de miles de migrantes que intentan entrar a Europa”.

El cierre de puertos decretado por el nuevo ministro de Interior de Italia, el ultraderechista Matteo Salvini, para impedir que los inmigrantes recogidos en el barco Aquarius y otros barcos llegaran a costas italianas, es sólo un ejemplo más del racismo y la xenofobia que azuza el nuevo gobierno de la Liga y el M5S. Pedro Sánchez se ha desmarcado de esta política mediante gestos, y ha recibido el aplauso generalizado. Pero los gestos no pueden reemplazar a los hechos, y el gobierno de Sánchez ya ha mostrado claras contradicciones en este terreno.

La decisión de permitir que el Aquarius haya atracado en Valencia ha sido muy celebrada por toda la población como no podía ser de otra manera, y los ataques del PP y Cs sólo llenan de oprobio a la derecha. Pero el Secretario General del PSOE ya ha afirmado que sólo se trataba de una medida excepcional. Sánchez ha dejado claro que seguirá las pautas del nuevo acuerdo marcado por la Unión Europea, abrazando todas y cada una de las propuestas aceptadas: “Debemos responder de forma eficaz al desafío migratorio con una actuación conjunta y solidaria”, pero ni una sola palabra de acabar con los CIEs, ni poner fin a la expulsión de millones de inmigrantes y refugiados a Europa, o evitar la matanza de miles de ellos en el Mediterráneo.

El mismo 29 de Junio, día en que se hacía público el acuerdo migratorio, el naufragio de una embarcación de migrantes en las costas de Libia se cobró la vida de aproximadamente 100 personas, que se suman a las más de 14.000 personas que han muerto en el Mediterráneo desde 2014. Entre las víctimas mortales se encontraron los restos de 3 bebés y sólo 16 personas fueron rescatadas con vida. ¿Qué tiene que decir el nuevo gobierno del PSOE ante esto? ¿El acuerdo migratorio de la UE acabará con esta matanza o la intensificará?

Millones de trabajadores y jóvenes en Europa hemos seguido indignados la creación del nuevo pacto de la UE y queremos levantar la solidaridad con los millones de personas  que, fruto de las políticas imperialistas de las grandes potencias europeas, se ven obligados a abandonar sus casas, sus ciudades y pueblos huyendo de la miseria que este sistema genera sin fin.

La hipocresía y la moral podrida de los capitalistas europeos y los gobiernos a su servicio, de las instituciones que se supone defienden los derechos humanos mientras empujan a migrantes y refugiados a auténticas cárceles, centros de detención y CIEs, o a una muerte segura en el mar, nos interpelan a todos y todas sobre la urgencia de acabar con este sistema criminal.


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