Italia está atravesando por una profunda crisis económica y política, con una gran destrucción de empleo y de servicios públicos. La corrupción política y empresarial, especialmente destacada en el sector inmobiliario, degrada las infraestructuras y transforma en tragedias los accidentes naturales como el terremoto en Abruzzo o las lluvias de Sicilia. En medio de todo eso, la clase trabajadora italiana no se rinde.
Italia está atravesando por una profunda crisis económica y política, con una gran destrucción de empleo y de servicios públicos. La corrupción política y empresarial, especialmente destacada en el sector inmobiliario, degrada las infraestructuras y transforma en tragedias los accidentes naturales como el terremoto en Abruzzo o las lluvias de Sicilia. En medio de todo eso, la clase trabajadora italiana no se rinde.
Este otoño Berlusconi ha atacado de nuevo con tres medidas: el "escudo fiscal", el Laudo Alfano y las agresiones contra la libertad de prensa. El llamado "escudo fiscal" es un decreto que, en plena crisis, legaliza el fraude fiscal de los grandes capitales. El Laudo Alfano es la ley de impunidad para los cuatro mayores altos cargos del Estado que iba a servir para impedir los procesos judiciales contra Berlusconi. El primer ministro ha interpuesto también demandas judiciales millonarias contra algunos diarios por supuesta  difamación  en  informaciones  sobre  su  vida  privada  (los  escándalos  sexuales del pasado verano y otras lindezas). Roma ha respondido a la convocatoria de la Federación de la Prensa (FNSI) llenando sus calles con decenas de miles de personas en la Plaza del Pueblo, con la participación de CGIL.
El autoritarismo de Berlusconi es una expresión del ataque frontal de la patronal contra la clase obrera y ha abierto conflictos graves en las instituciones del Estado burgués: conflicto con el Presidente de la república, el Tribunal Constitucional, el poder judicial. Finalmente el Laudo Alfano ha sido tumbado por el Tribunal Constitucional bajo el empuje de la protesta popular. Sin embargo, el Partido Democrático (PD) y la Unión Democrático Cristiana (UDC) han permitido en el parlamento la aprobación del escudo fiscal. Hay una clara voluntad de la patronal y del Banco de Italia de que este gobierno siga atacando hasta el último día de legislatura y en esto pueden contar con la colaboración del PD.
La respuesta en la calle se está expresando fundamentalmente en las movilizaciones y huelgas del sindicato mayoritario Confederación General Italiana de los Trabajadores (CGIL). El pasado 4 de abril centenares de miles de trabajadores se manifestaron en Roma contra el gobierno de Berlusconi. Hace apenas un año asistimos también a la mayor movilización estudiantil en décadas. Con la consigna "vuestra crisis no la vamos a pagar", los estudiantes de institutos, universidades y profesores lucharon juntos en las calles durante dos meses contra los recortes brutales a la educación pública y el proyecto de transformar a las facultades en fundaciones empresariales.
Después de un verano salpicado de los escándalos de Berlusconi, ha llegado un otoño bajo el sello de las movilizaciones obreras. Cada una de ella ha sacado a la calle a decenas de miles de manifestantes y en algunos casos más. Empezaron los profesores interinos junto con los trabajadores del sector público el 3 de octubre. Una semana después ha venido la huelga general del Metal en todo el país, convocada por la federación del metal FIOM-CGIL el 9 de octubre, con cinco grandes manifestaciones centrales. Motivo de la huelga fue la firma por separado del llamado convenio del metal que supone la congelación de los salarios y la antesala de la destrucción de los convenios colectivos: es decir, que los convenios de empresa podrán empeorar el convenio nacional y empieza la privatización del ‘finiquito' y de algunas cotizaciones. Un plan de la patronal, Berlusconi y de la minoría sindical representada por los dirigentes "moderados" de CISL y UIL. Una semana después Roma ha vuelto a ser teatro de una manifestación muy participativa contra las leyes racistas del gobierno (quienes no tienen papeles cometen delito, y quien les presta ayuda o no les denuncia, también), en la cual hubo fuerte presencia sindical. Estas movilizaciones han sido apoyadas por el Partido de la Rifondazione Comunista.
El 15 de octubre han empezado las huelgas espontáneas en las plantas de Fiat Mirafiori, extendiéndose durante la semana siguiente a cientos de empresas del Metal en todo el país, con manifestaciones en las fábricas. Los trabajadores del metal piden un referéndum nacional sobre el convenio para poder invalidar este acuerdo a la baja y firmado por separado. Para el próximo 14 de noviembre la CGIL ha convocado una manifestación nacional, luego el 19 de noviembre una por la vivienda digna y la lista de convocatorias de CGIL sigue larga hasta finales de año. Bloqueado el frente político, la clase obrera italiana está empujando a su principal sindicato para defenderse de Berlusconi y de la patronal.

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