En la medida en que se acentúa el estancamiento económico, aumenta el paro, cae la cotización de las acciones y los beneficios anticipando la crisis, que tiene un efecto diferente entre las distintas clases sociales. Para la clase trabajadora, harta En la medida en que se acentúa el estancamiento económico, aumenta el paro, cae la cotización de las acciones y los beneficios anticipando la crisis, que tiene un efecto diferente entre las distintas clases sociales. Para la clase trabajadora, harta de soportar sacrificios y tras la exitosa huelga general del 20J, se fortalecen las tencencias centrípetas. Suena la hora de la unidad, de golpear juntos, de salir a la lucha en el marco más amplio posible para frenar los ataques de la burguesía.

Sin embargo para la clase dominante ocurre exactamente lo contrario: las tendencias son centrífugas, hacia una mayor división, un choque de intereses, un enfrentamiento creciente. No hay tarta para todos y suena el sálvese quien pueda, sea en los Foros internacionales, la ONU, la Unión Europea o a nivel del Estado español. Aquí, la burguesía vasca y catalana (PNV, CIU y otros menores) tratan de marcar sus diferencias con el gobierno de Aznar al que ayer dieron su voto. Cada uno trata de imponer sus propios intereses, aunque esto no quiere decir que, en lo que respecta a cómo recuperar la tasa de beneficios, no logren acuerdos importantes. Los enfrentamientos del PP con el PNV sirven precisamente para ocultar que ambos practican una política de derechas, de privatización y recorte del gasto social. Pero cada uno tiene su propio bolsillo que atender.

Involución de los derechos democráticos básicos

Por su parte la pequeña burguesía se escinde en este proceso de polarización social, un sector gira a la izquierda y se acerca al proletariado, mientras que otro busca en los nacionalistas burgueses la solución a sus problemas.

La burguesía, ante las crecientes movilizaciones sociales, necesita fortalecer el aparato del Estado y la represión y ha utilizado la cuestión nacional para practicar un recorte drástico de los derechos democráticos que nos afectan a todos y que tiene muy poco que ver, por no decir nada, con acabar con el terrorismo individual de ETA.

En primer lugar porque con medidas represivas jamás podrán solucionar un problema político como es la cuestión nacional vasca que hunde sus raíces, precisamente, en la represión y la negación del derecho democrático del pueblo vasco a decidir sobre su propio futuro y ejercitar libremente el derecho de autodeterminación.

El PP se ha valido del terrorismo individual para avanzar posiciones que no tenía en Euskadi, justificar un recorte de los derechos democráticos y fortalecer el aparato estatal con más policía y más medios coercitivos, que son empleados contra todos los sectores en lucha.

Toda la fraseología que han utilizado contra la izquierda abertzale, con acusaciones de “violentos” y de practicar la kale borroka”, nos la han aplicado los últimos meses a todos los que nos pronunciamos contra la guerra imperialista en Iraq o nos manifestamos contra el desastre del PP en el caso del Prestige.

Esa criminalización verbal ha pasado al terreno de los hechos, con medidas que han recortado drásticamente derechos democráticos fundamentales: se ha pisoteado la libertad de expresión con el cierre del único diario euskaldún Egunkaria; se ha vulnerado el derecho a manifestación machacando a la izquierda abertzale (como hizo el PNV el 15 de septiembre), prohibiendo a los trabajadores de Sintel manifestarse, imponiendo recorridos distintos a los solicitados a UGT, CCOO, Sindicato de Estudiantes y muchos más; se ha recortado la libertad de asociación política, aprobando una Ley de Partidos ideada expresamente para ilegalizar a Batasuna, pero cuyos efectos trascienden a cualquier organización política que cuestione el sistema; una ley que es aplicada con absoluta arbitrariedad como demuestra el hecho de que ilegalicen a Batasuna por no condenar a ETA y no ilegalicen al PP, que ha apoyado activamente el genocidio en Iraq.

La represión no soluciona un problema político

La dirección del PSOE, que ha apoyado esta política, ha dado un arma que la derecha en el futuro podrá utilizar a su antojo contra las organizaciones de izquierda.

El aparato estatal heredado de la dictadura permanece aún sin depurar, como demuestra la aplicación de la tortura de forma sistemática en el Estado español puesta de manifiesto en el último informe de la ONU, que sólo incluye aquellas denuncias exhaustivamente analizadas y que no ofrecen dudas. El relator holandés Theo Van Boven, considera “plenamente creíbles” un total de 47 denuncias de torturas relativas a ciudadanos de este país. El informe recoge concretamente 39 casos de denuncias de torturas a cargo de la Guardia Civil, cuatro a cargo de la Policía Nacional y cuatro más por la Ertzaintza.

La represión jamás solucionará un problema político como es la cuestión nacional vasca. Inmediatamente ilegalizada Batasuna, AuB ha logrado en apenas unas semanas 80.421 firmas para legalizarse cuando necesitaba apenas 32.500. Solo éste dato da una idea del nivel de oposición y de compromiso que hay en Euskal Herria para oponerse a la ilegalización de una organización que, se esté de acuerdo o no con sus planteamientos, obtuvo en las elecciones municipales de 1999, en plena tregua de ETA, nada menos que 228.147 votos en la CAV y 44.066 en Navarra.

Dentro de la propia izquierda abertzale se comprenden cada vez más los efectos nefastos de los métodos del terrorismo individual y el sectarismo que ya, para muchos, seguramente una mayoría abrumadora, no son “un método más de lucha” sino un obstáculo objetivo que impide avanzar, que destruye literalmente el apoyo logrado tan trabajosamente con la actividad militante. Paradójicamente es la política del PP, la represión, la ilegalización con todas sus consecuencias, la que crea una sensación de impotencia que es aprovechada por los más fanáticos de ETA. Desde nuestro punto de vista si hay alguien que hace auténtica apología del terrorismo es Aznar, su Gobierno y el Partido Popular que lo sustenta. Por ello comprendemos la indignación de Javier Madrazo acusado de injurias por llamarles terroristas, si bien la izquierda, más que palabras sonoras, necesitama de una política auténticamente de izquierdas.

Hay que romper con la derecha

La clase trabajadora y la juventud que hemos demostrado una fuerza inaudita en la calle con manifestaciones que han agrupado a millones de personas una y otra vez, tenemos derecho a exigir una política auténticamente de izquierdas al PSOE ya que es el partido mayoritario y, por tanto, tiene una responsabilidad mayor que el resto. Le exigimos que rompa con el Partido Popular y con los pactos que le atan a una política reaccionaria y de derechas cuyo único fin es una merma de las libertades democráticas y los derechos fundamentales conquistados por la clase trabajadora en lucha contra la dictadura franquista. Le exigimos que defienda, junto a un programa auténticamente socialista y de izquierdas, el derecho de autodeterminación de las nacionalidades históricas vinculado a la necesidad de mantener unida a la clase trabajadora por encima de fronteras nacionales, una unidad voluntaria y no impuesta.

Exigimos a Izquierda Unida que rompa con el PNV-EA. Desde un Gobierno de derechas es imposible practicar una política de izquierdas, que además implica corresponsabilizarse con la política de privatización y recortes sociales de la derecha vasca.

Para lograr reformas hay que luchar por ellas, organizar una movilización de masas y un movimiento organizado de los trabajadores y la juventud, que es lo único que hará posible la solución del problema de la vivienda y de tantos otros.

Las elecciones en Euskadi

En estas elecciones habrá un deseo de participación superior al de otras consultas para demostrarle al PP en las urnas el rechazo a su política. Tal vez la excepción sea el Pais Vasco si, tal como está intentándose desde el Partido Popular, se impide que AuB pueda participar en estas elecciones. Incluso en esas circunstancias nos parecería un tremendo error promover el voto nulo. Al fin y al cabo que una parte del voto de izquierda se quedase de una forma u otra fuera de las urnas solo favorecería a la derecha al PP y al PNV.

Es preferible dar un voto crítico a IU que tirar la papeleta a la basura. La abstención o el voto nulo se puede plantear cuando existe una alternativa organizada por parte de las masas en una situación revolucionaria.

La idea de crear un mini-Estado paralelo en Euskal Herria, como propugna la izquierda abertzale, sin medios de ningún tipo, es una idea similar a la proclamación de la independencia de la Padania que, a bombo y platillo, declaró la Liga Norte en Italia distribuyendo banderas y el pasaporte del nuevo “estado”. ¿Qué futuro tuvo aquello? ¿Cuántos lo recuerdan siquiera?

La izquierda abertzale carecerá de un proyecto de futuro en la medida que siga con sus ojos puestos en una alianza estratégica con la burguesía vasca. Las distintas burguesías nacionales han demostrado una característica común y es su incapacidad para jugar un papel progresista en la medida en que sus intereses de clase siempre acaban primando sobre todo lo demás.

Si de lo que se trata es de ganar a los sectores y capas que apoyan a la derecha vasca, la experiencia demuestra que sólo se les podrá ganar, a los que sean ganables para la izquierda, con el programa del socialismo y de la revolución y no girando cada día más a la derecha.

Solo la lucha por una sociedad socialista sin clases, sin opresión y sin explotación hará posible la liberación de las nacionalidades oprimidas y la unificación de los pueblos cuyos cuerpos vivos fueron troceados por el imperialismo.

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