Desde hace muchos años los estudiantes del madrileño instituto Ramiro de Maeztu junto a estudiantes de otros institutos públicos del centro de Madrid, suelen reunirse el último día que hay clases, antes de que den las fiestas de Navidad, para realizDesde hace muchos años los estudiantes del madrileño instituto Ramiro de Maeztu junto a estudiantes de otros institutos públicos del centro de Madrid, suelen reunirse el último día que hay clases, antes de que den las fiestas de Navidad, para realizar algún tipo de acto de denuncia en defensa de la escuela pública, contra los privilegios a la jerarquía eclesiástica, etc.

Es cierto que en los últimos años esta fecha se ha centrado más que nada en lanzar huevos contra la estatua de Franco (que hasta el mismo año pasado estaba ubicada en la Castellana) y también contra la fachada del colegio Maravillas (colegio privado y religioso que, como dicen algunos, es “uno de los mas selectos de Madrid”). Esto es lo que sucedió el miércoles 21 de diciembre de 2005.

En un principio nada nuevo, pero las cosas este día no iban a quedar así. Poco después de que llegaran los primeros jóvenes “aparecieron policías por todos lados”, relataba uno de los estudiantes que estaba allí. Los jóvenes que había frente al colegio fueron víctimas de las bolas de acero recubiertas de goma que lanzó la policía y de los porrazos que daban a diestro y siniestro. Tal fue la brutalidad que algunos prefirieron escalar a un tejado cercano para huir de la saña con la que estaban siendo reprimidos. Desgraciadamente los nervios que esta situación provocó en un joven de 16 años hicieron que resbalase y sufriese un severo golpe en la cabeza (resultando gravemente herido, por lo que esa misma noche tuvo que ser operado de urgencia por tener un coagulo en el cerebro, posteriormente pasó a la UCI).

Brutalidad policial

Esto no fue más que una “simple” consecuencia del horror que estaban causando entre la gente que allí había, la situación llegó a ser tan dura que incluso uno de los bedeles de un centro cercano decidió abrir las puertas para que los jóvenes pudieran huir de la policía y la cerró justo cuando los antidisturbios llegaron.

Esto es lo que veía todo el que pasaba por allí. No era extraño escuchar como los profesores gritaban a los antidisturbios para que dejasen en paz a los jóvenes, sobre todo a los tres detenidos con los que se cebaron especialmente; les golpeaban la cabeza, les tiraban al suelo, les amenazaban, etc. Por supuesto, siempre con las esposas puestas. Posteriormente a uno de ellos se lo llevaron “a la retaguardia”, donde había un gran número de antidisturbios, y el policía que le llevó dijo: “aquí tenéis al más chulo de todos… haced con él lo que queráis”, cuenta el joven de 16 años y narra cómo fueron pasando delante de él un buen número de antidisturbios intimidándole, hasta que uno de ellos cogió un tirachinas, una canica y a escasos diez centímetros de su cara lo tensó al máximo preguntándole qué debía hacer “¿suelto o… no suelto?”. Las familias de los jóvenes —hay que recordar que son menores de edad— no supieron donde se encontraban hasta al menos tres horas después de ser detenidos.

Los ejemplos de brutalidad que se dieron ese día fueron muchos más. Muestra de ello es el comunicado del APA del IES Ramiro de Maeztu condenando la actuación policial. Desde un principio los compañeros del Sindicato de Estudiantes nos pusimos en contacto con ellos y sus familias y emitimos un comunicado conjunto denunciando los abusos de la policía y reivindicamos la retirada de cargos, así como la dimisión del Jefe Superior de Policía en Madrid.

Ahora que vuelve a iniciarse el curso sin duda iremos al Ramiro y a los centros colindantes a hacer asambleas, explicar qué fue realmente lo que sucedió el 21 de diciembre y seguir denunciando la actitud provocadora y criminal de la policía.

Tohil Delgado

SE · Madrid


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