Después de casi dos meses de ruptura en las negociaciones del convenio, la empresa convocó sorpresivamente la mesa negociadora el pasado 16 de diciembre. Como cabía esperar dadas sus actuaciones anteriores, no lo hizo con afán constructivo, sino paraDespués de casi dos meses de ruptura en las negociaciones del convenio, la empresa convocó sorpresivamente la mesa negociadora el pasado 16 de diciembre. Como cabía esperar dadas sus actuaciones anteriores, no lo hizo con afán constructivo, sino para plantear recurrir a un arbitraje y para anunciar la presentación de expedientes de regulación de empleo para las factorías de Izar con menos carga de trabajo. En una reunión el 7 de enero, la SEPI se ratificó en lo dicho.

Cuando a principios de noviembre la empresa solicitó una mediación, ya dijimos que eso no tenía sentido porque era ella la que había roto las negociaciones. Para que éstas se reanudasen, sólo tenía que presentar una nueva propuesta de convenio. Por tanto, era obvio que la mediación era un truco que escondía el “quemar una etapa” de cara al arbitraje. Esta perspectiva se reforzó cuando la propia empresa hizo fracasar la mediación, y ahora se ve definitivamente confirmada. Los sindicatos rechazaron en diciembre el arbitraje, pero ahora ya hay disposición a pactarlo. ¿Qué cambió del 16 de diciembre al 7 de enero?

Pero si se pactasen las materias del laudo arbitral y los límites en que su contenido sería aceptable para ambas partes, ¿cuál es la diferencia con una negociación normal de convenio? Que este arbitraje transmitiría a los trabajadores la idea de que no tuvimos suficiente fuerza para sacar nuestro convenio adelante, transmitiría una sensación de cierta derrota. Esto es lo que busca realmente el PP, por eso estaría dispuesto a conceder en un arbitraje lo que no quiso conceder en la negociación. No tiene sentido recurrir al arbitraje cuando seguimos teniendo posibilidades de ejercer presión sobre el PP. De hecho, los sindicatos iban a reunirse para aprobar un nuevo calendario de movilizaciones el día 8. Fue un error suspender dicha reunión. No es el momento de dejar de presionar al PP, sino todo lo contrario.

El anuncio de la regulación de empleo entra también dentro de la lógica. Como escribimos en El Militante de junio del año pasado: “Con toda probabilidad, la estrategia empresarial en el convenio será intentar dividir a los trabajadores condicionando las medidas a tomar en los centros con escasa carga de trabajo a la aceptación de retrocesos en las condiciones laborales y los derechos conquistados”. Esta es ahora la situación.

La situación del Grupo Izar es dispar porque es producto de la fusión de dos empresas públicas: los astilleros militares (la antigua Bazán) y los civiles (Astilleros Españoles, Astano, Juliana...). Mientras las factorías civiles sufrieron procesos de reconversión salvaje, la antigua Bazán sólo vivió procesos “no traumáticos”; mientras ahora las factorías civiles no tienen donde clavar una punta, la carga de trabajo se concentra en las militares. En estas circunstancias, los dirigentes sindicales deben evitar a toda costa contraponer la lucha por el convenio con la lucha por el futuro. Para el PP, el convenio es una fase preparatoria de una nueva reconversión, el convenio es la primera batalla de una guerra. Por tanto, no da igual cómo se zanje. Una victoria en cualquiera de los dos frentes nos fortalecerá en el otro. Tan erróneo es decir que el convenio es un tema secundario como decir que es lo único importante.

Una estrategia para ganar

Hace falta una estrategia para ganar la lucha, que debe tener tres ejes: 1) incidir lo más posible en la producción; 2) involucrar en pie de igualdad a los trabajadores de las compañías auxiliares; y 3) darle mayor proyección pública para ejercer más presión política sobre el PP. Los dos primeros aspectos están interrelacionados y son fundamentales. Los efectos de nuestra movilización serán menores si la producción sigue saliendo adelante.

Los sindicatos deben plantear un calendario de ámbito estatal que incluya una jornada de manifestaciones en las capitales de todas las autonomías donde existe Izar, una asamblea y manifestación en Madrid y una huelga de 24 horas en todas las factorías que se amplíe a una huelga general en aquellas comarcas donde Izar tiene un peso decisivo. Además, deben propiciar la confluencia de las empresas en lucha, como puede ser el caso de FEVE, otra empresa pública que ya lleva sin convenio desde 2002. También en el ámbito local se pueden tomar múltiples iniciativas. Los comités de empresa deben entrevistarse con los partidos de izquierda, pedirles que presenten mociones sobre Izar en los ayuntamientos, etc.

Hay que aprovechar cualquier oportunidad (inauguraciones, la visita de una autoridad, etc.) para hacernos ver. Y también hay que combatir a la empresa en todos los frentes: desde boicotear actuaciones públicas de directivos de Izar hasta llevar a Magistratura los numerosos casos de prestamismo laboral existentes, pasando por una actitud mucho más dura ante la subcontratación.

La situación de los convenios de Izar o de FEVE es el reflejo de una nueva etapa de las relaciones laborales y de la lucha de clases. Se acabó el “buen rollito” entre empresa y dirigentes sindicales, que causó un enorme daño. Una de las características de la actual situación sindical es precisamente que las ideas y los esquemas de muchos dirigentes responden a la etapa anterior. Por eso hay tanto alejamiento entre ellos y las bases. En Izar-Ferrol, una fábrica con enormes tradiciones sindicales, el presidente del comité es abucheado masivamente asamblea general tras asamblea general.

La defensa de nuestros intereses de clase exige un giro sindical a la izquierda y la sustitución de aquellos sindicalistas atrapados en el cenagal del sindicalismo de gestión y de las relaciones cordiales con la empresa de estos años atrás.

Xaquín García Sinde

Comisión Ejecutiva de CCOO

de Izar-Ferrol

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