El pasado mes de octubre, el pueblo uruguayo, en una jornada histórica, rompió finalmente la hegemonía bipartidista y el FA-EP (Frente Amplio - Encuentro Progresista) gana las elecciones en Uruguay y se dispone a comenzar un nuevo camino, en un paísEl pasado mes de octubre, el pueblo uruguayo, en una jornada histórica, rompió finalmente la hegemonía bipartidista y el FA-EP (Frente Amplio - Encuentro Progresista) gana las elecciones en Uruguay y se dispone a comenzar un nuevo camino, en un país donde campea la pobreza de gran parte de su población, la falta de trabajo, la deserción escolar, los servicios de salud totalmente destruidos… herencias todas estas del dominio de las oligarquías criollas padecido durante tantos años.

La victoria del FA-EP es parte de un proceso general, que afecta de manera muy especial a los países latinoamericanos, pero además se enlaza en la tradición y la historia del movimiento obrero y el pueblo uruguayo desde principios del siglo XX.

Nuestro país es considerado pequeño entre dos colosos como son Argentina y Brasil. Sin embargo, ya prácticamente a partir de 1900 el reformista Batlle y Ordoñez logró introducir leyes adelantadas para su época y para toda la región: voto femenino, jubilaciones para las amas de casa, jornada de 8 horas obligatoria para todos los trabajadores etc…. En la década del 40 su clase obrera, dirigida por hombres y mujeres con ideas arraigadas en la gesta de la Revolución de Octubre, supo darle a esta su carácter luchador, combativo y clasista. En todo este proceso de avances y retrocesos, ésta siempre estuvo al frente de las luchas pagando con la sangre de sus mejores hombres y mujeres su lucha por un mundo mejor para todos los uruguayos.

En medio de esta lucha las contradicciones se fueron acrecentando y en la década del 60 el pueblo uruguayo converge en un frente de izquierdas (Frente Amplio) que reúne en su seno a socialistas, comunistas, demócratas cristianos, independientes y sectores escindidos de los partidos tradicionales de la burguesía (blancos y colorados). Entretanto, las grandes masas acrecentaban su malestar por la falta de soluciones a los problemas mas elementales como salud, educación , trabajo para todos, vivienda digna, etc… La burguesía nacional, aliada al capital extranjero, profundizaba la explotación y pauperización de la mayoría del pueblo incluida su clase media, que veía como sus privilegios se esfumaban en beneficio de unos pocos ricos, cada vez más ricos, mientras los pobres eran cada vez más pobres.

Las recetas del FMI, en pleno auge, disponían de las riquezas y dejaban una economía dependiente y postrada a los capitales extranjeros. En esta situación por primera vez se avizora la posibilidad de la toma del poder político por parte de las fuerzas mas progresistas uruguayas (elecciones del 72) pero un colosal fraude hecha por tierra con las esperanzas de la mayoría de la población, que asiste escandalizada a una nueva postergación de su futuro.

A partir de ahí EEUU se encarga de instalar feroces dictaduras que frenarán a sangre y fuego las luchas de masas de Latinoamérica. Así Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, Argentina, Bolivia, Perú… van cayendo bajo la feroz represión digitada desde el pentágono. Las pruebas y testimonios abundan al respecto.

El hemisferio sur recompone a partir de los 80 sus caminos de luchas de clases. Prácticamente todas las dictaduras caen, minadas por la lucha de sus pueblos y víctimas de sus propias contradicciones (corrupción y más corrupción) Y nuevamente en los últimos años, asistimos a un resurgir de la lucha de clases en toda una serie de países y que en Uruguay se ha expresado en la victoria del FAEP.

Es evidente que el nuevo gobierno estará, desde el principio, sometido a una doble presión: por un lado las demandas de los trabajadores y el pueblo uruguayo en general, que necesitan soluciones inmediatas a los problemas que les aquejan. De otro lado, la burguesía nacional y el imperialismo, que tratarán por todos los medios de utilizar el gobierno para seguir aplicando su política. Conciliar los intereses de ambas clases, es una tarea imposible. Inevitablemente, el Frente Amplio tendrá que optar por alinearse con los trabajadores o plegarse a los deseos de la burguesía.

Y junto a esto, la sombra de una deuda externa que todo lo enajena, haciendo imposible solucionar ni tan sólo algunos de los problemas que padece nuestro pueblo. De hecho, el FMI ya ha exigido que el 90% del PIB deberá ser destinado al pago de la deuda externa, lo que ataría de pies y manos al gobierno para poder desarrollar y financiar ningún tipo de política social..

La pregunta es ¿Cuánto mas aguantara nuestro pueblo esta situación? El FA-EP se enfrenta a desafíos históricos: sin duda deberán elegir entre profundizar el proceso de cambio abierto en octubre o postergar nuevamente las esperanzas de los uruguayos. El nombramiento de Danilo Astori para la cartera de economía, quien es visto con buenos ojos por el FMI, es una prueba de las profundas contradicciones a las que el nuevo gobierno se verá enfrentado. La historia ha demostrado sobradamente que ningún cambio profundo, ninguna revolución, se puede llevar a cabo basándose en las leyes y los organismos que la propia burguesía ha creado para perpetuar sus privilegios. Los actuales dirigentes tienen hoy detrás a todo un pueblo respaldándolos. De ellos depende que nuestro país avance y profundice los cambios para satisfacer realmente las necesidades de la mayoría de la población.

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