Hoy será, sin ninguna duda, un día inolvidable para los trabajadores de la flamante INVEVAL, ex –CNV. Un día que comenzó muy temprano cuando los trabajadores y sus invitados nos concentramos en las instalaciones de la fábrica en espera de los autobusHoy será, sin ninguna duda, un día inolvidable para los trabajadores de la flamante INVEVAL, ex –CNV. Un día que comenzó muy temprano cuando los trabajadores y sus invitados nos concentramos en las instalaciones de la fábrica en espera de los autobuses que nos trasladarían hasta el Palacio de Miraflores. Entre bromas y café se realizó la espera, y luego, en ese mismo ambiente de alegría y confraternidad, se hizo el viaje de dos horas hasta la sede del gobierno nacional. Otras dos horas y un poco más hubo que aguardar por el encuentro con el presidente Hugo Chávez, primero en una cola para ingresar al Salón Ayacucho y después dentro del mismo. El solo pensar que en aquel lugar, hace apenas tres años, la oligarquía fascistoide festejaba su efímera victoria sobre el pueblo y que hoy ese mismo pueblo, representado por su vanguardia obrera, llenaba aquella atmósfera con su límpida alegría, era un motivo más que suficiente para erizarle la piel al más templado. Un video que recordaba la lucha de más de veintiséis meses de los trabajadores de la ex –CNV por hacer respetar sus derechos fue el preámbulo al comienzo de la lectura del decreto de expropiación de la empresa por parte del presidente Chávez. Fue una lectura pausada, didáctica, como es el estilo del presidente. Preguntando, analizando y explicando cada una de las frases y palabras del documento, como para que no quedaran dudas de la importancia de lo que se estaba ejecutando. Los compañeros Jorge Paredes, Antonio Betancourt y José Gregorio Quintero respondieron de una forma clara y precisa a cada una de las preguntas que les realizara el presidente y de igual forma explicaron el sentido de esta larga y victoriosa lucha. El momento culminante llegó, como no podía ser de otra forma, cuando el presidente firmó el decreto de expropiación que otorga la propiedad del 51 % de las acciones de la empresa al Estado y el otro 49 % a la cooperativa conformada por los trabajadores, quienes se encargarán, de aquí en adelante, de administrarla bajo su nuevo nombre de INVEVAL (Industria Venezolana de Válvulas). Luego vendría la orden a la ministra del Trabajo, María Cristina Iglesias, para que se encargará de ejecutar el decreto y a la Guardia Nacional para que custodiara, a partir de ese instante, las instalaciones de la empresa. Concluido el acto, el regreso a la fábrica se realizó en un ambiente de mayor emoción aún que el de la ida, y era lógico, el dulce sabor de esta primera y gran victoria tan largamente labrada por la lucha firme y consciente de los trabajadores, permanecía en sus sentidos y se negaba a disiparse. Sin embargo, tanta emoción acumulada a lo largo de estas últimas semanas no pudo contenerse más y, apenas el autobús entró en los alrededores de Carrizal (localidad donde está asentada la fábrica), estalló en múltiples consignas, más que coreadas, gritadas con rabia, con alegría, con emoción, con algunos ojos cargados de lágrimas, sintiendo que había comenzado a hacerse justicia.

Quienes conocimos a los trabajadores de la ex–CNV en el año 2003, cuando comenzaban este largo camino de lucha, en ese momento por unos derechos laborales pisoteados por un patrono oligarca y golpista, veíamos a unas personas ingenuas que se sentían traicionadas por ese patrón y que rápidamente tuvieron que darse cuenta de su ignorancia en ese terreno de pelea al cual los habían llevado, pelea que la mayoría de las veces debieron enfrentar solos, sin un sindicato, sin recursos económicos, sólo con su tesón. Luego, en el 2004, los volvimos a ver batallando en medio de las deserciones, de la impunidad de un delincuente de cuello blanco al cual la justicia parecía no alcanzarlo nunca, solos (con unas honrosas excepciones que venían, casi siempre, de los sectores populares) pero manteniendo la perseverancia a pesar de todos los pesares. En diciembre del año pasado este desigual combate pareció llegar a su fin cuando la gran mayoría de los trabajadores abandonó las instalaciones de la fábrica urgidos por la necesidad económica, circunstancia que aprovechó el patrón para saquear las piezas que había en depósito. Esta acción delictiva, unida al triunfo de los trabajadores de INVEPAL, dio nuevas energías a los trabajadores de válvulas que el 17 de febrero retomaron las instalaciones de la empresa. Sin embargo, algo había cambiado: poco quedaba de aquellos cándidos obreros que en mayo del año 2003 reclamaban por el respeto de sus derechos laborales y caían con facilidad en las trampas que les tendían el patrón y los burócratas del sistema. Los dos años de lucha habían logrado en estos hombres y mujeres un nivel de conciencia de clase envidiable, y producto de ello las consignas tampoco eran las mismas, ahora se cuestionaba la propiedad del medio de producción donde habían generado riquezas durante años para un oligarca parásito. Ahora se exigía que ese medio de producción pasara a manos de sus verdaderos dueños: los trabajadores. Ese objetivo se logró legalmente el día de hoy. Es un primer paso, es un paso importante, pero ahora los trabajadores de la nueva INVEVAL tienen un nuevo reto: deben convertirse en fuente de inspiración para otros trabajadores y demostrar algo que estamos seguros que van a demostrar: que los obreros son mucho mejores administradores de sus fábricas que los empresarios capitalistas, y con ello comenzar a construir ese socialismo del siglo XXI del cual se habla tanto.

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