Cíclicamente los medios de comunicación sacan a la palestra la “importancia” de Europa y lo “bueno que va a ser” tener una constitución europea.Cíclicamente los medios de comunicación sacan a la palestra la “importancia” de Europa y lo “bueno que va a ser” tener una constitución europea. La realidad es que esta campaña lo único que esconde es una vuelta de tuerca más en la construcción europea de los mercaderes, de los capitalistas y un retroceso en las conquistas sociales y políticas de la clase obrera y la juventud.

Una Constitución (conviene recordarlo) expresa, aunque distorsionadamente, la correlación de fuerzas, normalmente reflejando el pacto social que alcanzan los distintos sectores sociales. Por consiguiente, es un producto que permite a la burguesía “frenar” el auge de las luchas sociales, debido también a que la “izquierda reformista” cede y acepta las reglas de juego burguesas.

Antidemocrática

Partimos del hecho de que dicho borrador que se nos quiere imponer es producto de la lucha de clases. Así el auge de la inmigración en un primer proyecto (reunión de Atenas) llevó a la necesidad de incluir una figura nueva: los campos de acogida (eufemismo lingüístico para no hablar de campos de concentración). Con dicha figura se pretendía evitar la avalancha hacia el primer mundo de los emigrantes. Sin embargo, si con una mano se hacía esto con la otra no se hacía nada en contra de las mafias que trafican con seres humanos y que sacan pingües beneficios de dicho tráfico. Pero es que dicha emigración cuando entra se convierte en mano de obra barata y entra a formar parte del “ejército de reserva” que puede ser contratada con bajos salarios y sin derechos por los empresarios, que de esta manera aumentan sus beneficios.

Tan clara era la situación, a pesar del eufemismo lingüístico, que del borrador final ha desaparecido la propuesta. Pero existen otras propuestas que nos confirman el profundo raigambre antidemocrático de dicha Constitución. Así, en el borrador final se incorporan los Derechos Fundamentales, pero estos quedan limitados en el Título VII donde se afirma que lo primero son las “leyes nacionales existentes”.

Por otro lado, desaparece la referencia que había a los “pueblos” de Europa, proclamándose por el contrario “la integridad territorial” de los Estados que componen la UE.

Se reduce el papel del Estado con respecto a los ciudadanos, institucionalizándose una concepción evidentemente liberal. El Estado sólo sirve para “el mantenimiento del orden y la ley, la seguridad y la defensa del territorio” (art. I-5-1), con lo que desaparece a la vez cualquier referencia al “modelo social europeo”. La UE se institucionaliza como un mercado único basado en la libre competencia (I-3-4).

A nivel económico el Mercado Único conlleva: a) la libre circulación de las personas (I-4-1); pero sobre todo de mercancías; ya que la libre circulación de personas está limitada por toda una serie de trabas. B) la autonomía absoluta del Banco Central (I-29-3) que permite que dicho Banco esté fuera de cualquier control popular; y que además sea el que impone la política monetaria y en particular el déficit cero (I-53-2).

Y militarista

La UE siempre dijo aspirar a tener una “política de defensa” común. Ahora bien, las contradicciones entre las diferentes burguesías ha retrasado el proyecto, como se demuestra en la última reunión ante el reparto de la tarta.

¿En qué consiste la política de defensa? “La Unión dispone de una competencia para la puesta en marcha de una política exterior y de seguridad común, comprendida la definición progresiva de una política de defensa común” (I-11). “Los Estados miembros se comprometen a mejorar progresivamente sus capacidades militares” (I-40). Pero todavía queda un artículo por si no se viera el cambio de rumbo de la Unión: “Los Estados miembros ponen a disposición de la Unión, para la puesta en marcha la política de Seguridad y de defensa común, los medios civiles y militares para contribuir a los objetivos definidos por el Consejo de Ministros. Los Estados miembros que constituyen fuerzas multinacionales comunes pueden también ponerlas a disposición de la política de seguridad y de defensa común” (I-40-3)

Dichos artículos permiten hablar de un rearme de la Unión Europea. Europa entra de lleno en una nueva carrera armamentista, lo que supondría la creación de una Agencia Europea de armamento. Al mismo tiempo esta carrera supondrá un aumento en los presupuestos de defensa de los distintos Estados que conforman la UE. Ahora bien, al ser la tarta de los presupuestos invariable, lo que se añade a la partida presupuestaria de defensa se quita de otras partidas presupuestarias que siempre suelen coincidir con la educación, sanidad, ataques al estado del bienestar... En última instancia esto supone secretismo, por lo que el Parlamento europeo (única institución elegida mediante sufragio) no decidirá nada. El que de verdad tomará las decisiones será el Consejo de Ministros.

Este militarismo lleva a supeditar ideológicamente la política de defensa. Ya que las fuerzas armadas de la UE deben estar disponibles para “acciones conjuntas en materia de desarmen, misiones humanitarias y de evacuación, las misiones de consejo y asistencia militar, misiones de prevención de los conflictos y mantenimiento de la paz, misiones de fuerzas de combate para gestión de las crisis, comprendidas las misiones de restablecimiento de la paz” (III-210).

De dicha articulación a la guerra preventiva queda muy poco. El mismo Solana instaura este concepto al afirmar que “las amenazas de la era nueva son a menudo lejanas. En la era de la mundialización, las amenazas lejanas al menos pueden ser tan preocupantes como las que nos apuntan de más cerca”. El discurso de Solana coincide en esto como en otras cosas con la “doctrina Bus”. En última instancia, en cuanto a la política militar, pocas diferencia existen con la doctrina del imperialismo norteamericano. Se acepta todo lo que significa la terminología de la guerra preventiva y no puede ser de otra manera ya que de lo que se trata es de repartirse el mundo, pero esto puede llevar a contradicciones entre lo distintos Estados que incidirán en la lucha de clases.

Esta no es la Europa que quiere el movimiento obrero, es la Europa capitalista e imperialista que necesita del militarismo para acceder a nuevos mercados y acallar al movimiento obrero. Como bien decía Lenin, durante la primera guerra mundial, los Estados Unidos de Europa bajo el capitalismo son imposibles. Las diferentes clases dominantes pueden llegar a acuerdos temporales con el único objetivo de repartirse el botín. Y de esto se trata actualmente entre otras cosas con todo el mercado de la Europa del Este y de las antiguas colonias. Pero incluso estos acuerdos pueden llevar a contradicciones y, como decía Trotsky en La revolución traicionada, a más guerra y barbarie.

Por esto la única alternativa posible es el socialismo.

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