Desde Izquierda Revolucionaria y el Sindicato de Estudiantes queremos trasladar toda nuestra solidaridad, apoyo y admiración a los trabajadores de Mina Miura, que después de quince días de encierro de cuatro compañeros: José María Pérez, Héctor Pérez, Santiago González y Héctor López, a 300 metros de profundidad en condiciones extremadamente precarias, decidían el pasado 7 de mayo iniciar una marcha a pie hasta Oviedo para exigir lo que les pertenece: el pago inmediato de todos los salarios adeudados por el empresario, la defensa de sus puestos de trabajo y un futuro digno para las cuencas mineras de Asturies.
¡Basta de precariedad e inseguridad laboral, impagos salariales y miseria!
Los mineros de Mina Miura llevan meses sufriendo una situación intolerable, con impagos salariales, incertidumbre laboral, ataques y amenazas por parte del empresario, Fernando Martínez Blanco, dueño de Carbones La Vega, empresa propietaria de la mina. Como el resto de empresarios de la minería asturiana y leonesa, actúa con total impunidad mientras las administraciones miran a otro lado.
La decisión de convertir la protesta iniciada con el encierro en una marcha a Oviedo se produjo precisamente después de que Martínez Blanco dirigiese un escrito a toda la plantilla, con fecha 5 de mayo, declarando un ERTE y culpando a las denuncias de los trabajadores de un “endurecimiento de las condiciones por parte de la administración” que le impide “recuperar la actividad”.
¡Qué cinismo! Tras varios accidentes laborales mortales en los últimos años, como los de mina Cerredo —vinculada a la misma empresa matriz que Mina Miura— o Vega de Rengos, en marzo y noviembre del año pasado, los empresarios siguen negándose a cumplir las más mínimas medidas de seguridad, sometiendo a una precariedad y explotación a los mineros de consecuencias mortales.
Frente a estas provocaciones y amenazas, y ante el abandono del Gobierno autonómico y central, los trabajadores de Mina Miura han respondido como históricamente siempre lo ha hecho la minería combativa: organizándose, resistiendo y luchando.
Las condiciones del encierro fueron durísimas: soportando un frío intenso y humedad, sin luz... “Cuando decimos que hay humedad, es que literalmente por nuestros pies pasa un río”, explicaba José María Pérez en una entrevista en El Comercio[1]. En esa misma entrevista denunciaba que en junio de 2025 “nos pagaron la última nómina y desde entonces no hemos cobrado más (...) Nos mandaron a casa con un permiso retribuido que no se nos pagó (…) ni siquiera cumplen lo que dicen ante un juez (…) la situación es insostenible”, sobre todo cuando se tienen niños pequeños, como es su caso.
El encierro y la marcha a Oviedo tienen un enorme valor, poniendo el foco en lo que está ocurriendo en toda la minería privada, enseñando su cara real: cuando se deja el futuro de sectores en manos de empresarios cuyo objetivo es el beneficio privado, las consecuencias las paga muy duramente la clase trabajadora.
Los empresarios llevan años llenándose los bolsillos a costa de las ayudas públicas, mientras recurren a la subcontratación y utilizan prácticas ilegales como montar “minas fantasma” y a cielo abierto para maximizar beneficios violando las normas de seguridad laboral y medioambiental.
Mientras Gobiernos y empresas llenan titulares con propaganda institucional, las cuencas mineras sufren el abandono, el paro y la precariedad, que se refleja en denuncias constantes de impagos y accidentes laborales que afectan a los varios centenares de trabajadores del sector.

Una lucha obrera llena de dignidad
Por eso, la marcha desde Tormaleo hasta Oviedo no es solo una protesta laboral. Es un grito de dignidad que denuncia las falsas promesas de las diferentes administraciones sobre una supuesta “transición justa” que nunca llegó, de las falsas promesas sobre medidas de seguridad tras cada accidente que se lleva el viento, y de la ley de la jungla que impera en el sector.
La imagen de estos compañeros recorriendo más de 150 kilómetros bajo la lluvia, atravesando pueblos y recibiendo el calor y apoyo de su misma clase demuestra una gran dignidad y que ningún derecho se regala: todo se conquista con organización y lucha desde abajo.
Desde Izquierda Revolucionaria y Sindicato de Estudiantes hacemos un llamamiento a la juventud, al movimiento obrero, a las organizaciones sindicales combativas y a todos los colectivos de izquierda a rodear de solidaridad esta lucha ejemplar.
El camino para defender los empleos, salarios y un futuro digno pasa por mantener y extender la lucha de Mina Miura al conjunto de la minería y exigir una intervención inmediata del Gobierno que garantice el cobro de todos los salarios adeudados y condiciones laborales dignas y seguras en el sector, nacionalizando las minas bajo control obrero y sin indemnización.
La mejor respuesta frente a quienes pretenden reprimir y precarizar a la clase obrera es la organización consciente de clase y combativa, como muestran ejemplos como el de las 6 de La Suiza, la huelga de los estibadores de Avilés, la lucha de los compañeros de la CTM, Manuel y Jesús contra las listas negras en la Bahía de Cádiz, o la huelga indefinida que sostienen las trabajadoras de la educación infantil en Madrid o los docentes en Valencia y Catalunya. Cuando la clase obrera se pone en pie, no hay fuerza capaz de detenerla.
[1]A 300 metros bajo tierra en la mina Miura: «Cuando decimos que hay humedad es porque literalmente por nuestros pies pasa un río»




















