“Abajo el patriarcado que va a caer, que va a caer. Arriba el feminismo que va a vencer, que va a vencer, El Estado opresor es un macho violador, Poder judicial, vergüenza nacional”.
Mujeres indígenas, campesinas, trabajadoras, estudiantes, personas del colectivo LGTBI, también los compañeros que se unieron a la lucha, fueron miles en las calles. Se movilizaron contra el machismo y la violencia que sufrimos, contra las violaciones, contra los feminicidios, que se cobraron 128 vidas en 2025. Salieron contra el bullying, el mobbing, y contra la represión en las calles, señalando que la raíz de nuestra opresión es el propio sistema capitalista. Y más en un panorama donde la guerra imperialista impulsada por Trump y Netanyahu en Oriente evidencia de nuevo la barbarie de este sistema. Los mismos que asesinan impunemente al pueblo palestino, bombardean a la población de Irán, y han tenido durante años ese estrecho vínculo y complicidad con el pedófilo Epstein.
En este contexto también cabe señalar que América Latina también ha sido una región que históricamente enfrenta episodios de profunda violencia e inseguridad, y que persiste como un territorio letal para las mujeres debido a la vigencia de estructuras patriarcales enquistadas en la composición de sus Estados capitalistas. Entre estos, Perú sobresale negativamente como uno de los focos de mayor vulnerabilidad.
La ultraderecha pretende perpetuar el machismo que sufrimos como sociedad. Ejemplo de ello, es la congresista y pastora evangélica Milagros Jáuregui, representante del partido Renovación Popular, colectividad que ha intentado en reiteradas ocasiones desmantelar la tipificación del feminicidio y criminalizar a las víctimas que denuncian hostigamiento. En febrero, Jauregui expuso mediáticamente a un grupo de niñas de entre 10 y 13 años que se han sido obligadas a ser madres, tras la intervención de la congresista, después de ser víctimas de violación. En una nación en la que, según datos oficiales, solo en 2025, 993 niñas de 14 años o más jóvenes han sido madres.[1] .
Bajo la narrativa de supuestos "valores cristianos", Jáuregui instrumentaliza la vulnerabilidad de estas menores, quienes fueron captadas a través del albergue La Casa del Padre, administrado por ella y su cónyuge. La exhibición de estas niñas-madres como símbolos de "superación" y trofeos,, constituye una afrenta directa a la dignidad de las niñas, jóvenes y de todas nosotras. Para las que defienden esa moral conservadora podrida, esas y esos que se erigen como defensores de la vida, nuestras vidas solo valen algo cuando pueden explotarse.
Para poder realizar una mirada más profunda que abarque la situación que atraviesan las mujeres peruanas, hemos recogido las versiones de otras mujeres que forman parte de este movimiento.
Desde el ámbito sindical, Fiorela Vásquez, secretaria general del Sindicato Ripley Perú (SUTRAGRISA), subraya el papel fundamental que cumplen las mujeres dentro de la organización. Afiliadas de base, cargos de dirigencia, compañeras en comisiones de negociación, y muchas liderando la defensa de los derechos laborales. Esta presencia activa permite obtener un escenario más amplio, vinculando las demandas laborales con las realidades cotidianas de las trabajadoras.
A su vez, Vásquez resalta que muchas mujeres cargan sobre sus hombros una doble jornada laboral —que combina el trabajo remunerado con las responsabilidades domésticas— limitando el tiempo y la energía disponibles para la actividad sindical. A ello se suman prejuicios machistas que aún cuestionan la capacidad de liderazgo de las mujeres.

En cuanto a la violencia y el acoso en los centros de trabajo, Vásquez reconoce que todavía no existen mecanismos sólidos para enfrentarlos. No obstante, señala que este tema ha comenzado a posicionarse como una prioridad dentro de la agenda sindical, con la intención de incorporarlo en los convenios colectivos y avanzar hacia entornos laborales más seguros. Iniciativas importantes a pesar de que las fuerzas conservadoras han capturado el Congreso de la República.
Asimismo, Vásquez destaca la importancia de tejer alianzas con otros sectores. La articulación con colectivos feministas, especialmente estudiantiles y de mujeres campesinas, ha permitido fortalecer las luchas comunes mediante movilizaciones y acciones conjuntas. Somos las oprimidas, luchando en las calles, las que hacemos fuerte este movimiento.
Desde el ámbito universitario, Paola Sulca, integrante del Bloque Universitario y del Frente UARM, ofrece una mirada crítica sobre el estado actual del feminismo en el país. A su juicio, el movimiento refleja las tensiones propias de la sociedad peruana, particularmente aquellas vinculadas a la clase social y al rol del Estado. Esto ha generado cierta fragmentación interna, dificultando la construcción de una agenda común que represente a la mayoría de las mujeres, sobre todo a aquellas que enfrentan condiciones de vida más precarias.
En el ámbito académico, si bien se han logrado avances en la incorporación del enfoque de género tanto en la investigación como en la legislación, el contexto político actual muestra señales de retroceso. Algunas iniciativas han sido debilitadas, por cuestiones políticas promovidas por bancadas reaccionarias.
Finalmente, Sulca sostiene que cualquier propuesta de igualdad debe construirse desde la realidad peruana, esto es, entendiendo y adaptando las plataformas contra las desigualdades de género a realidades como la clase sociales, que en el Perú está delimitada por una marcada brecha social que por causa del modelo neoliberal se va perpetuando cada vez más. Otro factor a tomar en cuenta es la composición étnica y de territorio, la cual es muy diversa en el país, y por tanto, las mujeres campesinas y de pueblos originarios demandan reivindicaciones que aún no están resueltas, como la erradicación de la violencia obstétrica ejercida a través de las esterilizaciones forzadas en la época de la dictadura fujimorista (1900-2001), y la implementación total de profesionales de salud que asistan a las mujeres andinas y amazónicas en temas de salud reproductivas y de parto respetando mecanismos ancestrales como el parto de cuclillas o parto ancestral.
En medio de este escenario complejo que enfrenta tensiones internas y desafíos estructurales por el cual transita el movimiento feminista en el Perú es necesario no claudicar en la resistencia, e impulsar la lucha contra todo lo que nos oprime, levantando un feminismo anticapitalista, antiimperialista y revolucionario. Así podremos alcanzar la verdadera emancipación de las mujeres de familias trabajadoras, campesinas e indígenas. Eso defendemos desde Izquierda Revolucionaria. Y para ello lanzamos las siguientes reivindicaciones inmediatas:
• Ni una menos, basta ya de justicia machista y capitalista. Castigos ejemplares para los agresores, violadores y feminicidas. Despido y sanción a todos los policías, jueces y fiscales que con su actitud machista, racista y lgtbifóbica favorecen la impunidad de los agresores.
• Derecho aborto libre, seguro y gratuito en la sanidad pública.
• Basta de violencia obstétrica y racista. ¡Nuestro cuerpo, nuestra decisión! Libertad para elegir cómo parir y acompañamiento médico.
• Abajo la brecha salarial. Sanciones ejemplares contra las empresas que se nieguen a contratarnos o nos despidan por estar embarazadas, por no cumplir con estándares estéticos, etc.
• Castigo ejemplar al acoso laboral.



















