El pasado martes, el presidente Zelensky comparecía ante el Congreso, recibiendo una ovación cerrada de la práctica totalidad de los diputados, y de la que solo se desmarcaron políticamente la CUP y el BNG. Y además lo hacía comparando lo que está ocurriendo en Ucrania con la lucha antifascista de los obreros españoles durante los años 30, refiriéndose al bombardeo de Guernica perpetrado por los nazis en 1937. 

Lo que se vivió en el Parlamento fue un total ejercicio de desmemoria y manipulación, y un auténtico insulto para las víctimas del franquismo. Que los herederos políticos del régimen de la dictadura, tanto Vox como el PP, aplaudieran a rabiar las palabras de Zelensky lo dice todo. 

Son los mismos que durante décadas se han negado a condenar las decenas de miles de muertos por la represión fascista, las torturas, las largas penas de prisión por defender las libertades democráticas, el exilio, que han atacado la Ley de Memoria Histórica oponiéndose a que se abran centenares de fosas comunes que riegan el Estado español, que criticaron la exhumación del dictador del Valle de los Caídos o que constantemente han insultado a las víctimas de la dictadura y ensalzado a sus asesinos y torturadores.

Pero resulta aún más lamentable ver como se arrastran junto a ellos, ya no al PSOE, que se sigue negando a investigar los crímenes del franquismo, sino a la gran mayoría de la izquierda parlamentaria, empezando por UP y continuando por ERC o EH Bildu. 

Desde Izquierda Revolucionaria nos hemos opuesto desde el principio a la invasión imperialista de Ucrania por parte del régimen de Putin, pero eso no significa aplaudir y ponernos del lado de Zelensky y su Gobierno reaccionario, del Batallón Azov, de la OTAN y del imperialismo norteamericano. Como hemos señalado, nos encontramos ante una guerra interimperialista reaccionaria por parte de ambos bandos donde los contendientes en pugna son Rusia, China, EEUU y la Unión Europea. ¡Que no nos cuenten cuentos!

Lecciones de la Revolución española

Gernika no es un episodio cualquiera, representa el símbolo del horror y la barbarie que cometieron los franquistas y sus aliados nazis durante la Guerra Civil  contra los obreros y campesinos que luchaban contra el fascismo y por la transformación socialista de la sociedad.

Tras el fracaso del golpe fascista de los militares en julio de 1936, se desató una profunda revolución social que puso en marcha la colectivización de la tierra y de las fábricas bajo el control de los campesinos pobres y los trabajadores, que creó milicias obreras, tribunales y comités revolucionarios poniendo los cimientos para transformar la sociedad en líneas socialistas. Frente a ello, la burguesía y las fuerzas de la reacción, militares, curas, y las escuadrillas de Falange, se pusieron manos a la obra para ahogar en sangre este proceso de emancipación, fusilando a decenas de miles de personas en pocos días (como en la terrible matanza de Badajoz), y llamando públicamente a violar a las “rojas”(1).

En este contexto se enmarca el bombardeo de Gernika. Una pequeña población, que carecía de objetivos militares, pero que era un símbolo del pueblo vasco y que fue cruelmente atacada, como días antes ocurrió con Durango. Murieron más de 200 personas, miles fueron heridas, y más del 70% de la ciudad quedó destruida. Todo ello por la Legión Cóndor, emblema de la aviación nazi, apoyada por escuadrillas fascistas italianas y el Ejército franquista. 

A diferencia de lo que ocurre hoy con Ucrania, la Revolución española no recibió ni armas, ni solidaridad, ni apoyo alguno de los “democráticos” Gobiernos de EEUU, Gran Bretaña o Francia, que sí ayudaron y surtieron a Franco con petróleo, dinero y otros recursos. Pero no fue ningún error, sino una política consciente contra una revolución obrera que amenazaba también sus intereses capitalistas.

Mientras en Ucrania asistimos a un conflicto entre dos bloques imperialistas, donde las potencias pugnan por el control de áreas de influencia, materias primas o rutas comerciales a costa del sufrimiento del pueblo ucraniano, y el Gobierno de Zelenski no es más que el brazo ejecutor de los intereses del imperialismo occidental, en el Estado español en los años 30 vivimos una revolución socialista, donde los oprimidos se levantaron en armas contra el fascismo y por la expropiación a los capitalistas tanto españoles como extranjeros. ¿Qué tiene esto que ver con lo que vivimos actualmente? ¿Qué tienen que ver la Columna Durruti o los soldados del Ejército Popular Republicano y las Brigadas Internacionales con los mercenarios fascistas que recluta Zelenski por toda Europa? 

También en 1914 o 1939 estas llamadas potencias “democráticas” apelaban a grandes valores humanos para justificar sus guerras imperialistas, al tiempo que sojuzgaban a millones de personas y pueblos bajo sus brutales imperios coloniales (India, Vietnam, Irán, África...).

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Zelensky ha integrado en el aparato del Estado a grupos nazis como el Batallón Azov, herederos políticos de aquellos nazis que arrasaron la localidad de Gernika. (26 de abril de 1937, Gernika)


La memoria histórica y el cinismo de Pedro Sánchez

Que Zelensky nos hable de Gernika es una broma pesada. Lo hace el mismo que ha integrado en el aparato del Estado y el ejército, y armado hasta los dientes, a grupos nazis y de extrema derecha como el Batallón Azov, que utilizan la misma simbología de aquellos nazis que arrasaron la localidad de Gernika. Así se ha podido comprobar con claridad en su comparecencia en el Parlamento griego cuando dio la palabra a dos neonazis de este Batallón. Lo hace el mismo que reivindica a Stepán Bandera, el chovinista ucraniano colaborador de las SS nazis durante la Segunda Guerra Mundial y cuya fecha de nacimiento ha sido proclamada como fiesta nacional desde 2019. El mismo que ha premiado a soldados y policías fascistas, y que ha ilegalizado a 11 partidos políticos y a la totalidad de la izquierda ucraniana. El mismo que calla ante la brutal actuación de los fascistas contra la minoría de etnia gitana, atados desnudos a farolas y vejados públicamente.

Pedro Sánchez, en su apoyo entusiasta a Zelensky, declaró que iba a perseguir a Putin por “crímenes de lesa humanidad”. ¡Qué completo cinismo! Es el mismo que cierra los ojos frente a los crímenes contra el pueblo saharaui por parte del sátrapa marroquí, que causaron miles de muertos por bombardeos con fósforo blanco y napalm, o que sigue negándose a que se juzguen los crímenes de la dictadura. No tiene que irse muy lejos para perseguir violaciones de derechos humanos. 

El bombardeo de Gernika causó más de 200 muertos, pero solo en la postguerra entre fusilamientos y muertes en los campos de concentración franquistas, se estima que murieron 150.000 personas. Si Pedro Sánchez quiere perseguir “crímenes de lesa humanidad", ¿por qué se sigue negando a derogar una Ley de Amnistía que impide juzgar los “crímenes de lesa humanidad” de la dictadura franquista? ¿Por qué no empieza aquí en el Estado español con Martín Villa, reclamado por este mismo motivo por la justicia argentina?

También Unidas Podemos y la mayoría de la izquierda parlamentaria han capitulado ante esta nauseabunda campaña de militarismo otantista. Yolanda Díaz no dudo en elogiar a Zelensky por utilizar el ejemplo de Gernika como un gesto “con la memoria democrática de nuestro pueblo” y símbolo de “la paz y la democracia”. 

¿Pero qué paz y democracia van a defender quienes son meros representantes de la OTAN y del imperialismo norteamericano en sus pugnas imperialistas a costa de su propio pueblo? 

Desde Izquierda Revolucionaria luchamos incondicionalmente por los derechos nacionales y democráticos de la nación ucraniana, aplastados históricamente por el imperialismo zarista y el estalinismo. Nos oponemos a la agresión imperialista de Putin y exigimos la salida inmediata de sus tropas. Pero no nos hacemos la falsa ilusión, reaccionaria, de que estos derechos se puedan lograr bajo el Gobierno de Zelenski y su ejército, que actúan como un mero apéndice del imperialismo norteamericano. 

Estamos junto al pueblo ucraniano, que está sufriendo el horror de la guerra y los bombardeos. Pero la alternativa no pasa por apoyar a uno de los bandidos imperialistas, a Putin o a la OTAN, y menos permitir que se manipule nuestra memoria histórica y se utilice a las víctimas del genocidio franquista. Y eso es lo que hicieron, desgraciadamente, al sumarse a ese aplauso los diputados de UP, ERC, EH Bildu o Más País. 

¡Ni Putin ni Otan! ¡No a la guerra imperialista!

Notas:
(1) Así lo hizo el general Queipo de Llano desde Unión Radio Sevilla durante toda la Guerra Civil, con el objetivo de sembrar el terror absoluto.

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