Lo sucedido el 28 de mayo en el País Valencià supone un duro golpe para la clase trabajadora y la juventud. Tras 8 años de Govern del Botànic (la coalición entre PSOE, Compromís y Unidas Podemos) en la Generalitat y de alcaldía de Joan Ribó en la ciudad de València, el PP arrasa y se impone como el partido más votado en las tres provincias.

El mapa electoral valenciano se ha teñido de azul. A nivel autonómico, el PP de Carlos Mazón ha aumentado sus votos hasta un 71%, duplicando su número de diputados (de 19 a 40). Al mismo tiempo, la ultraderecha de Vox también avanza considerablemente, pasando de 10 a 13 escaños y obteniendo 23.938 votos más que en 2019. Ciudadanos desaparece de Les Corts y pierde 430.245 votos que son absorbidos por el PP y Vox, no obstante el bloque reaccionario consigue 1.202.074 votos. Aunque es una cifra menor a la obtenida hace cuatro años (47.667 votos menos), la participación en estas autonómicas ha bajado hasta cinco puntos porcentuales. Esto significa que el voto de la derecha no sólo se ha reorganizado, sino que consigue ampliar su base electoral.

Por otro lado, los resultados para la izquierda son funestos. PSOE, Compromís y UP-EUPV han perdido 163.757 votos en total. La ventaja en 40.398 papeletas que en 2019 consiguieron frente al bloque de la reacción ha quedado vapuleada.

Compromís pierde un 20% de sus votantes y dos escaños, quedándose con 349.096 apoyos y 15 diputados. Podemos sufre una sangría sin precedentes y desaparece del Parlament perdiendo sus 8 representantes: 127.423 votos menos que en 2019 (¡una caída del 59%!). Esta debacle de las coaliciones a la izquierda de la socialdemocracia tradicional ni siquiera puede ser mínimamente compensada por un crecimiento modesto del PSOE-PSPV, que amplía en 4 sus escaños y arranca 54.042 votos más que en 2019.

De esta forma, el pacto del Botànic queda muerto y enterrado y el Partido Popular volverá por la puerta grande, y con el apoyo de Vox, a la Generalitat.

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Con estos nefastos resultados electorales para la izquierda parlamentaria, el pacto del Botànic queda muerto y enterrado y el Partido Popular volverá por la puerta grande, y con el apoyo de Vox, a la Generalitat. 

A nivel municipal, la izquierda tampoco consigue escapar de un batacazo mayúsculo. Con una participación del 72,01% (mayor que en las autonómicas) la derecha recupera uno de los pocos Ajuntaments del Canvi que aún quedaban, el de València, donde tanto el PP como Vox duplican sus resultados. El PP gana en los 19 distritos de València (en 2019 fue la formación más votada sólo en 5) y sube en 67.154 votos y 5 concejales (obtiene 151.482, un 36,62%, y 13 sillones) y Vox aumenta 24.569 papeletas y 2 concejales (consigue 52.695 votos, el 12,74%, y 4 concejales).

El Compromís de Joan Ribó pierde 7.273 votos aunque se mantiene como primera fuerza de la izquierda, Podem-EUPV se queda sin representación en el consistorio (obtiene 9.677 votos y pierde el 40% de sus apoyos) y el PSPV (que incrementa sus resultado en 3.902 votos) mantiene el mismo número de concejales.

Esta misma dinámica se repite en las ciudades más importantes del País Valencià: Alacant, Elche, Castelló, Benidorm, Torrevieja, Torrent… todo queda en manos de la reacción. De hecho, de las 15 ciudades con más de 50.000 habitantes, el PP consigue 9.

Que la derecha más reaccionaria haya vuelto a las instituciones valencianas es una muy mala noticia para cualquier joven y trabajador. Pero, ¿qué ha pasado? ¿Por qué estos resultados? ¿Cómo es posible que el Partido Popular más corrupto y rancio y sus primos hermanos de Vox avancen de esta manera?

Cosechando lo que se siembra. Ni “Govern de progrés” ni “municipalisme transformador”

La ilusión y expectativas que generaron tanto el Govern del Botànic como la alcaldía de Compromís en València en 2015 fue proporcional al odio de clase que la gran mayoría de jóvenes y trabajadores sentimos contra la derecha. No es ninguna minucia. Esas elecciones significaron poner fin a 22 años de corrupción, expolio y privatizaciones a manos del PP. Tras dos décadas de Rita Barberà, Camps y Fabra, y de las mayores y más escandalosas corruptelas nunca vistas, la izquierda se imponía en el País Valencià y en una de las ciudades más importantes del Estado español. Esa victoria fue, sin duda, el reflejo del 15M, de la Primavera Valenciana o de las luchas vecinales del Cabanyal.

Pero tras ocho años de coalición de “progrés” entre el PSPV, Compromís y Podem y de políticas que no han mejorado la vida de la gente, y tras ocho años de un Ayuntamiento del Cambio que no ha cambiado nada fundamental, la reacción recupera uno de sus feudos.

No queremos ser sectarios ni nos alegramos de esta situación. Faltaría más. Pero tenemos que señalar que Compromís y sus socios de Podemos han cosechado lo que han sembrado. Los resultados del 28M han puesto encima de la mesa el desencanto, la decepción y frustración con las políticas de paz social, de propaganda mentirosa y de “gestión responsable” del capitalismo practicadas por la izquierda valenciana.

Durante toda la campaña electoral, tanto el PSPV como las organizaciones a su izquierda, se han basado en exaltar los avances conseguidos en materia de vivienda, sanidad y educación pública, dependencia, igualdad y sostenibilidad. Ximo Puig, Mónica Oltra, Joan Ribó y compañía lo han hecho todo bien. Vamos, el País Valencià es un paraíso en la tierra y un ejemplo de municipalismo transformador al servicio de las mayorías sociales. ¿De verdad?

Hagamos un breve balance de estos ocho años. Con las cifras reales, las que importan de verdad, las que esconden desde les Corts Valencianes.

Según el INE, la tasa de pobreza en el País Valencià se sitúa en el 22.3% y casi 100.000 niños viven en la pobreza severa. El 37% de la población no puede pagarse unas vacaciones, el 34% no puede afrontar gastos imprevistos y un 12% se ve obligado a retrasar pagos de facturas.

Nuestra comunidad es la segunda con una menor tasa de emancipación juvenil, los precios de la vivienda alcanzaron su máximo histórico en noviembre de 2022 con la mayor subida interanual de todo el Estado (un 16,6%) y, en la ciudad de València, los alquileres han subido un 37% el último año.

La educación y sanidad pública siguen destruidas. El desmantelamiento practicado por el PP no se ha revertido e, incluso medidas progresistas que apuntaban en una buena dirección como la suspensión del copago o la reversión a gestión pública del Hospital de Alzira, se han quedado en nada. En este hospital, por ejemplo, ¡el personal sanitario ha estado cinco años con el convenio caducado!

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Compromís y Podem-EU han cosechado lo que han sembrado: aquí está el resultato de la “gestión responsable” del capitalismo practicada por la izquierda valenciana. 

Así vivimos la clase obrera y la juventud valencianas, y no en el mundo de propaganda que el Botànic nos ha intentado vender. El PSOE-PSPV ha gobernado para los grandes empresarios y especuladores, sólo hay que recordar las recientes declaraciones de Ximo Puig calificando de “profundamente injustas” las palabras de Ion Belarra sobre el amo de Mercadona, Joan Roig, y preguntándose que “por qué este ataque a una empresa valenciana”. ¿Y cuál fue la respuesta de sus socios de Govern? Ninguna. El silencio.

Y ese es el problema. Que Compromís y Podemos se han humillado ante el Partido Socialista y han tragado con todo. Lo que sucede a nivel estatal con el Gobierno de coalición, ya empezó mucho antes a pequeña escala en el País Valencià. ¿Cómo los trabajadores y jóvenes vamos a confiar en estos dirigentes de la izquierda? Sí, alguna vez han mostrado alguna “diferencia” con la estrategia del PSOE, pero en política lo que importa son los hechos, y no las palabras. Decir una cosa y hacer la contraria, resta credibilidad, suma desafección política y genera desmoralización.

Ha sido una tras otra de grandes favores a los capitalistas. Primero fue la ampliación del puerto de València. Después la turistificación y gentrificación de nuestras ciudades que está permitiendo que esos pequeños empresarios que viven de la explotación de los trabajadores e inmigrantes (¡la base electoral de Vox!) se estén forrando. Luego, frenar a toda costa la huelga que se estaba gestando en la sanidad pública. Hace nada, el acuerdo entre la Ford y la burocracia sindical para aplicar un ERE en la planta de Almussafes que deja en la calle a 1.100 trabajadores y que ha contado con el apoyo del Govern autonómico.

La desactivación de la lucha obrera y juvenil es lo que explica este retroceso electoral, y no la supuesta falta de conciencia o el “giro conservador” en la sociedad valenciana.

Lecciones para la izquierda. ¡Sólo luchando se conquistan derechos!

La gestión responsable del capitalismo y la “política realista” le ha salido muy mal a la izquierda en el País Valencià. Al estilo Pedro Sánchez y la convocatoria de elecciones generales anticipadas el 23J, Ximo Puig ha dado una patada a sus antiguos socios y les culpa de todos los males electorales. Así paga el PSPV los servicios prestados. Y, Podemos y Compromís en lugar de sacar todas las lecciones necesarias, hacer autocrítica y tratar de enmendar los muchos errores cometidos, han decidido continuar cayendo por el precipicio en el que se encuentran.

A pesar de que estos resultados electorales colocan una presión mayor para que se llegue a un acuerdo entre Sumar y Podemos a nivel estatal, Compromís (representando al sector más arribista y burocrático) ya ha declarado que “Podemos resta más que suma” y que, si quieren acuerdo, los candidatos de la plataforma valenciana deben encabezar las listas de València, Castelló y Alacant. “El 28M ha borrado a toda la izquierda a la izquierda del PSOE salvo a Compromís, los Comuns y Más Madrid. El modelo es el de aquí”, han dicho.

Pues empieza bien la reflexión. Parece ser que no se dan cuenta (o sí, pero no les importa), que estos métodos de pactos en despachos, acuerdos por arriba y abandonar un programa de lucha consecuente es lo que nos ha llevado a esta situación. Y si los errores continúan profundizando, los resultados el 23J serán muy parecidos a los obtenidos el pasado domingo.

Resulta muy ingenuo o muy estúpido pensar que el colapso de la izquierda a la izquierda del PSOE apenas afectara a Compromis. Ellos también son parte, y una parte muy importante junto a Ada Colau, Pablo Iglesias, Yolanda Diaz o Rita Maestre, de este auténtico desastre para la izquierda.

La “practicidad” y la “unidad” con la que ahora nos machacan los dirigentes de la izquierda se va a mostrar impotente para frenar a la derecha si no recuperamos lo que, precisamente, aupó a estas formaciones: la movilización más contundente, la lucha y la organización de los más oprimidas y oprimidas.

La vida de la gente nunca mejorará si la izquierda basa toda su acción en el parlamentarismo y en las vías institucionales. Todos los engranajes del sistema capitalista están pensados y diseñados para que los ricos sean cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres. Por eso, la lección principal que nos dejan las elecciones del 28M es que necesitamos construir una izquierda combativa, revolucionaria, que esté ligada a la lucha social, que impulse un sindicalismo democrático y que sí, batalle conscientemente contra el capitalismo y por la transformación socialista de la sociedad.

Desde Esquerra Revolucionària sabemos que no es una tarea sencilla ni fácil, pero estamos comprometidos en ello porque no hay otro camino. Si tú también quieres luchar por la revolución social y acabar con la pesadilla que este sistema significa para la mayoría, únete a nosotros y nosotras.

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