El 3 de febrero, tras un suspense que ha durado hasta el momento mismo de la votación y que se ha resuelto gracias al esperpéntico voto a favor de un diputado del PP emitido “por error”, la fraudulenta reforma laboral, pactada por el PSOE y UP con las cúpulas de CCOO, UGT y CEOE, ha sido finalmente aprobada por el Congreso de los Diputados.

La patronal y todos los que apoyaron con entusiasmo esta reforma laboral, como la Fundación Faes de José María Aznar, el periódico reaccionario ABC o la exministra del PP Fátima Báñez, promotora de la reforma del PP en 2012, tienen motivos para celebrarlo.

Como explicamos más ampliamente en nuestra valoración de la reforma, se trata de una ley que mantiene los aspectos más dañinos de la reforma de Mariano Rajoy, a cambio de pequeñas migajas que no van a alterar en lo sustancial el proceso de continua degradación de nuestras condiciones laborales que la clase trabajadora estamos sufriendo.

Grietas en el bloque de la investidura

El contenido de la reforma es tan lesivo para las trabajadoras y trabajadores que ha provocado una grieta pública en el bloque de los partidos que votaron a favor de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno. EH Bildu, el BNG, la CUP, ERC, han acusado el malestar generalizado entre la clase trabajadora por la abierta renuncia del PSOE y UP a cumplir una de sus promesas electorales estrella, la derogación de la odiada reforma laboral del PP.

Su negativa a votar afirmativamente ha colocado al Gobierno en la tesitura de tener que contar con los votos de la derecha para sacarla adelante. Y el Gobierno no ha tenido el menor reparo en hacer lo posible para lograrlos.. ¿Acaso Pedro Sánchez no estuvo esforzándose durante meses en 2019 para alcanzar un acuerdo con Ciudadanos? ¿no están llegando cada dos por tres a acuerdos con el PP en temas tan sensibles como la renovación del Consejo General del Poder Judicial y otros órganos constitucionales?

Pero si para el PSOE llegar a acuerdos con la derecha no es un problema, para UP, y especialmente para Yolanda Díaz, este resultado es un serio revés político.
La ministra de Trabajo no solo es la responsable de esta reforma fraudulenta, sino que ha empeñado su prestigio político en sacarla adelante basándose en que se trata, según ella, de “la primera reforma laboral que recupera y gana derechos para los trabajadores”. Por si a alguien le quedasen dudas tras leer el texto del nuevo decreto, el apoyo de partidos claramente escorados hacia la derecha más reaccionaria, como Ciudadanos, UPN o el PRC, unido al providencial “error” de un diputado del PP que con su voto a favor inclinó la balanza a favor del SI, ha dejado manifiestamente claro que esta reforma cuenta con la plena aprobación de los empresarios y de la derecha, y que si PP y Vox han votado en contra - eso sí, después de asegurarse que la reforma salía aprobada - ha sido únicamente para intentar desgastar al Gobierno y beneficiarse de las divisiones entre sus socios de legislatura.

Por si fuera poco, la derecha, por boca de Inés Arrimadas, ha aprovechado la ocasión para hacer sangre a costa del PSOE y, sobre todo, de UP. Su declaración en la tribuna del Congreso de que la reforma “es la norma menos sanchista que puede haber y se parece muy poco a lo que pedía el PSOE y Podemos. Esta norma consolida elementos de la reforma laboral de 2012. Hay más seguridad jurídica", pone en ridículo los balbuceos de Díaz para presentar la reforma como una conquista histórica de la clase obrera.

Una derrota política para Yolanda Díaz

Pero Yolanda Díaz es más que la ministra de Trabajo que impulsó la reforma laboral. Desde la retirada de Pablo Iglesias, Díaz está dedicada en cuerpo y alma a convertirse en la cabeza visible de una nueva agrupación política, una amplia plataforma que, en sus propias palabras “va mucho más allá de los partidos”, que subsumiría bajo su liderazgo no solo a UP, sino también a Compromís, a Más País y a los Comuns de Ada Colau.

Yolanda Díaz soñaba si no con una aprobación unánime de su reforma laboral, al menos con el apoyo cerrado de toda la izquierda y de todos los partidos que votaron la investidura de Sánchez. Su proyecto caudillista necesitaba una victoria así para terminar de lanzarse a la arena pública.
Por esta razón, Díaz buscó desesperadamente hasta el último minuto el voto favorable de ERC, cuyos dirigentes sufrieron todo tipo de presiones, desde las ejercidas desde las cúpulas de CCOO y UGT, hasta la amenaza de Ada Colau de retirar el apoyo al Gobierno autonómico catalán si ERC no votaba a favor de la reforma. ¡Una buena manera de construir “democráticamente” una plataforma unitaria para un “proyecto de nuevo país”!

Díaz ha fracasado y su proyecto político queda tocado antes de echar a andar seriamente. En cualquier caso, la clase trabajadora nada debemos esperar de las maniobras palaciegas que parece tanto gustan a Yolanda Díaz y sus socios. El único camino que se nos abre para recuperar nuestros derechos arrebatados y revertir el deterioro de nuestras condiciones de vida pasa por la movilización en las calles, siguiendo el ejemplo de los trabajadores y trabajadoras del Metal de Cádiz, y por la organización en torno a un programa verdaderamente de izquierdas que enfrente la voracidad de la patronal. .


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