Este martes 31 de marzo el Consejo de Ministros ha aprobado el indulto a las 6 sindicalistas de la pastelería La Suiza. Se trata de una victoria de estas sindicalistas valientes y que no se han resignado nunca, de todo el sindicalismo combativo que no ha parado de ejercer presión. Un triunfo de la lucha en las calles, de la movilización sostenida y de la solidaridad de clase. Después de mucho tiempo, demasiado, el Gobierno central, aunque tarde, ha tenido que mover ficha.

Desde el Sindicato de Estudiantes e Izquierda Revolucionaria queremos trasladar nuestra  enhorabuena a estas compañeras, y decimos alto y claro que jamás tenían que haber entrado en prisión por defender sus derechos laborales y democráticos más elementales, porque como nunca nos cansaremos de repetir “hacer sindicalismo no es delito”.

Durante años estas seis sindicalistas han sido señaladas, perseguidas y condenadas por hacer lo que cualquier organización obrera debe hacer: defender a una trabajadora que había denunciado acoso sexual y abusos laborales. Por ello, fueron condenadas a tres años y medio de prisión, en un caso que ha sido un ejemplo evidente de cómo el aparato judicial, infestado de franquistas, puede actuar contra el sindicalismo combativo con un objetivo muy claro: dar un escarmiento y enviar un mensaje de miedo a la clase obrera y juventud combativa; pero no lo han conseguido.

Desde el primer momento, la respuesta fue contundente por parte de la clase trabajadora, de la juventud precaria y estudiantil, de todo tipo de colectivos de Asturies, y que se extendió como la pólvora por todo el Estado. De inmediato se empezaron a organizar concentraciones, manifestaciones y campañas de solidaridad constantes que se han mantenido a lo largo del tiempo y que ha permitido que haya aumentado el conocimiento de este caso y se haya traducido en un apoyo social creciente.

Y cuando de forma escandalosa llegaron a entrar en prisión, cayendo como un jarro de agua fría para desmoralizarlos, la respuesta no se frenó. Al contrario, la rabia se multiplicó. Miles de personas salieron a las calles para exigir su libertad, señalando esta condena como lo que es: un ataque al sindicalismo y a la libertad de expresión.

Y una vez más, gracias a ello, se consiguió el tercer grado. Una señal de que la movilización estaba dando sus frutos y un golpe en la mesa. Pero lejos de conformarse, el movimiento ha seguido adelante dejando claro que no bastaba con esto.

Ahora el indulto confirma lo evidente: que estas compañeras han sido víctimas de una inmensa injusticia perpetrada de forma consciente por una judicatura que jamás ha sido depurada tras la muerte del dictador y cuyos efectos sufrimos a día de hoy. Y también que si hoy no están en prisión es gracias a la lucha y la organización. Si querían amedrentarnos y callarnos, aquí nos tienen más convencidos y organizados que nunca.

Pero también hay que decirlo: el indulto no lo resuelve todo. No borra la condena ni elimina las graves consecuencias de este proceso para las compañeras y sus familias. Por eso, la pelea no termina aquí. El caso de las 6 de La Suiza nos inspira para continuar la batalla por algo mucho más amplio, nuestro derecho a organizarnos, a movilizarnos y a defendernos colectivamente frente a los abusos de la patronal, del aparato judicial y policial.

Esta victoria demuestra que sí se puede, que cuando hay lucha obrera se pueden torcer el brazo de nuestros agresores. Pero también deja claro que no podemos parar ahora: hay que seguir adelante, sin dar ni un paso atrás, porque la represión policial y las medidas autoritarias se agudizan, como demuestran casos como las 7 de Somosaguas, los 6 de Zaragoza, la Operación Fuego contra los trabajadores del Metal de Cádiz o los sindicalistas de Acerinox…

¡Si tocan a una, nos tocan a todas!

¡Frente a su represión, organización y lucha!

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