Aumentan las muertes por calor, los glaciares retroceden, se acelera la subida del nivel del mar y las temperaturas alcanzan niveles récord

El cambio climático sigue avanzando sin tregua; el aumento de las temperaturas, el calentamiento del océano, la concentración de gases de efecto invernadero y la pérdida de masa de los glaciares están llevando al planeta a la destrucción.

Un dato que lo resume mejor: los últimos ocho años son los más cálidos que se han registrado desde 1850, año en el que empezaron las mediciones directas. La temperatura media mundial en 2022 fue 1,15 grados más cálida respecto al periodo preindustrial, entre los años 1850 y 1900.  

Los expertos de la ONU, no dejan de alertar en sus informes que esta crisis no solo se manifiesta con un aumento de las temperaturas medias, también multiplica en intensidad y número los fenómenos meteorológicos extremos. La ONU insiste en que necesitamos una acción climática contundente y recortes de emisiones rápidos y profundos para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados.

Pero si el modelo de producción no cambia, estos llamamientos seguirán quedándose en papel mojado, los capitalistas seguirán acumulando beneficios y el capitalismo continuará envenenando el planeta.

El cambio climático no solo provoca el calentamiento de la atmósfera, sino que está modificando los patrones y corrientes atmosféricas, lo que está llevando a que los países del sur de Europa experimenten un calentamiento más intenso, que todo indica que irá en aumento.

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Si el modelo de producción no cambia, los llamamientos de la ONU, etc., seguirán quedándose en papel mojado, los capitalistas seguirán acumulando beneficios y el capitalismo continuará envenenando el planeta. 

Eventos como las olas de calor sin precedentes que afectaron a Europa durante el verano pasado, las estamos volviendo a sufrir este. Este episodio de 2022 dejó a su paso en el viejo continente más de 15.000 muertes  asociadas al calor, 4.600 de las cuales se produjeron en el Estado español. Esto es solo una muestra de todo lo que está por venir.   

Fuera de Europa la situación no es mejor. China también sufrió la ola de calor más extensa y duradera desde que se iniciaron los registros en el país. Esta se prolongó desde mediados de junio hasta finales de agosto de 2022 y dio lugar al verano más cálido del que se tiene constancia. Además, también fue el segundo verano más seco jamás registrado.

La India y Pakistán vivieron varias olas de calor, también a niveles récord, que llevaron a un descenso del rendimiento de los cultivos en ambos países. La sequía causó estragos en África Oriental, donde las precipitaciones han estado por debajo de la media durante cinco estaciones de lluvias consecutivas, algo que jamás había ocurrido en los últimos 40 años. Las consecuencias están siendo dramáticas: en enero de 2023, la cantidad de personas que estaban en una situación de grave inseguridad alimentaria ascendía a más de 20 millones.

El aumento de los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos ha expuesto a millones de seres humanos a una situación de inseguridad. Entre 2010 y 2020, la mortalidad humana por inundaciones, sequías y tormentas fue 15 veces mayor en regiones altamente vulnerables. 

El calentamiento ya ha causado impactos y daños generalizados e irreversibles

El cambio climático es una amenaza para la supervivencia y la salud del planeta, y la oportunidad que la humanidad tiene para asegurar un futuro habitable y sostenible para todos se reduce cada vez más rápido.

Las emisiones de efecto invernadero, procedentes de los combustibles fósiles siguen creciendo. En 2022 se incrementaron alrededor de un 1% respecto a 2021, según el informe de Global Carbon Project.
La concentración de estos gases en la atmósfera está en niveles récord. En estos momentos, las concentraciones en la atmósfera del dióxido de carbono (el principal de estos gases) es la más alta en al menos dos millones de años y las de metano y óxido nitroso son las más elevadas en al menos 800.000 años.

En la Cumbre de París se estableció que los países debían reducir sus emisiones para lograr que el incremento de la temperatura no supere a finales de siglo los 1,5 grados. Pero hoy esta ya ha aumentado 1,1 grados, y con los planes presentados por los Gobiernos la temperatura llegará a subir, en el mejor de los casos  2,5 grados[i].

Cada décima de aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero cuenta, y el cambio climático amenaza cada vez más los ecosistemas, la biodiversidad y los medios de vida, la salud y el bienestar de las generaciones actuales y futuras.

Además, la crisis climática deja al descubierto de forma más evidente la desigualdad, porque en esta crisis como en todas hay responsables y víctimas. Las regiones más vulnerables, que históricamente han contribuido menos al cambio climático, son las que se ven afectadas de manera desproporcionada, y entre 3.300 y 3.600 millones de personas viven en contextos altamente vulnerables al cambio climático. Las poblaciones con menos recursos son las mayores víctimas de estos efectos.

La desigualdad respecto a los responsables del problema también es significativa; las personas con un poder adquisitivo alto contribuyen de manera desproporcionada a las emisiones. El 1 % más rico de la población emite más del doble de carbono que la mitad más pobre de la humanidad.

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Entre 3.300 y 3.600 millones de personas viven en contextos altamente vulnerables al cambio climático. Las poblaciones con menos recursos son las mayores víctimas de estos efectos. 

Todas las regiones del mundo se enfrentan a nuevos aumentos de los peligros climáticos. Se espera que a corto plazo aumenten la mortalidad relacionada con el calor, las enfermedades transmitidas por los alimentos y el agua, los problemas de salud mental, las inundaciones en ciudades y regiones costeras, la pérdida de biodiversidad, la disminución de la producción de alimentos en algunas regiones, etc.

Mientras los grandes bancos siguen sosteniendo la industria de los combustibles fósiles

Desde que se aprobó el Acuerdo de París en 2015, los 60 bancos más grandes del mundo han financiado a la industria de los combustibles fósiles con más de 4,6 billones de dólares, 742.000 millones de ellos solo en 2021. Los bancos españoles, Santander, BBVA y Caixabank han destinado 75.000 millones de dólares a esta industria.

Inversiones multimillonarias en las industrias que producen la crisis climática. Inversiones en gas natural licuado, préstamos a grandes multinacionales ganaderas y activos en empresas culpables de deforestación a gran escala, son un negocio muy lucrativo para los bancos, y parte del capital español se destina a esta financiación.

El Santander y el BBVA, aparecen entre las 20 entidades que mayor financiación aportan a la expansión de los combustibles fósiles en África. En concreto, el Santander aparece en el puesto 16, con 1.984 millones de dólares y el BBVA en el 20, con 1.352 millones.

Además, entre 2010 y 2022 el Santander ofreció créditos por valor de 11.067 millones a los sectores más implicados en la deforestación,  lo que incluye compañías dedicadas a la madera, el papel, el aceite de palma, la carne de vacuno, la soja y el caucho. Esto coloca a la entidad presidida por Ana Botín, entre los veinte bancos que están financiando la deforestación en las selvas tropicales.

A nivel estatal realizaron una inversión de más de 2.000 millones a compañías del sector cárnico y lácteo, responsables de gran parte de la contaminación medioambiental, el aumento de emisiones de C02 y la explotación laboral.

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Luchar contra la destrucción del planeta, es luchar por un nuevo modelo de sociedad basado en una planificación democrática y respetuosa con el medio ambiente. La lucha por el socialismo es más necesaria que nunca.   

Por eso, hablar de buenas intenciones, planes creíbles o esfuerzos refiriéndose a las y los capitalistas que se lucran a costa de seguir destruyendo el planeta es uno de los mayores y dramáticos engaños que podemos encontrar en lo que se refiere a la lucha contra el cambio climático.

No hay salida a esta barbarie bajo el orden actual. El capitalismo verde es una completa farsa y las cumbres climáticas han fracasado y son un escaparate para que las empresas más contaminantes se laven la cara ante la opinión pública.

Luchar contra la destrucción del planeta, es luchar por un nuevo modelo de sociedad basado en una planificación democrática y respetuosa de las fuerzas productivas y estableciendo un nuevo régimen social y económico. La lucha por el socialismo es más necesaria que nunca.

 

[i] Las emisiones del principal gas de efecto invernadero ligadas a los combustibles fósiles marcarán otro récord este año a pesar de la caída registrada en China y Europa

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