"Hispaniola es un milagro. Montañas y colinas, llanuras y pasturas, son tan fértiles como hermosas (...) los puertos naturales son increíblemente buenos y hay muchos ríos  anchos, la mayoría de los cuales contienen oro (...) Hay muchas especias, y nueve grandes minas de oro y otros metales", tal era uno de los informes que Cólon remitía a la Corte de Madrid, explicando que había llegado a Asia (en realidad se refería a Cuba) y a una isla de la costa china (Hispaniola que es la isla que hoy se compone de Haití y República Dominicana). Al final del informe prometía, a cambio de ayuda de la Corona, "cuanto oro necesitasen (...) y cuantos esclavos pidiesen". Pero las cosas no eran exactamente así.
Colón estaba desesperado por encontrar las fuentes del oro del que sólo había visto polvos en los ríos y algunas máscaras a los indígenas. "Por ello en la provincia de Cicao, en Haití, donde él y sus hombres imaginaban la existencia de enormes yacimientos de oro, ordenaron que todos los mayores de catorce años recogieran cierta cantidad de oro cada tres meses. Cuando se la traían, les daban un colgante de cobre para que lo llevaran al cuello. A los indígenas que encontraban sin colgante de cobre, les cortaban las manos y se desangraban hasta la muerte. Los indígenas tenían una tarea imposible. El único oro que había en la zona era el polvo acumulado en los riachuelos. Así que huyeron, siendo cazados por perros y asesinados". Así relata Howard Zinn (historiador y activista militante norteamericano, recientemente fallecido) la colonización española en su maravilloso libro La otra historia de los Estados Unidos, y estos hechos y estas palabras inspiran algunas de las escenas más impactantes de la última película de Icíar Bollaín, que comienza con la dedicatoria de la misma al propio Howard Zinn, anticipando así el carácter crítico del largometraje.
El punto de partida es la historia de un equipo de cine que viaja a Bolivia para grabar una película sobre la colonización española con la que pretenden denunciar, tomando como referencia la vida y obra de Bartolomé de las Casas, la violencia ejercida por los colonizadores hacia los indígenas.

Explotación imperialista, ayer y hoy

Se trata de tres historias, que se construyen una sobre otra. A la par que comienza el proceso de grabación de las escenas, selección de extras, etc. por el equipo de cine, y que comienza a retratarse la masacre indígena tras el descubrimiento de América, otra historia, esta vez contemporánea, aparece: la lucha victoriosa contra la privatización del agua en Cochabamba, Bolivia, en el año 2000, conocida como la "guerra del agua". Estas dos últimas historias, comparten personajes y protagonistas, confundiéndose, en la obra de Bollaín, en un mismo relato sobre la explotación de los recursos naturales y de los pueblos de los países donde se encuentran; entonces la Corona Española y ahora las compañías multinacionales (en 2000 la compañía americana Bechtel estaba detrás del intento fallido de privatización del agua de Bolivia), también es un relato sobre la lucha,  de los indígenas entonces y de las masas bolivianas en 2000.
Más allá de los personajes y las actuaciones de un buen reparto de actores, la verdadera protagonista de la película es esta analogía, que también sirve para retratar distintas actitudes ante los hechos. Así, los distintos personajes, que se van mostrando en evolución, se convierten en vehículos para retratar las distintas posiciones frente a la realidad de esta explotación, tanto la colombina como la actual, y también de la lucha de un pueblo. Éste es otro aspecto a destacar de También la lluvia, pues no se muestra complaciente con la simple denuncia, sino que desvela la esterilidad de algunas críticas en la distancia, en este caso a través de un director de cine comprometido con desvelar la brutalidad colonizadora de los siglos XV y XVI, pero más reacio al compromiso con la lucha actual de un pueblo por el derecho al agua, o la superficialidad del cinismo de otros personajes cuando estos chocan con la realidad de una lucha a vida o muerte por el futuro de millones de familias. Explorando estas contradicciones la película va tomando una dimensión más amplia y más rica. Un buen homenaje a Howard Zinn, pero sobre todo a las masas bolivianas que el año 2000 se atrevieron a desafiar a los colonizadores contemporáneos, y, además, ganaron.

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