El pasado 5 de abril Pedro Sánchez visitaba a la fascista Georgia Meloni, actual primera ministra italiana, como parte de su gira preparatoria de la presidencia que ostentará el  Estado español en el Consejo de la UE y que comenzará en julio.

Una visita tan suave y amistosa, tan de buen rollito, que ha provocado una gran náusea a todos los activistas de la izquierda que no olvidamos los crímenes del franquismo y las políticas de la ultraderecha que sufrimos en muchos territorios, como Madrid, Andalucía o Castilla y León.

Qué hipocresía la de Pedro Sánchez en Roma. Y qué contraste más cínico con sus declaraciones en los últimos meses sobre la urgencia de frenar a la ultraderecha y su entrada en las instituciones.

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Pedro Sánchez y sus asesores se han cuidado mucho de denunciar la política reaccionaria de Meloni, su agresiva agenda homófoba, o sus medidas criminales respecto a los refugiados y los inmigrantes. 


Tal era la sintonía entre ambos mandatarios, como les llaman los medios del sistema, que durante la reunión Pedro Sánchez señaló: “querida Giorgia, vas a encontrar a un Gobierno español que quiere tener las mejores relaciones con el Gobierno italiano. Estoy encantado de estar aquí”[i]. Sin comentarios.

Pedro Sánchez y sus asesores se han cuidado mucho de denunciar la política reaccionaria de Meloni, su agresiva agenda homófoba, o sus medidas criminales respecto a los refugiados y los inmigrantes. Ni siquiera teniendo en cuenta la tragedia que a finales de febrero se producía en la costa de Calabria con el naufragio de una barcaza que ya ha dejado más de 90 muertos y varias decenas de desaparecidos. Una masacre que muy posiblemente se podría haber evitado, si las autoridades italianas hubieran acudido al rescate nada más conocer la situación de esta embarcación.

A la ofensiva contra la inmigración

Pedro Sánchez quiere pasar a la historia por su defensa de los derechos sociales. Pero sólo es fachada, palabrería y teatro. Cuando tiene la oportunidad de hablar claro se calla blanqueando a estos fascistas sin el menor pudor.

¿O acaso le ha pillado por sorpresa que sólo unos días después de su visita el Gobierno italiano haya declarado el estado de emergencia en todo el territorio nacional para frenar la llegada de migrantes? Por supuesto que no.

Para justificar tal barbaridad racista la ultraderecha italiana, al igual que sus homólogos en otros países, ha tratado de vender una y otra vez el discurso de la invasión y de una llegada masiva insostenible que pone en peligro la sociedad y cultura italiana y europea. Pero más allá de la propaganda fascista que, en este contexto de crisis salvaje del sistema capitalista pretende enfrentar y dividir a la clase trabajadora nativa y extranjera, los datos son bastante concretos.

Según un amplio artículo publicado en El Salto “el número de personas extranjeras en Italia es más o menos constante —en torno a los cinco millones de personas— desde hace 10 años, incluso en los periodos de mayor desembarco de migrantes”.[ii] El Gobierno italiano defiende que esta medida es necesaria para hacer frente a la llegada de unas 30.000 personas en lo que llevamos de 2023. Pero estas cifras son completamente ridículas. En realidad Meloni azuza el racismo institucional más descarnado para mantener su base social de apoyo, y desviar la atención a las críticas crecientes que se levantan contra su Gobierno.

En realidad existen recursos materiales de sobra para acoger en Italia, en España y en el conjunto de la Unión Europea, a todas las víctimas de las guerras imperialistas, del expolio y el hambre que genera el sistema capitalista en decenas de países oprimidos y saqueados. Pero bajo la lógica de este sistema los refugiados tienen derecho a serlo sólo si provienen de Ucrania y pueden ser empleados como material de propaganda en la guerra que la OTAN libra contra Rusia. Para el resto, para cientos de miles de hombres, mujeres y niños, el destino son los campos de concentración en Grecia o en Turquía, como hacían los nazis con los judíos, los barcos flotantes que son cárceles como en Gran Bretaña, o la muerte en la valla como ocurrió en Melilla bajo la gestión del ministro de Interior Marlaska.

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El 26 de febrero de 2023 un barco de inmigrantes se hundió frente la costa de Crotona, en la región de Calabria, en el sur de Italia. El saldo, más de 80 muertos y decenas de desaparecidos. 


Meloni habla abiertamente y lleva a cabo sin tapujos la política racista que la UE ha bendecido. Ella no se oculta en rimbombantes discursos a favor de los derechos humanos como hace la socialdemocracia. Ella se ríe de una socialdemocracia que está haciendo lo mismo, pero esgrime una hipocresía despreciable para engañar a la opinión pública.

Meloni ya aprobó en diciembre un decreto que limita significativamente las operaciones de rescate en el Mediterráneo por parte de las diversas ONG, asignándoles puertos de desembarco lejanos respecto al punto del rescate y prohibiendo los denominados “rescates múltiples”. Por otro lado, el “decreto Cutro”, aprobado por su Gobierno tras el naufragio en Calabria, introdujo penas más severas para los llamados “pateristas”, pero ninguna para impedir la muerte de cientos de migrantes en el Mediterráneo. Estas medidas han dificultado aún más los rescates por parte de las ONG y hecho aún más duros los viajes a través de la ruta del Mediterráneo central, pero no han provocado ninguna sanción por parte de la UE, ni crítica alguna de Pedro Sánchez durante su melosa visita a Roma.

El Gobierno italiano decide ahora el estado de emergencia porque le permite presionar a Bruselas y exigir nuevas ayudas económicas si quiere que Italia sirva de muro de contención para la entrada en Europa de migrantes, y para contentar a su base social como señalábamos. De hecho, la declaración de emergencia reservará cinco millones de euros provenientes del Fondo de Emergencias Nacionales para impulsar redadas masivas y detenciones, junto con la ampliación de los CPR existentes (Centros de Permanencia para la Repatriación, homólogos a los CIE españoles) y facilitará la repatriación y expulsión de migrantes. Pero también dota al ejecutivo de poderes extraordinarios que permiten derogar normas del ordenamiento vigente, lo que supone un avance en las políticas represivas y bonapartistas.

La socialdemocracia allana el camino a la extrema derecha

La política de la extrema derecha en materia de inmigración no sorprende a nadie, lo verdaderamente vergonzoso es que Pedro Sánchez hable de combatir a la ultraderecha mientras avala sus políticas, e incluso las imita en muchas ocasiones. Lo hizo respaldando la actuación criminal del Gobierno de Marruecos y de los policías españoles en la valla de Melilla en el verano de 2022, o como cuando en 2019 mantuvo retenido al Open Arms en el puerto de Barcelona impidiéndole salir a realizar operaciones de rescate.

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Pedro Sánchez respaldó la actuación criminal del Gobierno de Marruecos y de los policías españoles en la valla de Melilla en el verano de 2022. 


En el foro de Davos Pedro Sánchez decía lo siguiente refiriéndose a  Vox y a las organizaciones ultraderechistas en Europa: “Tenemos que impedir que estas fuerzas políticas lleguen a las instituciones y destruyan la UE desde dentro. La amenaza es muy real. Especialmente en los países en que estas fuerzas de ultraderecha tienen el apoyo de los grandes partidos conservadores, que les están abriendo las puertas del Gobierno”[iii].  Pero estas palabras se convierten en papel mojado cuando las políticas del PSOE no se diferencian en aspectos centrales de las de la derecha e incluso de la reacción más cruda.

Pedro Sánchez planteaba en este foro “También luchamos contra el miedo, la desconfianza, el egoísmo, la xenofobia y el desastre ambiental”,  pero para pelear contra todo eso hacen falta políticas concretas que expropien a los grandes monopolios y a la banca, y pongan a disposición de la clase trabajadora, de la mayoría de la población, todos los recursos necesarios para garantizar una vida digna.

No se puede combatir a la ultraderecha defendiendo al sistema que engendra las condiciones materiales para su aparición. Esa es la lección que la vergonzosa actuación de Sánchez ante Meloni nos ha dejado claro.

 

Notas:

[i] Sánchez y Meloni exhiben “sintonía” y evitan cualquier tipo de distancia en su primer encuentro

[ii]Italia hace de la emergencia la regla con el pretexto de “gestionar los flujos migratorios”

[iii] Sánchez lleva a Davos la tensión con Vox y pide a la derecha europea que no pacte con la ultraderecha

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