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Así funciona la democracia capitalista

El pasado 8 de septiembre el juez del caso “Neurona”, Juan José Escalonilla, archivaba la causa contra Juan Carlos Monedero y sacaba a Podemos de la investigación descartando el delito de financiación ilegal.  Es la última de las más de veinte querellas, causas o líneas de investigación que han sido archivadas desde la irrupción de la formación morada en 2014.

Tras casi una década de persecución política en juzgados, frente a sus casas, con todos los medios de comunicación, conservadores y supuestamente progresistas, abriendo telediarios, centrando las tertulias y llenando portadas, parece oportuno reflexionar al respecto. De dónde viene, a qué obedece y por qué no cesa este hostigamiento. Qué peso ha tenido este linchamiento público en su retroceso electoral y, sobre todo, como convertir estos ataques en su contrario, recuperar la fuerza de sus orígenes y ser la herramienta para la transformación social que la clase obrera y la juventud soñó y aupó de la nada para acabar con el régimen del 78 al grito de “Si se puede”.

No es “lawfare” es lucha de clases

Es todo mentira y es todo un escándalo. Tenencia de Caja B, pago de sobresueldos, financiación ilegal, desvío de fondos, falsedad documental, delito electoral, apropiación indebida, sobrecostes en las reformas de su sede y hasta malversación de fondos públicos para contratar cuidadores para los hijos e hija de Irene Montero y Pablo Iglesias, el famoso caso niñera, también archivado. Sin ninguna prueba y apoyándose en una declaración de un exabogado de Podemos basada en “rumores” se levantó una macrocausa en la que se les ha “investigado” y, sobre todo, acusado públicamente, con total impunidad, de prácticamente todos los delitos imaginables. Imposible olvidar el “es muy burdo pero voy con ello” de Ferreras a Inda sobre la difusión de noticias falsas en la Sexta.

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No es una “subversión de la democracia”, es el aparato del Estado cayendo a plomo sobre quien pueda suponer una amenaza real para los intereses de esa minoría de plutócratas que son los que deciden sobre nuestras vidas. 

Tras recibir la noticia, desde la dirección de Podemos hablan de “lawfare”, “guerra jurídica”, contra ellos y de un “intento de subvertir la democracia”. Exigen que los responsables de la misma rindan cuentas y sean juzgados y que algo así nunca vuelva a suceder. Lamentablemente mucho nos tememos que esto no va a pasar. En cualquier caso, el móvil de esta operación de montajes continuados va mucho más allá de algunos jueces y medios de comunicación.

No es una “subversión de la democracia”, es la democracia capitalista en estado puro, es el aparato del Estado cayendo a plomo sobre quien ose alterar el orden actual de las cosas y convertirse en una amenaza real para los intereses de esa minoría de plutócratas que son los que realmente deciden sobre nuestras vidas. El movimiento que aupó a Podemos lo fue, y la memoria de aquella experiencia es la que se pretende conjurar con este acoso y derribo desde todos los flancos. Es la clase dominante defendiendo sus privilegios y su dominación movilizando para ello a todos sus lugartenientes.

El Estado, una herramienta de dominación de clase

Podemos acusa a “las cloacas del Estado” como responsables de su persecución. Pero esta forma de referirse a  la maquinaria estatal da a entender que dentro del Estado hay partes “democráticas” y otras que no lo son, y que se trata de ir sustituyendo unas por otras. Así lo argumentó, por ejemplo, Unidas Podemos para justificar su voto de cara a la renovación del Tribunal Constitucional, permitiendo la designación de dos fascistas como Enrique Arnaldo y Concha García Espejel. No había fuerza para más. También entraba un magistrado vinculado a UP, Ramón Sáez Valcárcel, y supuestamente eso permitiría, poco a poco, ir cambiando las cosas. Todos y todas recordaremos como poco después este tribunal, cuyos integrantes no han sido sometidos a sufragio alguno, prohibía al Parlamento, cuyos integrantes sí han sido elegidos por sufragio universal, discutir una ley para modificar la elección de los magistrados con la que se pretendía sortear el bloqueo de la derecha a la renovación del Consejo General del Poder Judicial.

Esta es la forma en la que una minoría social, apoyándose en un aparato del Estado engrasado para defender sus privilegios, logra imponerse frente a la inmensa mayoría de la sociedad. A través del Estado la clase económicamente dominante, la burguesía, ejerce su dominio político, y esto no cambia por el  hecho de que en sus organismos entren algunos elementos progresistas. Los hilos invisibles que conectan las instituciones del sistema capitalista, Parlamentos incluidos, con el poder económico están al margen de cualquier debate o elección. Pretender modificar la naturaleza de organismos e instituciones creadas y diseñadas con este fin, se ha demostrado una utopía impotente.

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Estos días hemos asistido a un verdadero ejemplo de cómo golpear y hacer retroceder a la reacción y al aparato del Estado, con la lucha del movimiento feminista contra la olla podrida del machismo en el fútbol. 

Por el contrario, estos días asistimos a un verdadero ejemplo de cómo golpear y hacer retroceder a la reacción y al aparato del Estado, con la lucha del movimiento feminista contra la olla podrida del machismo en el fútbol. Igual que ocurrió con la sentencia de La Manada, ahora con el fútbol, los jueces e instituciones, en este caso el Consejo Superior de Deportes, han demostrado su ADN machista tratando de frenar a toda costa cualquier cambio, rectificación o depuración. Si al final la sentencia de La Manada se corrigió, reconociendo que no era abuso sino agresión, y si al final han caído Rubiales y parte de sus secuaces, no ha sido porque jueces e instituciones hayan hecho acto de contrición y rectificado, sino porque el movimiento feminista combativo, mediante la lucha, les ha torcido el brazo.

Un poco de memoria. La lucha de masas enfrentó la campaña contra Podemos

Cuando ahora se responsabiliza de la crisis de Podemos a la campaña mediática infame que han sufrido y los ataques por tierra, mar y aire del aparato del Estado, hay que recordar que esas sesiones de odio las recibieron sin tregua desde el momento mismo de su nacimiento, cuando se construyó e impulsó el caso Neurona forzando la dimisión de Monedero. Pero estos ataques no sólo no minaron a Podemos, sino que reforzaron su autoridad entre miles de activistas, trabajadores y jóvenes, hasta el punto de conseguir más de cinco millones de votos en las elecciones de 2015. Les atacaban por los mismos motivos por los que millones depositaban su esperanza en el combate que anunciaban para acabar el régimen del 78.

En 2016 Podemos entró en el Congreso de los Diputados ocupando 71 escaños. Pablo Iglesias protagonizó el debate de investidura con la denuncia a los GAL y a “quienes tienen el pasado manchado de cal viva”. Un discurso que confrontaba y que generó enormes expectativas. Lamentablemente luego vinieron la gran decepción de la gestión de los llamados Ayuntamientos del cambio y la entrada en el Gobierno de coalición con las promesas de la dirección de hacer girar a la izquierda al PSOE. Desde entonces hasta ahora los hechos han hablado y en cada cita electoral se ha expresado la frustración respecto a aquellas enormes expectativas de cambio.

Un retroceso electoral al que ahora se suma la ofensiva para reducir Podemos a su mínima expresión, para destruirlos, encabezada por Yolanda Díaz, tal y como reconocía en parte Ione Belarra en el reciente acto celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid: “Podemos ha sido sometido a un proceso que no se puede llamar de unidad, un proceso injusto que ha derivado además en la pérdida de votos y de escaños”… “acuerdos en estas condiciones no se pueden volver a repetir”. 

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Fue la movilización de masas la que hizo añicos la paz social a partir del 15M de 2011. La clase dominante quiere enterrar la sombra de esa rebelión social, pero el empuje del movimiento feminista pone en evidencia que esta sigue muy viva.

Sin embargo, a pesar de estas reflexiones, se vuelve a incurrir en los mismos errores que han llevado hasta la grave crisis que padece hoy la organización morada. Subordinarse a una socialdemocracia cada vez más a la derecha, al PSOE y a Sumar, reduciendo y supeditando todo a poder formar parte de un nuevo Gobierno de coalición y limitando la acción política a la vía institucional.

Hace una década fue la acción directa de la movilización de masas la que hizo añicos la paz social a partir del 15M de 2011. La clase dominante quiere enterrar la sombra de esa rebelión social, pero el empuje del movimiento feminista pone en evidencia que no se trata de un recuerdo sino de una realidad que sigue muy viva. “La lucha está en las calles y no en el Parlamento” es una consigna que no ha perdido un gramo de verdad. Es el momento de volver a los orígenes, de ocupar las calles, de apoyarse en la movilización y levantar una alternativa revolucionaria que aspire a acabar con el sistema capitalista.


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