Ahora, continuar la movilización por la república de los trabajadores y el pueblo

Las elecciones del 21 de diciembre supusieron una derrota sin paliativos para todo el bloque del 155 y especialmente para el PP. Los medios de comunicación, la monarquía, los partidos del régimen del 78, y la burguesía española y catalana intentan disimular su fracaso proclamando vencedores a Arrimadas y Ciudadanos (C’s), pero la realidad es incuestionable. Junts per Catalunya (JxCat) y ERC juntos obtienen 66 escaños, 30 más que C’s, superándoles en casi 800.000 votos. Con la CUP, el independentismo sube 105.000 votos respecto a 2015 y revalida su mayoría absoluta en el Parlament.

Esta victoria es más impresionante teniendo en cuenta todas las maniobras antidemocráticas del aparato del Estado y del gran capital español y catalán para impedir que los partidarios de la república pudieran expresarse libremente. Para desmovilizar el voto independentista advirtieron que si el nuevo Govern intentaba cumplir con el mandato popular del 1 de octubre prolongarían el 155 lo que fuese necesario, al mismo tiempo que endurecieron la represión por todos los medios a su alcance. La campaña del miedo de recrudeció con más fugas de empresas, amenazas de colapso económico y  enfrentamiento civil, la causa general por delitos de sedición y rebelión se amplió y, sobre todo, impidieron que las elecciones se realizaran en condiciones de igualdad, obligando a JxCat y ERC a hacer campaña sin sus candidatos principales al mantener como rehenes a Oriol Junqueras, Forn y los Jordis y amenazar con detener a Puigdemont si pisaba Catalunya.

Pero nada pudo detener el anhelo de millones de personas de seguir luchando porque su voluntad legítima y democrática se lleve a la práctica. Lejos de significar un giro a la derecha, como afirman Pablo Iglesias y otros dirigentes de Unidos Podemos, las elecciones catalanas del 21D representan una victoria de esas mismas masas que resistieron a las porras y pelotas de goma el 1 de octubre. Más de 2 millones de personas han vuelto a gritar alto y claro a todo el que quiera escuchar, y no tenga sus oídos taponados por el miedo o el cretinismo parlamentario, que están dispuestos a romper con el régimen represivo y corrupto del 78 y lucharán contra cualquier intento de robarles su derecho a hacer realidad una república catalana que sirva para mejorar sus condiciones de vida y conquistar un verdadero cambio social.

El avance de Ciudadanos no puede ocultar la gran derrota del PP

El PP, el partido más corrupto de Europa, los herederos del franquismo y campeones de la represión, perdieron casi la mitad de sus votos de 2015 pasando de 11 a 4 diputados. Ni siquiera podrán formar grupo parlamentario. Conscientes del rechazo masivo en Catalunya a Rajoy y sus políticas, la burguesía española y catalana hicieron una de las mayores inversiones de dinero y propaganda que se recuerdan (más de 2 millones de euros declarados) para concentrar el voto de los sectores más reaccionarios, confusos y atrasados en torno a Inés Arrimadas. Lo han logrado a costa de abrir una crisis severa en el PP a escala estatal, pero no por ello han dejado de fracasar en su intento de componer una mayoría alternativa al independentismo en el Parlament.

Es cierto que C’s aumenta 300.000 votos pero se trata fundamentalmente de papeletas que han cambiado de lugar, provenientes del PP y de votantes tradicionales del PSC que éste esperaba recuperar pero que finalmente han preferido dar un voto útil a Arrimadas y a sus promesas demagógicas, que apoyar a la mala copia que representaba Iceta y un PSC cada vez más desprestigiado.

Arrimadas ha hecho declaraciones demagógicas constantes llamando a preocuparse por los “problemas sociales” (oponiéndolos al procés) y utilizando la fuga de empresas para presentar un escenario de pesadilla si se declara la independencia. Atizando la campaña del miedo, se ha presentado como la garantía de mantener a Catalunya en España al precio que sea (no olvidemos que C’s ha sido el más entusiasta defensor del 155 y de todas las medidas represivas), jugando con los sentimientos de capas de la población trabajadora originaria de otras zonas del Estado.

Inés Arrimadas y Albert Rivera, cuya política no es otra que la de las grandes empresas del Ibex 35, han logrado agrupar un voto que incluye a los reaccionarios de derecha de toda la vida, pero también de familias trabajadoras de barrios y ciudades industriales del cinturón rojo de Barcelona o de Tarragona, temerosas de las consecuencias de la independencia, desesperadas por la crisis, desmovilizadas por la política de CCOO y UGT y decepcionadas por la ausencia de alternativas de la izquierda estatal.

La política nefasta de Unidos Podemos y Catalunya en Comú

Los dirigentes de Catalunya en Comú y Unidos Podemos, lejos de basar su campaña en la lucha contra el bloque reaccionario-monárquico del 155 y la defensa del derecho del pueblo catalán a la autodeterminación, amplificaron los prejuicios del nacionalismo españolista. Xavier Domènech y Pablo Iglesias equipararon a los reaccionarios de derechas que reprimen y mantienen en la cárcel a los Jordis, Forn y Junqueras por sus ideas con  los millones de trabajadores, jóvenes y ciudadanos que ejercieron su derecho a decidir votando a favor de la república en el referéndum del 1 de octubre.

Iglesias, Domènech o Garzón dicen ser republicanos y combatir al PP, pero frente a un movimiento de masas que ha puesto en la picota el régimen del 78 sólo saben descalificarlo repitiendo ideas que también utiliza C’s, como que el referéndum del 1-O fue ilegítimo y la movilización por la república catalana una “locura”. Incluso han acusado al pueblo catalán de “despertar el fascismo” por emprender esta batalla democrática, o se han negado a denunciar claramente la existencia de presos políticos y exigir su libertad. Dirigentes como Monedero han llegado al extremo de justificar el 155. Remachando los mismos “argumentos” del PSC y C’s, facilitaron que Arrimadas captase el voto de trabajadores afectados por la propaganda del miedo.

Si su campaña ha reflejado una gran bancarrota política, lo más deplorable son las conclusiones de Alberto Garzón o Pablo Iglesias valorando los resultados del 21D como un giro a la derecha. Intentando eludir su responsabilidad y esconder su incapacidad para intervenir en el movimiento de liberación nacional de Catalunya con un programa de clase, estos mismos dirigentes que han abogado por respetar el régimen del 78 y defendido un referéndum pactado con un gobierno y un Estado que jamás reconocerán el derecho a decidir, tienen ahora la desfachatez de decir que el 21D “han ganado las derechas”.

¡La realidad es al revés de como la presentan Garzón o Iglesias! Es el carácter represivo y franquista del Estado español y del régimen del 78 lo que empuja a millones de personas a romper con éste y luchar por una república catalana como primer paso para resolver sus problemas.

El voto independentista

Identificar la victoria de la lista de Carles Puigdemont (JxCat) dentro del campo independentista como un apoyo a las políticas del PDeCAT o un voto de derechas no sólo es un grave error. Significa falsear la realidad.

Centenares de miles de jóvenes, sectores de las capas medias empobrecidas e incluso trabajadores que rechazan al PDeCAT y Convergència, votaron a JxCat porque ven en Puigdemont a alguien que se ha enfrentado decididamente al Estado español desafiando al bloque monárquico desde el exilio. Su lista aparecía vinculada además a la ANC y su denuncia de la represión fue más enérgica que la de dirigentes de ERC como Forcadell, Rovira o el propio Junqueras, que se comprometieron a acatar el 155 y renunciar a la unilateralidad o, dicho de otro modo, a posponer la lucha por la república catalana a un pacto con el Estado.

La concentración del voto útil independentista en ERC y JxCat perjudicó a la CUP, que ha perdido votos y escaños. Los compañeros de la CUP han jugado un papel clave en garantizar el referéndum del 1-O y defender el resultado, impulsando los CDR y la respuesta en las calles contra la represión del PP, C’s y PSOE. Sin embargo, la CUP paga el error cometido por sus dirigentes cuando decidieron sostener al PDeCAT en el Govern, votar sus presupuestos de recortes sociales y llevar a cabo una política seguidista respecto a Junts x Sí. Esta subordinación se mantuvo el 1 y 3 de octubre y posteriormente, al no desarrollar una estrategia de clase independiente que permitiese rebasar por la izquierda al PDeCAT y llevar adelante la lucha por una república catalana de los trabajadores y el pueblo.

De hecho, los dirigentes de la CUP, siguen sin sacar las conclusiones pertinentes. Recientemente, Endavant (organización integrada en la CUP) ha realizado una “valoración de los resultados electorales del 21D”, en la que afirman que debido a una “correlación de fuerzas que actualmente no permite materializar la república” corresponde a Puigdemont proponer las estrategias para “cambiar esta correlación de fuerzas”. En lugar de levantar una política de independencia de clase, se insiste en más de lo mismo.

Sólo la lucha en la calle podrá hacer realidad una república de los trabajadores y el pueblo

El resultado del 21D es una pesadilla para la burguesía española y catalana. El País lo reconocía en su editorial del 23 de diciembre. “Que no cunda el pánico”, titulaban. Y decían: “Los independentistas han logrado un resultado notable (sorprendente según se observe la realidad catalana)”. ¡Sorprendente para ellos, que creían poder doblegar la voluntad de un pueblo y han recibido una lección inolvidable, continuación de la vivida el 1 y el 3 de octubre!

En cualquier caso, desde el aparato del Estado, el gobierno y sus aliados se están urdiendo nuevos planes represivos: la ampliación de los procesos judiciales contra Marta Rovira, Anna Gabriel, Mas y otros es sólo parte de un plan más amplio. Por eso no retiran el 155, mantienen la orden de detención contra Puigdemont y están inventándose delitos propios de una dictadura como identificar la defensa de ideas críticas como “incitación al odio”. Hay decenas de “investigaciones” abiertas por este “delito” contra luchadores sociales e incluso se han producido varias detenciones esta Navidad, como la de dos concejales de la CUP en Reus.

Tras el 21D las perspectivas no son fáciles de trazar, pero es necesario analizar las tendencias fundamentales.

Primero. El PP se hunde en Catalunya y Ciudadanos engulle su base electoral. Esto  tiene consecuencias en la política estatal. El auge de C’s se convierte en una amenaza muy seria para Rajoy, haciendo aún más improbable que el gobierno del PP y el Estado abran ninguna negociación. Si lo hacen, tendrán a Ciudadanos golpeándoles y desgastándoles. El PP continuará polarizando la política en torno a la cuestión nacional catalana, utilizando todos los medios para ello.

Segundo. Los procesos judiciales y la represión probablemente continuarán. El Estado  intentará “ablandar” a los políticos burgueses y pequeño burgueses del PDeCAT y ERC para que renuncien a luchar por la república. Es improbable que permitan a Puigdemont presentarse a la investidura. Ya están forzando los medios legales para ello.

Tercero. Sin comprender el papel que juega la opresión nacional en la lucha por transformar la sociedad, Unidos Podemos se ha enfrentado al movimiento de liberación nacional de Catalunya con incongruencias y cesiones al nacionalismo españolista. La renuncia de Pablo Iglesias a liderar la lucha por la república catalana o impulsar la movilización social en el resto del Estado, su capitulación a la derecha en ayuntamientos clave donde gobiernan, como el de Madrid, y el fracaso de su estrategia para sacar a Rajoy de la Moncloa mediante pactos parlamentarios con el PSOE de Pedro Sánchez, preparan nuevos desastres. Si no rectifica, Podemos puede entrar en una etapa de declive electoral y político.

Cuarto. Las burguesías española y catalana no han logrado su objetivo de cerrar la crisis revolucionaria abierta con las jornadas del 1 y 3 de octubre, asegurando el control de la situación al bloque monárquico reaccionario. Pese a su propaganda sobre Arrimadas, el bloque del 155 ha sido derrotado.

Las aspiraciones legítimas del pueblo catalán no serán satisfechas por este Estado reaccionario. Sólo podremos derrotar la represión, liberar a los presos políticos e impedir que se consolide el 155, y continuar la lucha por la república, si la acción de las masas es visible y contundente. Los movimientos sociales y partidos de izquierda que han llevado el peso de la lucha por el derecho a decidir deben retomar la movilización en la calle. Esta es la tarea de la CUP, Som Alternativa, los CDR y de todas aquellas organizaciones y activistas que nos reclamamos de la izquierda combativa.

Todo el desarrollo del procés, y especialmente estos últimos meses, muestra la necesidad de levantar una alternativa consecuente, que no se subordine al PDeCAT ni a los políticos burgueses y pequeño burgueses que han mostrado su incapacidad para llevar hasta el final la lucha por la autodeterminación y que no quieren romper con la lógica del capitalismo (que es la causa de la opresión nacional y social). Ésta es la estrategia de izquierdas, revolucionaria y anticapitalista que defendemos Izquierda Revolucionaria.

Únete a nosotros para luchar por la república catalana de los trabajadores, la juventud y el pueblo

  • ¡Abajo el 155! Libertad para todos los presos políticos. Retirada de las fuerzas de la policía nacional y la guardia civil de Catalunya.
  • Derogación de las contrarreformas laborales y de las pensiones. Jubilación a los 60 años con el 100% del salario y contratos de relevo para la juventud.
  • Salario mínimo de 1.100 euros y 35 horas semanales sin reducción salarial.
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  • Nacionalización de la banca y los sectores estratégicos de la economía para rescatar a las personas y garantizar el bienestar de la mayoría.
  • Por el derecho de autodeterminación para Catalunya, Euskal Herria y Galiza.
  • Por una república socialista en Catalunya y una república socialista federal, basada en la unión libre y voluntaria de los pueblos y naciones que componen actualmente el Estado español y que así lo decidan.

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